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martes, 26 de marzo de 2019

TRUMP NO CONSPIRO CON RUSIA DURANTE SU CAMPAÑA..





Por Mirta Balea


El presidente Donald Trump quedó exonerado de cualquier sospecha sobre un supuesto conciliábulo con Rusia para que sus hackers influyeran a su favor en las elecciones de 2016.

Un informe encargado y dado a conocer esta semana por el fiscal general William Barr, bajo la premisa de una denuncia del expresidente Barack Obama, antes de abandonar el cargo, concluye que ni el actual inquilino de la Casa Blanca, ni sus hombres de confianza, conspiraron con los rusos.

Barr presentó su resumen del documento elaborado por el fiscal especial Robert Mueller, que destaca no haber hallado indicios de asociación indebida con Rusia de los miembros de la campaña de Trump para provocar la derrota de su opositora Hillary Clinton, ni en hackeos a dependencias demócratas en ese mismo período. 

Respecto a la posible obstrucción a la justicia, derivada del despido en mayo del 2017 del entonces jefe del FBI, James Comey, quien se opuso a la línea marcada por Trump de marginar lo que se conoce como Rusiagate, las conclusiones no son tan rotundas. Siempre, según Barr, Mueller no concluye indicios de delito, pero tampoco exonera al mandatario.

A pesar de la euforia provocada por estas conclusiones en las filas republicanas - tras dos años de sospechas y de investigación-, los legisladores demócratas siguen en la brecha y demandan el acceso sin mediadores al informe. Barr ha argumentado para la no difusión de los puntos claves del documento el uso de "material sensible" sujeto a restricciones para su elaboración.

Puede que el fiscal general esté en lo cierto, pero no lo es menos que Obama aprovechó el preciso momento de su salida de la Casa Blanca para exponer públicamente otro informe inverso, hecho por los Servicios de Inteligencia de Estados Unidos, sobre la interferencia de Rusia en forma de ciberataques contra las filas demócratas y se amparó para desvelarlo en que debería ser de conocimiento de los estadounidenses. Incluso se vio obligado por esta razón a enmendar una orden ejecutiva del 2015. 

Algunos congresistas republicanos exigieron mas pruebas para que las sospechas no se basaran en un mero informe corporativo de como podrían haberse realizado tales ataques. La prensa observó un intento de minar aun mas las relaciones entre Rusia y Estados Unidos y poner en solfa la victoria de Trump, algo que a los demócratas les llevó mucho tiempo digerir.

Obama llevaba meses anunciando estas supuestas violaciones sin presentar pruebas hasta la divulgación del informe del FBI, la CIA y el Departamento de Seguridad Nacional cuando apenas le quedaba una afeitada en la Casa Blanca. El vocero Josh Earnest admitió que la Administración demócrata no estaba preparada para hacer pública la manera en que se obtuvo la información y protegería las fuentes, lo que es lo mismo que decir que no puede ponerse en duda dicho por el mandatario.

Obama impulsó en el Congreso una nueva batería de sanciones a Moscú y adoptó otras medidas desde la presidencia como considerar persona no grata a 35 diplomáticos, cerrar los consulados de Washington y California y dos edificios dependientes de la delegación diplomática del Kremlin poco antes de dejar el cargo. 


El texto dado a conocer por el ex-presidente, base para iniciar la investigación de Mueller, dice que fueron dos grupos de los Servicios de Inteligencia rusos los encargados de los ciberataques. El primer grupo habría atacado al Partido Demócrata en el verano del 2015 y el segundo, en la primavera del año siguiente.

Este documento puesto en conocimiento del público norteamericano sería el resultado de una desclasificación bajo el argumento de la transparencia. Earnest, insistió en su "credibilidad" porque fue realizado "por agentes de Inteligencia, que han dedicado sus vidas a las protección y seguridad de Estados Unidos", con fondo de violines incluído. Una frase con el claro objetivo de tocar el sentimiento patriótico para su asimilación como auténtico.


El texto estaba lleno de verbos como "creemos", "consideramos", sin que se aportara una sola prueba, quizás por que se trataba de una open source, a la que se quita todo lo que sea clasificado y evade todo material sensible. Los patriotas del informe iban a por la campaña presidencial y a por Trump y quedaba claro en el documento.


Estados Unidos
ha sido objeto de numerosos intentos de hackeo, algunos largos en el tiempo como los China y Corea del Norte. Cuando Obama dio a conocer su particular informe, se había conocido el robo por los chinos de un dron acuático y sus declaraciones que estaban dispuestos a devolverlo. La noticia pasó sin pena ni gloria hasta que Trump habló del incidente en su Twitter.


La devolución tendría lugar, como dicta el sentido común, después , por supuesto, que técnicos en ingeniería inversa se apoderaran de los secretos del aparato. ¿La situación habría sido la misma en que caso de robarlo Rusia o Irán? No creo. La gente suele olvidar que quienes están al mando en los Servicios de Inteligencia son cargos políticos al servicio del gobierno de turno y en el momento en que se batían alas contra Rusia no parecía conveniente hacerlo también contra China.

Sino recordemos cuando a George Busch le convino dar a conocer lo de las supuestas armas de destrucción masiva en Irak para refrendar su vengativa invasión y resultó ser luego una mentira, sobre la que se dieron, eso sí, muchas explicaciones, sin que esto supusiera para el presidente un fiasco en lo que buscaba, derrocar a Saddam Hussein.


La Administración Obama ha sido la que más armas ha vendido desde la II Guerra Mundial y todo esto a pesar de ser laureado con el Premio Nobel de la Paz. Los acuerdos sobre venta de armas entre 2008 al 2015, según el Servicio de Investigaciones del Congreso, alcanzan la cifra de 265 mil 471 millones de dólares. La mayor, registrada en 2011 con el inicio del conflicto sirio: 56 mil 131 millones de dólares. Sobre Siria e Iraq, según la misma fuente, cayeron 26 mil bombas en 2016, fecha de salida de los demócratas del gobierno.

La contabilidad en ocho años de gestión de Obama resulta en un interés directo en cambiar a regímenes que no gustaban, el caso sirio, por ejemplo, con el uso de revoluciones de un solo color y vendiendo armas a los terroristas, en un juego geo-político del que se habla más bien poco.

Todos tenemos el terrorismo siempre presente, somos conscientes de esta nueva era de violencia, pero lo que debería quitar el sueño a la sociedad norteamericana son los ataques cibernéticos de los adversarios y no me estoy refiriendo al confuso documento expedido por el expresidente sobre Rusia. El nivel de sofisticación alcanzado en los últimos cinco años debería preparar a todos para el próximo decenio.

Tras el 11 de septiembre de 2001, todo el dinero se ha dedicado, según fuentes del Pentágono, a Inteligencia y Contra-Inteligencia, y a un único objetivo: el terrorismo, lo que ha hecho vulnerable al país en otros terrenos, como el tecnológico, el científico, el financiero, entre otros.

La sociedad mundial se ha desmonetizado, mucha gente no lleva efectivo y nuestro dinero está cautivo de manera numérica, no en papel, en unos pocos nódulos de encapsulado. Un ataque contra todo esto tendría consecuencias muy peligrosas, tan peligrosas como el robo de secretos científicos, tecnológicos y otros.


Si ha habido un significado internacional en el triunfo de Trump es que el proceso de globalización -tal y como estaba montado- se ha visto de cierto modo ralentizado. Los más tambaleantes son los chinos, que apostaron todo a esa cesta. Su economía atraviesa por serios problemas porque su paradoja está en ser una dictadura comunista sobre una base capitalista.

Mientras los "trumpistas" se frotaban las manos con lo declarado por Barr, el presidente del comité judicial de la Cámara tuiteó sus intenciones de llamar a declarar al fiscal general sobre "las preocupantes discrepancias" en la decisión final del Departamento de Justicia. Habría que verlo como un llamado de atención a su negativa a no tomar en consideración una eventual obstrucción de la justicia por parte del presidente.

Barr habría destacado que Rusia realizó operaciones para influir en las elecciones del 2016, mediante desinformación y uso de redes sociales, y recordó la infiltración de piratas informáticos en el correo electrónico de la candidata Hillary Clinton y su campaña, en lo que puso al descubierto su ingenuidad como figura política internacional, que se expuso innecesariamente al ciberataque. Resulta difícil creer que las acciones de esta funcionaria de alto nivel, que desestimó su necesidad de protegerse, no se hallan castigado como sería de rigor.

Media docena de colaboradores de Trump han sido imputados y condenados por delitos cometidos durante la campaña, entre los que destacan conspiración o mentir a los investigadores. Unos 25 funcionarios de la inteligencia rusa o expertos en el manejo de las redes sociales fueron también inculpados por Barr. 

Entre los condenados en este proceso de dos años, figuran el exdirector de campaña de Trump, Paul Manafort, y el número dos Rick Gates, los abogados vinculados al presidente o a su entorno Michael Cohen y Alex van der Zwaan, los asesores en política exterior George Papadopoulos y de Seguridad Nacional, Michael Flynn, y el programador informático Richard Pinedo.

Los condenados confesaron varios delitos como evasión fiscal, estafa, violación de las leyes de financiación de campañas, mentir al FBI sobre contactos con Moscú y venta de identidades falsas a los rusos.

Otros acusados, aunque no incriminados, son Robert Stone, asesor de campaña y de negocios de Trump, quien supuestamente mintió al Congreso, Konstantin Kilimnik, antiguo asesor de Manafort, por obstrucción a la justicia, 12 funcionarios rusos del GRU por pirateo a los demócratas y 13 ciudadanos rusos vinculados a la Agencia de Investigación de Internet por conspirar contra Estados Unidos. Resultaron exonerados Donald Trump hijo, el yerno del presidente Jared Kushner y el fiscal general hasta noviembre del 2018, Jeff Sessions.

El fiscal general ha dicho que su determinación de descartar la obstrucción a la justicia del presidente tiene en cuenta consideraciones constitucionales alrededor de la acusación o imputación criminal de un presidente en ejercicio, lo que traducido apunta a que habrá que tratar el asunto en otro foro o debate. Aquí entramos en el impeachment, que viene sobrevolando la cabeza de Trump desde que despidiera de manera abrupta a Comey. Este venía encargándose de investigar si el Kremlin se había infiltrado en los comicios.

El impeachment es un juicio político a un alto cargo público con riesgo de ser destituido. La figura está recogida en el Artículo Primero de la Constitución. Para iniciarlo se requiere una mayoría de la Cámara de representantes (238 de 435). El juicio tiene lugar en el Senado, bajo la presidencia de la Corte Suprema.

El Senado tiene la última palabra con una mayoría de dos tercios para decidir si se absuelve o no al acusado. La Constitución prevé el uso de esta figura jurídica en caso de traición, soborno u otros delitos muy graves, por lo que podría no ser inmediata su aplicación sobre el actual inquilino de la Casa Blanca.

La conclusión es que a pesar de que los republicanos consideran una victoria el informe de Mueller -conocido en los términos dados a conocer por Barr-, las dudas persisten. La Cámara -de mayoría demócrata- sigue sus pesquisas.

viernes, 6 de enero de 2017

CONTINUA EL NOVELON ENTRE RUSIA Y ESTADOS UNIDOS






Por Mirta Balea

La elección de Donald Trump como próximo presidente de Estados Unidos podría modificar las alianzas de Estados Unidos a nivel mundial con un previsible acercamiento a Rusia a partir de que ocupe su puesto el próximo día 20.

Un plan del estratega Henry Kissinger preve que podría tener lugar una normalización de las relaciones entre los dos países y un levantamiento de las sanciones a Rusia. Lo más importante del contenido del documento radica en los párrafos en que habla de "admitir que algunos países fronterizos están en el área de influencia de Moscú" y en "reconocer que Crimea es rusa".

Kissinger ejerció como secretario de Estado en los gobiernos de Richard Nixon y Gerald Ford entre los años 1969-1977 y fue consejero de Seguridad Nacional de este último. Es de estos personajes en la esfera internacional que tienen gran influencia en la política y no solo de Estados Unidos porque no hay que olvidar que forma parte del muy influyente grupo de presión internacional Bildenberg.

Obtuvo el premio Nobel de la Paz en 1973 con el argumento de que logró un alto al fuego en Vietnam después de hacerse cargo de gestionar la guerra y ponerle fin. Ha sido y es el artífice de la estrategia de distensión, en su momento con la Unión Soviética y China, y ahora con Rusia.

Su figura se ha visto oscurecida por sus vínculos en los años 70 con las dictaduras del cono sur americano y la llamada operación Condor, encaminada a "limpiar" de disidentes a Argentina y Chile. Grupos pro-derechos humanos instan a que se le retire el premio Nobel y que le procesen por complicidad en crímenes de guerra.

Incluir lo de un reconocimiento de Crimea como rusa -aunque no se piense en hacerlo a bombo y platillo- sería difícil de digerir por la Unión Europea y en particular por el gobierno de Ucrania. Reconocer la autoridad política de Moscú sobre algunos de los territorios aledaños, otrora satélites de la Unión Soviética y ahora repúblicas independientes, sería como minimo un retroceso a la guerra fría si no sentarse en un polvorín a la espera de que explote.
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Al felicitar a Trump por su victoria, el presidente ruso Vladimir Putin dio muestras de querer avanzar por el camino del acercamiento y de las buenas relaciones bilaterales con Estados Unidos y evitar cualquier crisis, como la provocada en las dos últimas semanas de diciembre por el presidente Barack Obama.

El mandatario tomó varias medidas entre las que figuró la expulsión de 35 diplomáticos rusos y el cierre de dos edificios de la embajada y dos consulados, entre otras, tomando como base las divulgadas intrusiones de Moscú en la campaña presidencial norteamericana. La Casa Blanca había venido advirtiendo desde mucho antes del hackeo a que los rusos sometían al país.

Los analistas preven que esta situación se verá incrementada en los próximos 15 años y no solo por parte de Rusia, sino de China, que ya ha hecho incursiones de este tipo en Estados Unidos. Todo el asunto podría resultar mucho más preocupante si afecta a la información financiera y económica norteamericana.

El alejamiento de un enfrentamiento entre Estados Unidos y Rusia sería bienvenido por la comunidad internacional teniendo en cuenta que son las dos grandes potenciales nucleares mundiales. De producirse un conflicto en un área en la que tengan influencia, metería al mundo en tensiones, que todos creían superadas con el presunto fin de la guerra fría. Si los dos grandes poderes se entienden, cualquier problema tendría pocas posibilidades de prosperar.

El año 2016 ha sido de distanciamiento y las recientes acciones de Obama han inflamado la hoguera, en especial después del comunicado conjunto del FBI y la Agencia de Seguridad Nacional haciendo públicos los detalles de las técnicas y tácticas del presunto hackeo informátco del gobierno ruso.

Los congresistas republicanos no se han alineado con las sospechas de la Inteligencia, que informó a Obama de lo ocurrido, y creen que deberían aportarse más pruebas de los ciberataques y no circunscribir las sospechas a un mero informe corporativo de cómo pudieron llevarse a cabo.

Portavoces rusos reaccionaron airadamente a las medidas de la Casa Blanca considerándolas ruinosas para las relaciones bilaterales, incluido el ministro de Asuntos Exteriores, Sergei Levrov. En cambio Putin, contra todo pronóstico, decidió no sumarse al carro de las sanciones y ha decidido esperar a la entrada de Trump en la Casa Blanca.

Putin llegó incluso a invitar a niños estadounidenses a presenciar una fiesta navideña en el Kremlin, con toda probabilidad para contrarrestar las informaciones divulgadas por varios medios de prensa norteamericanos de que como contramedida había ordenado el cierre de la escuela anglo-norteamericana en Moscú, lo que resultó ser falso.

Rusia se ha anotado un tanto en la escena internacional en las últimas horas al lograr el unánime apoyo del Consejo de Seguridad de la ONU a una propuesta de paz para Siria.

El documento de la ONU llama a las partes a dar garantías para un acceso de la ayuda humanitaria a toda Siria y avala el cese del fuego, vigente desde el pasado 30 de diciembre, entre el régimen de Bashir el-Assad y las facciones opositoras en armas desde hace cinco años.

Esto no supone, como se ha encargado de hacer notar Putin, que se suspendan las acciones anti-terroristas contra el Estado Islámico y el Frente al-Nusra, ambos fuera del acuerdo de alto al fuego, cuyos garantes son Rusia, Turquía e Irán y ahora la ONU. 

Trump ha dicho públicamente que admira el nervio mostrado por Putin al postergar el tema y no irritar aún más la situación creada por Obama hasta la llegada a la Casa Blanca del presidente electo. Ahora solo queda esperar si bajo la nueva Administración republicana las relaciones mejoran tal y como todos esperan.

viernes, 30 de diciembre de 2016

SE CONFIRMAN SANCIONES A RUSIA POR CIBERESPIONAJE


Por Mirta Balea

El presidente Barack Obama confirma sanciones contra Rusia por una supuesta interferencia en las elecciones de Estados Unidos. El departamento de estado expulsa a 35 diplomáticos rusos de la embajada en Washington y del consulado en California.

Las medidas contra los intereses rusos en territorio americano afectaran a 5 entidades y a 4 altos mandos de la inteligencia militar, quienes al parecer ordenaron los ciberataques contra el Partido Demócrata y otras organizaciones políticas y personajes públicos.

Se cerrarán dos representaciones, las de Nueva York y Maryland, y se ha dado un plazo de 72 horas a 35 diplomáticos rusos en Washington y California para que abandonen el país.

En un breve comunicado de cuatro párrafos, Obama denunció una serie de ciberataques por los cuales los estadounidenses deberían estar alarmados. Para llegar a esto ha debido hacer una enmienda a una orden ejecutiva de abril del 2015.

El gobierno de Obama llevaba meses anunciando estas supuestas violaciones sin presentar hasta el momento alguna prueba. Lo que ha hecho es divulgar un documento conjunto del FBI y el departamento de Seguridad Nacional en el que se explican los "detalles técnicos" de la injerencia.

El texto dice que al parecer fueron dos grupos de los servicios de inteligencia rusos los que cometieron estos supuestos ciberataques. El primer grupo habría atacado al Partido Demócrata en el verano del 2015 y el segundo lo habría hecho en la primavera de este año.

El presidente Vladimir Putin ha respondido hoy a las acciones norteamericanas señalando que-aun cuando se reserva el derecho de actuación  contra las sanciones- no expulsará a ningún diplomático estadounidense de Moscú. Todo indica que la estrategia va de esperar a ver qué ocurre cuando el presidente electo Donald Trump entre en funciones el próximo 20 de enero.

Esto parece haber quedado claro cuando en su declaración de el presidente ruso dijo que considera como una provocación los nuevos pasos hostiles de la administración saliente de Estados Unidos.

Para el ministro de Asuntos Exteriores, Sergei Levrov, Obama intenta culpar a Rusia de "todos los pecados mortales", incluidas su pésima política internacional y sin pruebas sobre la implicación en la campaña estatal de Estados Unidos, como resultado de la cual perdió las elecciones la demócrata Hillary Clinton.

En total serán más de 90 ciudadanos rusos los que abandonaran territorio de Estados Unidos, porque además de los 35 diplomáticos hay que sumar a las familias. El gobierno ruso dispondrá de un avión para llevarlos de vuelta. 

Las medidas tomadas por la Administración demócrata son sin dudas las más fuertes frente a un ciberataque de estas características. La Casa Blanca ha anunciado también que habrá otras consecuencias "que no verán la luz pública".

El secretario de prensa del presidente Putin Dmitri Peskov puntualizó ayer que tienen un "carácter ruinoso y destructivo para las relaciones entre Estados Unidos y Rusia" y que muestran "una política exterior agresiva e impredecible".

Trump salió al paso al mal ambiente señalando que es tiempo para que la nación avance hacia otros asuntos más importantes. Aclaró, no obstante, que se reunirá con la Inteligencia nacional para valorar el asunto.

Algo de preocupación deberá tener Trump, porque la acción de Obama, cuando apenas le queda "una afeitada" en la Casa Blanca, parece un intento de minar las relaciones entre Estados Unidos y Rusia.

Desde luego, cuando abandone el despacho oval, Obama dejará a su sucesor un "problemón". Trump ha venido diciendo durante toda su campaña presidencial que cultivará buenas relaciones con Moscú, por lo que estaríamos ante unas medidas que minarían sus intenciones declaradas con una guerra diplomática. 

viernes, 19 de diciembre de 2014

Obama y la nueva política hacia Cuba





Por Mirta Balea

Algunos cubanos se han caído del guindo con el reciente acuerdo entre la Administración demócrata de Barack Obama y el régimen de los Castro en Cuba para una normalización de relaciones. Pero ¿en realidad hay razón para este asombro? Creo que no.

Siendo aún candidato a la presidencia, en un discurso en 2007 en la llamada Little Havana, en Florida, adelantó lo que sería un punto importante en sus metas como presidente: "Hemos estado embarcados durante 50 años en una política errática sobre Cuba y debemos enmendar ésto".

Sus palabras iban dirigidas, eso sí, al sector más moderado de la sociedad cubano-americana de Florida, un segmento en crecimiento, según reza en la mayoría de las encuestas.

El quid de la polvareda reciente por el anuncio de abrir vías de comunicación bilaterales es que ocurre en el segundo mandato de Obama, el último, según las leyes estadounidenses, y el más cómodo, por lo tanto, para dar este paso. Nada tiene que perder y definitivamente cumpliría con su promesa.

Una promesa que por cierto sancionó como presidente en la Cumbre de las Américas en abril del 2009 en Trinidad y Tobago. 

Los líderes latinoamericanos asistentes a la Cumbre no dejaron de presionar para que Cuba volviera a formar parte de la Organización de Estados Americanos, OAS, de la que fue expulsada en 1962.

Dos meses después, la Trigésimo Novena Asamblea General de la OAS acordó recuperar al régimen para el Hemisferio. Estados Unidos se tragó la humillación y exigió que La Habana aceptara "las prácticas (democráticas) y los propósitos(de liberación) y los principios (de independencia) de la OAS".

Cuba no ha hecho tal cosa, al menos en la práctica, porque el régimen se mantiene inmutable, con la misma política que cuando fue expulsado y, según ha declarado el presidente Raúl Castro, seguirá siendo así. Esto último reiterado a pocas horas de sellar la primera parte de las conversaciones con la Administración de Obama, que tanto revuelo ha traído.

Raúl Castro ha dado pasos que suponen elementos nuevos para lograr una recuperación de la depauperada economía cubana como han sido reformas abiertas a un comercio privado, aunque sin soltar las riendas del poder, y esto ha dado pie a muchos en el campo internacional a hablar de "cambios" en el régimen.

El presidente Obama había avanzado en su primer mandato en la dirección prometida de cambiar la política hacia Cuba al quitar las restricciones para que los cubanos de Estados Unidos visitaran a sus familiares en la Isla, pero no se atrevió a levantar el veto impuesto por el anterior mandatario George Bush a los intercambios persona a persona en temas culturales y de educación, lo que se comenzó a hacer cuando ya era segura su posición en un segundo mandato.

Cada presidente de Estados Unidos ha denunciado e impuesto sanciones a la dictadura cubana, pero ninguno, antes que Bush, propuso que para tener buenas relaciones el socialismo debía dejar de existir.

Hay que decir también que todos y cada uno de estos presidentes, desde Eisenhower hasta Obama, han mantenido canales abiertos de conversaciones con el régimen a pesar de ser una dictadura. Esto, para cualquier versado en política, supone hablar con el enemigo y reconocer de facto su legitimidad.

En un principio, el énfasis se colocó en el apoyo brindado por Cuba a los insurrectos de América Latina y en su política expedicionaria en Africa. La caída de la Unión Soviética en 1989 hizo que Washington soñara con que el próximo en caer sería Fidel Castro.

El fallecido presidente de la Fundación Cubano Americana, Mas Canosa, dijo en ocasión de la caída del muro de Berlín que "solo quedaba uno", aludiendo a Fidel Castro. Los cubanos esperan todavía esa caída.

Las exigencias para abrir canales de comunicación con Cuba a la vista de la extinción de la Unión Soviética y la liberación de los países satélites de Europa del Este cambiaron en ese momento en la Casa Blanca. Bush consideró que la nueva correlación de fuerzas valdría para exigir al régimen de La Habana una renuncia del socialismo para una directa apertura a la democracia, al multipartidismo y a las elecciones en un marco nacional inédito en medio siglo de dictadura.

Bush basaba sus exigencias en el fuerte compromiso que lo unía a la comunidad cubana en Florida donde obtuvo el 80 por ciento de votos en ese Estado. Una clara respuesta de los cubanos a la Administración Clinton por devolver al niño balsero Elián Gonzáles a su padre en Cuba.

Ningún otro presidente antes que Bush, había designado a tantos cubano-americanos en posiciones de dirección en su Administración. Sobre todo en puestos que dirigían su política hacia América Latina.

Del otro lado del mar, Castro se movía para aparecer como un abanderado contra el terrorismo y propiciar que las conversaciones a sotto voce continuaran. Firmó doce protocolos internacionales contra esa lacra mundial y no puso objeción a que Estados Unidos utilizara la base naval de Guantánamo, en el oriente cubano, como centro de detención para miembros de Al Qaeda.

Si el fallecido premio Nobel, Gabriel García Márquez, funcionó en el etapa de Clinton como uno de los tantos mediadores de que ha dispuesto Cuba para sus conversaciones secretas y de otro tipo con Estados Unidos, en época de Bush esta fue labor del embajador en Naciones Unidas, Ricardo Alarcón, ahora caído en desgracia.

Siendo como era Fidel Castro la bestia negra para la Administración Bush, el secretario de estado para el Hemisferio Occidental, Otto Reich, dejó claro que cualquier revisión de la política bilateral requería de La Habana "una rápida y  pacífica transición a la democracia". Y todo esto a pesar de los esfuerzos del ex-presidente Jimmy Carter por construir puentes de entendimiento aún a título personal.

Bush creó en el 2003 una Comisión de Ayuda a la Cuba libre "para planear la transición cubana de un régimen estalinista a uno abierto y libre". Esto no impidió a los norteamericanos brindar su ayuda ante los crecientes desastres provocados en la Isla por el paso de varios huracanes en aquellos días.

Fidel Castro vio esto como un intento de la Casa Blanca de beneficiarse políticamente y desatendió la mano tendida. Coincidió también con la etapa en que los problemas de enfermedad del líder del régimen obligaron a que su hermano Raúl se hiciera cargo del sistema de poder inalterable.

Cuando Obama dijo ante la Cumbre de las Américas que buscaba un nuevo comienzo con Cuba, se proponía deshacer todo lo hecho por la Administración republicana de Bush.

Durante el referido encuentro de Obama como candidato con los cubanos en Florida, no solo se pretendía dar un vuelco a una política in extenso, sino mostrar los cambios traídos a Miami, incluida la transformación de la Fundación Cubano-Americana - que lo recibió cálidamente-, que había pasado de ser profundamente anticastrista para mostrarse más moderada.

En el primer mandato de Obama, sus promesas solo se cumplieron en parte, porque en 2009, cuando se conoció el informe anual del Departamento de Estado sobre terrorismo, Cuba seguía incluida como patrocinadora  de grupos de este pelaje.

Los presupuesto de Obama  para ese mismo año incluyeron 20 millones de dólares  para la cobertura de la Agencia Norteamericana para el Desarrollo (UNAID) en la promoción de la democracia en Cuba.

Obama -a los ojos de los Castro- seguía aplicando la política de Bush, a pesar de todo lo dicho, y en especial en lo que La Habana calificaba de ciberguerra. El uso de la tecnología computarizada para minar al régimen y que se remontaba al mandato de Bill Clinton, quien dio a la Freedom House medio millón de dólares en 1995 para la compra de computadoras, copiadoras, faxes y otros equipos destinados a la disidencia cubana.

El caso de Alan Gross, uno de los presos liberados por Castro en estos días, se enmarca en la visión de la Habana sobre la actividad de la USAID en la ciberguerra. El había viajado cinco veces como turista antes de ser enjuiciado y conenado en Cuba y en su último viaje proveyó a determinadas personas de esos equipo de manera gratuita.

El Obama del primer mandato, aunque no variaba su prioridad de "abrir un canal con Cuba de forma permanente" no podía arriesgar su reelección. Pero ya esto no es un problema para él. Ahora todo es posible, siempre que el Congreso, con mayoría republicana, no tenga que dar el visto bueno. Y, aún así, veremos como marcha el asunto. 

jueves, 22 de mayo de 2014

China se hace con el combustible de Rusia






Por Mirta Balea


Un gran dragón rojo ha recorrido con sus garras Estados Unidos y ha atrapado información y tecnología sensible. Como no es de papel, pone en solfa la sinceridad de las relaciones de Washington y Pekin, pero no la de Rusia, que le acaba de proporcionar a China combustible suficiente para dos décadas.

El ganbei o brindis chino ha cerrado este miércoles unas negociaciones de casi una década entre dos compañías insignia para Rusia y China en el orden energético: Gazprom y la Corporación Nacional de Petróleo de China.

El acuerdo supone que los rusos suministrarán a China 38.000 millones de metros cúbicos de gas natural anualmente a partir del 2018 y en los siguientes 30 años a un precio de 350 dólares o 256 euros por cada mil metros cúbicos de gas natural.

Esto resulta algo más caro que lo que Pekin importa de Asia central, pero menos de lo que los rusos pedían inicialmente. Rusia ha bajado su precio y China lo ha subido un poco.

Para Moscú resultaba apremiante firmar el acuerdo en la búsqueda de nuevos compradores tras las sanciones impuestas en su contra por la Unión Europea (UE) y Estados Unidos debido a su injerencia en la crisis en Ucrania.

El presidente Vladimir Putin ha logrado no solo diversificar sus suministros hacia Asia, sino que China ha invertido en combustible limpio, cuando intenta frenar su dependencia energética del carbón, que provoca serios problemas de contaminación.

El gas será transportado a través del gasoducto oriental La Fuerza, la misma ruta geográfica por la que Moscú exporta petróleo al noreste. Así había quedado decidido en un memorando del 2013, cuando Pekin rechazó el plan de importar el gas por la región nororiental de Xinjiang, por la que Gazprom exigía precios europeos.

El acuerdo ha hecho saltar las alarmas en la UE. El presidente de la Comisión, José Manuel Durao Barroso, ha tenido que recordar a Rusia que el club es su mejor cliente en energía.

Rusia exporta el 80% de su petróleo y más del 70% de su gas a la UE y los ingresos por este concepto son claves en la economía del país. Barroso aprovechó para recordar al Kremlin que la energía no debe ser utilizada como arma política.

En una carta a Putin, Barroso advirtió que la dependencia energética europea es una calle en dos direcciones que ata tanto a suministradores como a clientes.

El 53% de la energía que consume a la UE es importada, casi el 90% del petróleo y alrededor del 66% del gas vienen de Rusia y seis países comunitarios son dependientes absolutamente de éstas para satisfacer un cuarto de sus necesidades totales de energía.

¿Por qué si tanto chinos como rusos se benefician con el acuerdo se ha demorado en fraguar casi 10 años? Algunos analistas creen incluso que podría traer una nueva geometría a las relaciones comerciales entre dos potencias emergentes, que junto a India y Brasil, forman el elitista grupo BRIC.

La respuesta más inmediata es que Estados Unidos ha intentado poner freno a la hegemonía china en Asia y ha venido presionando al presidente ruso para que renuncie a su política expansionista en Europa, que, por lo pronto, ha originado al menos dos crisis, con el epicentro en Ucrania: la salida de Crimea para formar parte de la Federación Rusa y 
la secesión de dos regiones del sureste (Donetsk y Lugansk), con miras a que en el futuro hagan otro tanto.

Con este acuerdo de 400.000 millones de dólares o 292.680 millones de euros, se pone un broche de oro al fracaso de la política de aislamiento de Occidente hacia Putin y se fortalece la alianza de Rusia con China, que había tenido réditos en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

La UE debía haber comprendido hace tiempo, antes de que estallara la crisis de Ucrania, que carecía de fuentes alternativas de combustible para tener las manos libres a la hora de sancionar los planes esquivos de Moscú.

Putin parece haberse librado de las trabas en el plano interno que le impedían acercarse mucho más a Pekin. Algunos políticos en Moscú siguen desconfiando de un país que se alejó de los postulados leninistas cuando la Unión Soviética tenía la hegemonía ideológica del comunismo y que creó otra por su parte, el maoísmo.

Tampoco hay que rasgarse las vestiduras, porque Rusia, el pasado año, fue en ayuda de China suministrándole 24,350 millones de dólares en petróleo. 

China le ha devuelto el favor varias veces al alinearse con Moscú en la ONU, sobre todo respecto a la permanencia de Bashir el Assad en Siria, a pesar de que la comunidad internacional lo considera el causante de la guerra civil que azota desde 2011 a ese país y varias organizaciones de derechos humanos lo han denunciado como genocida de su propio pueblo.

Pekin habría tenido un momento de duda hace un mes en el Consejo de Seguridad de la ONU para alienarse con los occidentales y condenar la anexión de Crimea por Rusia. Al final, optó por abstenerse y esto le puso la batería a Putin.

Envió a Pekin al ministro de Exteriores, Sergei Lavrov, y poco después ya se hablaba de concluir el acuerdo pendiente de los últimos 10 años sobre el suministro de energía al gigante asiático.

El tema de la sanciones, tanto las de Estados Unidos como las de la UE, para que Putin volviera a la senda de la distensión, no han sido más que el despliegue de una política blanda por la que solo se han impuesto medidas contra individuos en Rusia y Ucrania, acusados de estar implicados en el movimiento secesionista.

En el caso de la UE, la reticencia, producto de las gestiones vivas de la canciller alemana Angela Merkel, ha tenido como trasfondo la dependencia energética de Rusia. Para Estados Unidos, que se ha comprometido a tomar medidas similares a las de los europeos como forma de alianza y apoyo, lo de Ucrania le toca de lejos y no desea verse implicado en ningún conflicto armado después de haber salido de dos hace muy poco tiempo.

El presidente Barack Obama considera, no obstante, que la seguridad nacional y la energética van de la mano y ha advertido a Rusia, como ya hizo Barroso, que no utilice este rublo como moneda de cambio.

Lo que de verdad importa en estos días a la Administración Obama son los ciberataques de parte de militares chinos, cuyos nombres han sido publicados convenientemente. Se ha evitado, quizás ex profeso, dar los nombres de las compañías beneficiadas con el robo de tecnología e información.

Otro fleco en las relaciones chino-norteamericanas, por las que Pekin se ha resentido, ha sido un nuevo viaje de Obama por el Pacífico, donde ha apuntalado alianzas, y que China ha sentido como "una puñalada trapera".

Esto no supone que el acuerdo entre Rusia y China vaya a crear de la noche a la mañana un bloque anti occidental, pero redistribuye el poder global o lo que se conoce como equilibrio de fuerzas. 

lunes, 2 de septiembre de 2013

Estados Unidos: la verdad está ahí fuera (II)




Por Mirta Balea


La Agencia Central de Inteligencia (CIA) y la NSA han realizado en la última década ingentes esfuerzos por hackear las redes extranjeras para robar información y en esto han gastado más de 500 billones de dólares. La versión oficial es que el cometido de prevenir ataques terroristas ha sido un éxito.


¿Quién lleva la cuenta de los éxitos o fracasos de este sistema colosal que dispone de más recursos que sus propios adversarios y que en opinión de muchos politólogos excede incluso a los gastos generados durante todo el período de la Guerra Fría en el pasado siglo?


Los datos del gasto de Inteligencia durante la Guerra Fría son casi inexistentes. Algunos expertos, extrapolando informaciones, han calculado que desde finales de 1980 alcanzaría unos 71 billones de dólares de nuestra época.


Nadie podría discutir que hay un límite para la información pública sobre temas de seguridad nacional. El director de la NSA, James R. Clapper,  argumenta que la falta de transparencia se debe a que "el mundo es hoy más inestable" que hace un siglo. Y nadie lo discute. Pero si la labor de Inteligencia afecta a los ciudadanos, como se ha comprobado más de una vez, deberían disponer de un mínimo de conocimiento de en qué se emplea su dinero y de qué peligros les han salvado.


Nadie cree que, habida cuenta de la información disponible en la Red y en el FBI, no se habría podido evitar el estallido de dos bombas en un maratón de Boston hace apenas unos meses en un atentado perpetrado por dos hermanos musulmanes venidos del Cáucaso y criados en Estados Unidos.


Las revelaciones de Snowden, que dispone de materiales altamente clasificados de la NSA, y sigue soplando, no han podido bloquearse por el gobierno estadounidense, lo que habla mal de la capacidad de las salvaguardas establecidas para monitorear o detener el flujo de información al exterior como demanda el anonimato previsible del espionaje.


Esto nos remite directamente al caso de David Miranda, amante del periodista Glenn Greenwald, de The Guardian, que junto al The Washington Post, han sido los agentes trasmisores del canon de Snowden.

Miranda fue detenido durante nueve horas, el máximo permitido por una ley antiterrorista británica, en el aeropuerto de Heathrow, cuando se disponía a tomar un vuelo de regreso a Brasil, tras entrevistarse en Alemania con la documentalista Laura Poitra, interesada en lanzar un material sobre Snowden y la NSA. Al amante de Greenwald se le incautó todo el material que llevaba.


Greenwald y Miranda



Hace una semana, un juez sentenció al ciudadano Bradley Manning,  ex-miembro de las fuerzas armadas, a 35 años de prisión por dar a conocer 700,000 archivos gubernamentales a través de la red WikiLeaks. El material incluía un video durante el ataque de un helicóptero norteamericano en Bagdad en 2007 en el que murieron civiles, incluidos dos periodistas.


Había también 250 mil cables y correspondencia variada sobre los detenidos sin juicio en la Bahía de Guantánamo, en Cuba, y cientos de miles de informes de guerra sobre Iraq y Afganistán que ponían en tela de juicio la veracidad de los informes oficiales y el número de vidas perdidas en ambos conflictos.


La NSA, según The Washington Post,  ha roto las reglas de la privacidad y sobrepasado su autoridad legal miles de veces desde que el Congreso le concediera amplios poderes en 2008.


En una auditoria de mayo del 2012, suministrada a ese diario por Snowden, se cuentan 2,776 incidentes en 12 meses de recolección, almacenamiento y distribución de comunicaciones ilegales, algunos sin intención y, otros, fallos en la manera de operar esta información. Los incidentes más serios incluyen el uso ilegal de datos de 3,000  ciudadanos norteamericanos o extranjeros residentes permanentes.


Y estas infracciones solo se refieren a la sede de la NSA en Fort Meade, el resto de las agencias de espionaje, entre ellas la CIA, no se recogen en el listado. El Comité de Inteligencia del Senado no tuvo noticias de estos hechos hasta la publicación de los archivos de Snowden, actualmente en Rusia, acogido políticamente durante un año.


Estados Unidos posee un gigantesco centro de operaciones o cibercomando conocido como Uscybercom, en el desierto de Utah. Pero hay otros por el mundo, como el de Shanghái, o el de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), instalado tras la agresión a Estonia en 2007 cuando unos hackers rusos paralizaron bancos, servicios de sanidad, webs del gobierno y hasta semáforos durante dos semanas.

Los expertos "otanistas" elaboraron el Manual Tallin para establecer normas de derecho internacional ante conflictos en la red. Este documento considera vigente para la moderna ciberguerra documentos como la Declaración de San Petersburgo de 1868 y la Convención de Ginebra de 1949 respecto a una conflagración armada convencional.


El manual, según se ha denunciado, comporta el riesgo de que si las leyes para las armas cibernéticas son tan válidas como para cualquier otra arma queda legitimado el asesinato selectivo de piratas informáticos.


Cuando el pasado año, el FBI cerró Megaupload, el mayor gestor de archivos de Internet, Anonymous, la mayor red de hackers del mundo, respondió con un apagón y colocó en YouTube videos en favor de la libertad de expresión. Las comunicaciones resultaron interrumpidas en organismos oficiales de Estados Unidos durante horas sin que la Inteligencia pudiera hacer nada.


La ciberguerra parece haber comenzado y ocupa a las grandes potencias y otros países en millonarias inversiones para garantizar sus defensas. Aunque las naciones intentan mantener en secreto el desarrollo del nuevo armamento de software, cada vez se ve más claro el interés por adelantarse a incursiones hostiles sin que importe violar algún que otro derecho.

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Estados Unidos: la verdad está ahí fuera (I)





Por Mirta Balea



Estados Unidos ha venido dando un giro a su política sobre el ciberespacio desde las revelaciones de hace unos meses de un técnico de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), quien sacó a escrutinio público la invasión de la intimidad de ciudadanos norteamericanos y extranjeros y la ampliación de esta acción a gobiernos tanto amigos como enemigos por parte de la Casa Blanca.


Desde hablar de cuidarse de actos de agresión en el ciberespacio por la dependencia del país de las computadoras en cuanto a su poder económico y militar ha llegado a aceptar que ahora está a la ofensiva en la Red para detectar a los enemigos y sus intenciones o planes.


Solo en 2011 tuvieron lugar, por parte de Estados Unidos, 211 incursiones, que incluyen la entrada en datos de gobiernos de otros países, como varios de la Unión Europea, lo que obtuvo una recriminación de parte del presidente del Consejo Joao Durao Barroso.


De las 211 incursiones, tres cuartas partes fueron sobre objetivos prioritarios: Rusia, China, Irán y Corea del Norte, así como la proliferación de armas nucleares, según documentos publicados esta semana por  The Washington Post y que forman parte del canon de Edward Snowden.


Una directiva de la Administración de Barack Obama de octubre del 2012 puntualiza que las agencias de espionaje cibernético se definen por la manipulación, destrucción, irrupción, negación y degradación de las computadoras y redes tanto dentro como fuera del país.


De no ser por Snowden, habría sido imposible detectarlas porque, según los especialistas, el laptop utilizado para esto se halla en constante movimiento. No hablamos de un ataque convencional, factible de vincularse a un individuo, gobierno o grupo, sino algo casi "etéreo" difícil de comprobar.


Snowden, el whistlerblower de la NSA, no ha dejado resquicio a la justificación gubernamental. Se sabe que 116 agencias de espionaje, con 107,035 empleados, han suministrado información de todo tipo a la Casa Blanca.


El presupuesto en negro del año fiscal 2013 para llevar a cabo tales acciones alcanza los 52,6 billones de dólares, según dio a conocer el The Washington Post, a partir de los datos aportados por el soplón sobre el panorama operativo y burocrático nunca sometido a escrutinio público.





Desde los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001, la Inteligencia de Estados Unidos ha invertido mucho para brindar a los sucesivos gobiernos un amplio bagaje de información sobre amenazas a la seguridad nacional, según el director de la NSA, James R. Clapper.


Hasta el momento y aún a sabiendas de toda la documentación aportada por Snowden, ninguna autoridad ha sido capaz de informar a los ciudadanos sobre el buen o mal uso que se hace de los fondos asignados ni si los objetivos descritos se han cumplido.


El presidente Obama ha roto una lanza por Clapper y sus chicos y ha dicho que sí, que se han evitado varios ataques terroristas como consecuencia del valor de la información aportada. Pero esto es solo su palabra, sin datos que la respalden, y a muchos no les basta, como él mismo ha reconocido.


En la nueva forma de confrontación, conocida como ciberguerra, en la que participan todos los gobiernos del mundo, los blancos de los ataques solían ser hasta ahora los sistemas financieros, bancarios y militares. Para paralizar a un servidor en Internet, de acuerdo a algunos expertos consultados, solo haría falta una bomba o netstrike. Esto supone colapsar el sistema con tal número de llamadas a la vez que haría imposible cumplir con la capacidad de respuesta esperada por el cliente.



El diario The Wall Street Journal informó en abril del 2009 de la infiltración de un multimillonario proyecto del Pentágono para la construcción de un nuevo avión de combate. Los hackers fueron localizados en Shanghái, donde el gobierno chino tiene su cibercomando, y a pesar de las amenazas norteamericanas de tomar represalias sin nombrar a Pekin como responsable, el asunto pasó al archivo de cuestiones que no vale la pena averiguar porque todos estamos en lo mismo.


Los elementos de la ciberguerra son baratos y transferibles y un ciberterrorista será quien entre ilegalmente en Internet  mediante una clave electrónica sin autorización. Que es lo que habría que hacer en caso de que desearas espiar a tus vecinos, sean gente normal o gobiernos.


Sobre este punto ya había respondido en 2009 el portavoz del Pentátono, coronel April Cunningham, cuando definió que "Estados Unidos se reserva el derecho a responder -mediante medidas diplomáticas, informáticas, económicas o militares- a cualquier amenaza contra la seguridad nacional en el ciberespacio y más allá".


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