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miércoles, 4 de marzo de 2020

¿Una nueva crisis de refugiados en Europa?




El presidente turco Recep Tayyip Erdogan ha volcado sobre Europa a todos los refugiados de guerra, muchos de los cuales tienen que ver con su manera de inmiscuirse en la guerra en Siria.

Turquía acoge a tres millones 700 mil refugiados sirios y otros varios centenares de nacionales como iraquíes, afganos e iraníes. La contrapartida económica de tres mil millones de euros por la firma del acuerdo sobre migración firmado en 2016 con Bruselas, se ha terminado.

Esta es la última amenaza de un aspirante a dirigir un renovado imperio otomano de carácter musulmán, surgido de las cenizas de lo que fuera la Turquía laica de Mustafá Kemal Ataturk.

A Turquía no se le puede tocar porque es un aliado importante dentro de la OTAN,  a pesar de que Ankara decidió hace tiempo tener su propia geopolítica. La apertura de puertas a los refugiados para que pasen a territorio de la Unión Europea es parte de este proyecto. Son personas que nada tienen que perder o que ganar y si alguno evita su paso, son los griegos, no Bruselas, a pesar de las críticas levantadas con vídeos en los que se muestra una represión desmedida contra esa oleada.

Lo primero que hay que decir es que ya tienen su grado de refugiados, obtenido al llegar a los campos turcos. Frente a este reto, los europeos se preguntan si la UE tiene de verdad políticas exteriores y de seguridad funcionales.

El primer ministro Kyryakos Mitsotakis ha señalado que no estamos ante un problema de refugiados sino de un ataque de Turquía para utilizar a estas personas en la promoción de su agenda geopolítica y desviar la atención de la terrible situación en Siria. La presidenta de la Comision Europea U. von del Leyen, en una alocución directa a Erdogan, dijo que fracasarán aquellos que pretendan acabar con la unidad de Europa. No cederemos y la unión prevalecerá, ha sentenciado.

La anterior crisis en 2016 la facilitaron Alemania y Francia porque les venía con el fin de no adoptar a más refugiados y hemos visto el desastre que ha supuesto colocar los campos de refugiados en Turquía, bajo el control de ese gobierno. La UE se desentendió del problema y no se preocupó por institucionalizar estos campamentos y de crear una fuerza para mantener bajo control los límites establecidos.

Así que por mucho que Leyen hable de unidad y hasta pueda parecer que su postura es gallarda frente a Erdogan, Europa carece de la capacidad para resolver con eficiencia un problema de esta naturaleza, de por sí complejo y viral, por la ausencia de una política exterior común y no disponer de medios propios para contener esta epidemia. Los europeos con sus votos y en manifestaciones han dejado claro su cansancio por la defensa de algunos derechos humanos en detrimento de otros.

En el trasfondo, está que Europa le negó a Erdogan los seis mil millones que pedía para atender el problema en su territorio, reduciendo el dinero a la mitad e con un incumplimiento flagrante de su promesa de ayuda. Puede que esta resistencia estuviera dictada por la convicción de que Ankara utilizaría la ayuda para fortalecer su guerra en Siria. La moraleja que deja la historia es que si se negocia con personajes cuyo interés no es la democracia, ocurren estas cosas.

Hablamos en esta crisis migratoria de un asalto masivo, perfectamente organizado y financiado, ilegal, que los grupos buenistas y progres han recogido para sí reclamando ayuda humanitaria. 

martes, 25 de junio de 2019

LA TENSION SUBE EN EL GOLFO.




Restos del dron denunciado por Irán

Por Mirta Balea

España se ha resistido a verse arrastrada por Estados Unidos a un enfrentamiento con Irán. La ministra de Defensa en funciones, Margarita Robles, ha ordenado la salida de la fragata Méndez Núñez del grupo de combate encabezado por el portaaviones USS Abraham Lincoln en el estrecho de Ormuz, a la entrada del Golfo Pérsico.

Robles reafirmó que España es un socio "serio y fiable", pero sus Fuerzas Armadas solo están vinculadas a los acuerdos con la Unión Europea y la OTAN. La integración del barco español al grupo de combate norteamericano, en el que por cierto no participa ningún otro navío no estadounidense, se planeó hace un año con el objetivo único de mejorar la operatividad y el adiestramiento conjunto durante seis meses, hasta el 31 de octubre.

El Pentágono ha presumido en las últimas semanas de haber reforzado sus efectivos en la zona con el envío del buque USS Arlington, aprovisionado de fuerzas de desembarco, una batería de antimisiles Patriot, junto al despliegue de bombaderos B-52 en Qatar, todo esto porque Estados Unidos dijo haber detectado indicios de una "mayor disposición" de Irán a realizar operaciones "ofensivas". Puede que todo esto solo tenga un fin disuasorio.

El pasado 12 de mayo, cuatro buques petroleros: dos sauditas, uno noruego y otro emiratí sufrieron atentados en el Golfo Pérsico. Fuentes gubernamentales de Riad, Abu Dabi y Washington hablaron de sabotaje y culparon a la Guardia Revolucionaria Islámica, el brazo terrorista de las fuerzas armadas de Iran. El gobierno de este país dice que tal operación se realizó bajo una bandera falsa para culpar a Teheran. 

Para los que ponen en duda la versión iraní, está el argumento de que resultaría inviable bloquear el Estrecho porque se estaría ante la posibilidad insalvable de una guerra propiamente dicha. Resulta más eficiente y menos costoso sabotear o dañar a cargueros de petróleo. Sobre todo si el ataque tiene lugar en aguas cercanas el oleoducto Habshan-Fujairaj, construido por Abu Dabi para transportar el crudo de los siete estados miembros de los EAU. El oleoducto no solo está encaminado a proteger la exportación sino que blinda de los repuntes de las letras del seguro en caso de conflicto. 


A principios de mayo, el gobierno iraní anunció que incumpliría sus acuerdos con las grandes potencias, firmado en 2015, como respuesta a la decisión unilateral del presidente Donald Trump de retirarse del pacto y lanzó contra el país chiíta una nueva lista de sanciones estratégicas. La Unión Europea se ha desmarcado de tales acciones e insiste en intentar salvar el acuerdo, firmado durante la presidencia de Barack Obama.

El incumplimiento supone, según los términos del pacto, dejar de limitar las actividades con agua pesada y uranio enriquecido, claves para fabricar la bomba. Teheran dijo además que limitaría el uso del estrecho de Ormuz,  de 55 kilómetros de ancho, por donde pasa un 30% del comercio del crudo mundial, cerrándolo probablemente con minas navales en su parte más estrecha de 34 kilómetros, frente a Omán. Aparte de la posibilidad real de un conflicto, el riesgo geopolítico gira por lo tanto en torno al paso de Ormuz.

Siendo uno de los pasos marítimos más importantes y estratégicos del mundo, que conecta a los productores de Medio Oriente con los mercados claves en Asia, Pacífico, Europa y América del Norte, sus dos vías marítimas alcanzan apenas los 3 kilómetros.



Del miedo a que esto ocurra, surgieron nuevas sanciones y la amenaza de castigo por parte de Estados Unidos a los países que sigan comerciando con el petróleo iraní y el compromiso de vender a los sauditas armamento avanzado inteligente, en especial munición para bombas guiadas, sin tener el apoyo del Congreso. Trump argumentó que la situación era crítica y meritaba medidas urgentes.

Como no resulta fácil pasar de un proveedor a otro de la noche a la mañana, Japón, Corea del Sur, Turquía y China siguen sus negocios habituales con Irán. Solo han decidido "tirar la toalla" Grecia, Italia y Taiwan.

A este incremento de la tensión se añaden las confusas noticias sobre ataques y sabotajes a petroleros sauditas y buques comerciales cerca de los Emiratos Árabes, donde según el portal Military Estados Unidos mantiene una base. Tras la intervención militar norteamericana en Irak en el 2003 han crecido estos complejos militares en los países ribereños del Golfo Pérsico.

The Wall Street Journal dio a conocer recientemente que el rearme en la zona se ha completado con la construcción en secreto de un radar antimisiles en Qatar, crucial en el sistema de intercepción de cohetes. Israel dispone de un dispositivo similar con el mismo propósito: prever un ataque iraní.

Irán ha venido rearmándose también en el Golfo con misiles antibuque Silkworm de fabricación china y torpedos de alta velocidad rusos. Moscú ha dado su apoyo a Teheran en esta escalada de tensiones. Los iraníes tienen claro que no pueden ganar en un combate naval convencional por lo que podrían poner en marcha un táctica de colmena con centenares de lanchas ligeras, que se abalanzarían sobre sus objetivos, replegándose de inmediato y volviendo poco después a la carga.

El derribo de un dron no tripulado por la Guardia Revolucionaria Islámica parece haber sido una advertencia de que son capaces de contrarrestar cualquier agresión. En una declaración del pasado jueves, se dice que la nación "no quiere una guerra con ningún país", pero está lista para cualquier contingencia, un lenguaje que disgusto mucho a Trump, quien tuiteó: "Irán ha cometido un gran errror", tras lo cual se preparó un ataque de respuesta, que en el último momento fue cancelado.

El presidente norteamericano no puede evadir el hecho de que está atrapado entre los republicanos, que empujan a una respuesta contundente por el derribo de un avión no tripulado, y los demócratas, con la advertencia de que Estados Unidos podría perder el control de la situación y entrar en una guerra evitable.

Quizás Trump suspendió abruptamente los ataques militares previstos contra Iran en represalia por lo del dron argumentando en un tuit "no habría proporcionalidad entre causar tantas bajas y el derribo de un avión no tripulado".

De actuar contra Teheran, Estados Unidos contaría con el respaldo de Israel, Arabia Saudita y EAU, pero no hallaría muchos más apoyos entre las potencias occidentales porque el acuerdo roto unilateral por la Administración norteamericano no es del agrado de la UE y le resta adeptos para su causa, como Francia o Alemania.

domingo, 24 de marzo de 2019

¿Qué pasa con el BREXIT?



Theresa May

Por Mirta Balea

La Unión Europea aceptó retrasar la salida del Reino Unido, prevista para el 29 de este mes, hasta el 22 de mayo, si el Parlamento británico acepta el acuerdo pactado con Bruselas por la primera ministra Theresa May, lo que resulta muy improbable. El presidente de la Cámara, John Bercow, advirtió que no posibilitara una tercera votación si no hay "cambios sustanciales" en el texto.
La jefa de gobierno se encuentra en una situación política precaria tras dos derrotas en la Cámara en las que la oposición y figuras de su propio partido han votado en contra de las medidas negociadas por ella durante dos largos años y tras haber perdido en junio del pasado año las elecciones generales, que la obligaron a pactar con el Partido Democrático Unionista de Irlanda del Norte para poder gobernar.

Esto sumado a las advertencias de Bercow la conminaron este viernes a enviar a los diputados una carta en la que afirma que no presentara el acuerdo de nuevo si continúa sin tener apoyos. El documento ha coincidido con la confirmación del PDU de que seguirá sin darle su voto.

Si Westminster rechazara por tercera vez el acuerdo, la siguiente fecha en importancia sería el 12 de abril. Para entonces tendrá que haber decidido como quiere realizar la salida o si solicitará un aplazamiento más prolongado. Tal solicitud tendrá que estar justificada y obligaría al país a participar en las elecciones a la Eurocámara entre los días 23 al 26 de mayo.

Hasta once ministros se han conjurado para forzar la dimisión de la jefa del Ejecutivo, según informa Reuters. Suenan para sustituirla, su segundo, David Lidington,  y también Michael Gove, de Medio Ambiente y Jeremy Hunt, de Exteriores.


El Parlamento quiso arrebatar hace meses el control del proceso al gobierno y hasta se gestó una crisis en su seno con los ministros enfrentados entre si y las dimisiones de dos de los duros. La primera ministra pudo pasar el rubicón comprometiéndose a resolver la inclusión de nuevas exigencias británicas en el acuerdo. Bruselas es renuente a modificar lo que ya se ha alcanzado en las arduas y largas negociaciones.
Negociar el Brexit no ha sido, ni de lejos, una tarea fácil. Los ingleses, si nos guiamos por los votos, más que los británicos, en su calentón por salir como fuera de la UE, a la culpan de todos sus males, se olvidaron de fraguar un plan alternativo. Esta es la razón de que se alcen voces en el país para proclamar ahora la necesidad de un segundo referendo. La plataforma People's Vote convocó una multitudinaria manifestación por el mismo centro de Londres este sábado y una página web ha recogido cuatro millones de firmas para volver a pronunciarse sobre la salida de la UE.

Quizá repetir el referendo sea muy complicado e incluso desaconsejable, pero algunos creen que ganar tiempo sería inteligente y deseable ante la incertidumbre del momento y la amenaza de un caos imprevisible e incontrolable. La legislatura de May llegará pronto a su fin y puede que unas nuevas elecciones hagan de plebiscito de un nuevo Brexit. 
De salir adelante el acuerdo en el Parlamento, antes del 29 de marzo, contra todo pronóstico, el 22 de mayo quedaría como fecha para una salida ordenada del país, que contaría con dos meses para aprobar toda la legislación asociada y no tendría que participar en los comicios europeos.

La UE busca evitar que los británicos sigan siendo miembros de pleno derecho después de las europarlamentarias, lo que redundaría en una mayor fiabilidad en el proceso electoral para los más de 350 millones de europeos supuestos a participar. Si tiene lugar el tercer rechazo, los 27 tendrían que reunirse otra vez, posiblemente el jueves de la próxima semana, para poner la fecha definitiva de ruptura.
Entre los asuntos más espinosos de la negociaciones entre Reino Unido y Bruselas se encuentra el backstop, la salvaguarda alcanzada en los acuerdos de paz de 1988 para mantener las fronteras entre la República de Irlanda, miembro de la UE, e Irlanda del Norte, territorio dentro del Reino Unido y es una de las razones para que el PUD no acepte el acuerdo. Este tendría que contemplar la permanencia de los británicos en la unión aduanera hasta alcanzar el marco de una nueva relación comercial. 
El ex-fiscal general Dominic Grieve, defensor de un nuevo referendo, presentó una moción para ampliar el tiempo dispuesto en el artículo 50 del Tratado de Lisboa, a fin de reducir el riesgo de un Brexit sin acuerdo o duro el 22 de mayo -que es lo que se vislumbra ahora mismo-. Durante el tiempo comprendido entre la fecha límite y la salida definitiva el 31 de diciembre del 2020, el país mantendrá el acceso al mercado único y a la unión aduanera, sin participar en la toma de decisiones, pues ya no sería un Estado miembro. 

El artículo 50 del Tratado de la UE fue activado por primera vez por el Reino Unido el 29 de marzo del 2016 y ha regido el proceso de separación. La letra deja un margen de dos años al país saliente, prorrogable si hay un acuerdo mutuo. Las reglas sobre comercio y aranceles del Estado se regirìa en caso de no haberlo por las de la Organización Mundial del Comercio. 




Las normas europeas no contemplan un reingreso de los estados salientes. La única salida hasta ahora fue la de Argelia en 1962, cuando obtuvo su independencia y aún así figuró en los tratados hasta 1992 como si aún fuera un Departamento de Francia. Groenlandia se marchó en 1985 por referendo, aunque sigue perteneciendo a Dinamarca, miembro de la UE.

Reino Unido ha jugado siempre en la misma liga de la UE, pero con reglas aparte. Esta excepcionalidad, en un matrimonio de 40 años, se consolidó con el Brexit y promovió dudas sobre el proyecto unificador en su conjunto. Ante las presumibles amenazas iniciales de un efecto dominó, el proceso de salida ha tenido un consenso mayor del esperado entre los miembros, lo que no ha sido el caso de Londres, cuyos parlamentarios siguen resueltos a mantener los privilegios, que acumularon durante tantas décadas como ninguna otra nación de la zona.

Las cifras del voto por la salida reflejaron que el 73% de los jóvenes lo hizo por la permanencia en la UE, al igual que las principales ciudades, entre estas, Londres, en donse registró el 60% de tal opción, y un poco más en Escocia, Irlanda del Norte y norte de Gales. Estos votos conformaron un 43% del No a la salida. Fueron las zonas rurales y los mayores de 65 años los que inclinaron la balanza para alcanzar el 58%, cifra ajustada, si cabe, pero suficiente para tomar la decisión de irse de la comunidad de Estados.

Si desgranamos el voto en valores políticos e ideológicos, el 59% de los conservadores y el 90% de los populistas- tanto de izquierda como de derecha-votaron por salir de la UE. Los europeístas, divididos entre demócratas liberales y laboristas, computaron el 75% y el 69%. En aquel momento todo hacía pensar que no habría necesidad de invocar el título 50 ni esperar dos años para la salida, pero ahora vemos que los británicos hablan de ampliar el proceso de manera, incluso, indefinida.



Tras el Si pudo comprobarse que no había plan alternativo para la salida y este se ha venido construyendo en la marcha por la primera ministra, que es, por cierto, la expresión de que el mayor fanático es un converso. Antes abogaba por una permanencia en la UE y al verse abocada a pactar la salida como jefa del Ejecutivo, a pesar de no contar con apoyos, no se cansa de repetir que un segundo referendo es inviable y hay que respetar la voluntad de los votantes.

La UE quedó establecida en 1993 mediante el Tratado de Roma, que contemplaba tres pilares pre-existentes: la Comunidad Europea del Carbón y el Acero, la Comunidad Europea de Energía Atómica y la Comunidad Económica Europea, a las que se sumaron gestiones de política exterior y cooperación judicial y policial. Los fundadores del proyecto integrador: Alemania, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y Países Bajos se hallaban debilitados económica y políticamente por las dos guerras mundiales y necesitados de consolidar la paz alcanzada para dar una estabilidad al comercio. 

Fue el ex-primer ministro David Cameron quien dio luz verde al referendo. El ex-presidente español Felipe González dijo con claridad meridiana que el político británico incendió su casa y quiso salvar los muebles y se ha quedado sin casa y sin muebles. Pasará a la historia como el líder que sacó a su país de la UE, apretando el botón de riesgo, a pesar de pasar por un europeísta.


La democracia participativa está bien, siempre que no se confunda con un sustituto de la democracia representativa. Cameron hizo dejación de sus responsabilidades en la solución del problema migratorio, motivo de queja ante Bruselas, y pasó a la población la patata caliente en forma de referendo en si debían o no permanecer en la UE, pensando ante todo que con esto presionaría a sus socios comunitarios y olvidando que los referendos deben ser excepcionales y tasados. 

Hay que decir que no era la primera vez que hacía una jugada similar. La primer fue con el referendo sobre independencia en Escocia, que ganó por los pelos. Puede que pensara en un resultado similar para el Brexit, pero el tiro le salió por la culata y la situación inmediata fue un desplome de la libra esterlina a niveles de 1985.

Reino Unido aportaba 12 mil millones de libras anuales a las arcas europeas y recibía mucho más de Europa. Un 47% de las exportaciones británicas van a la UE y el 58% de sus importaciones proceden de esa región. Los lazos de inversiones y comerciales, si descontamos a Estados Unidos y Canadá, se mueven en gran parte hacia la región de la que desea separarse.

Alemania y Francia son sus socios mas destacados en el comercio, en tanto en las inversiones lideran Suiza y Noruega. La UE aporta un 5% del PIB británico y la mitad de su intercambio comercial tiene lugar con dos pesos pesados: Francia y Alemania, nada proclives a aceptar los caprichos británicos.

El denominador común entre los líderes europeos que han proclamado la necesidad de salir de la UE es que no están dispuestos a compartir por el bien común sus riquezas y dan preferencia a sus intereses locales, como si se tratara de tribus, en un mundo cada vez más globalizado en el que las luces largas deben estar encendidas de forma permanente.


La UE esta considerado un bloque económico importante a escala mundial y lo seguirá siendo después de la salida de sus filas de la segunda economía del mundo. De cualquier manera, la bofetada dada por Reino Unido a sus socios les ha hecho hablar más de redefinir, defender y preservar el proyecto integrador para evitar que el desencanto prime sobre los valores construidos durante décadas.

Europea debe seguir siendo relevante en un mundo en el que se estrenan en la lucha por los mercados otras fuerzas económicas emergentes. 

jueves, 19 de enero de 2017

EL BREXIT EN LA GEO-POLITICA EUROPEA



Por Mirta Balea

Empieza a calentar motores la presidencia alemana de la Unión Europea (UE) para febrero, pero es que en los meses siguientes habrá elecciones en Holanda, Francia y la propia Alemania. Si llevamos esto un poco más allá y lo enmarcamos en la geo-política global, al otro lado del Atlántico habrá procesos similares en Ecuador, Chile y Argentina. Muchos analistas consideran por esto que el 2017 será un año de transición mundial.

Las elecciones en Alemania, Francia y Países Bajos enfrentará a una derecha proteccionista y aislacionista con respaldo popular, según las encuestas. De ahí que algunos países, entre ellos España, hablen de la necesidad de una mayor integración en todos los frentes, después de las bofetadas recibidas con el proyecto de la salida del Reino Unido o Brexit y la elección por sorpresa -que no sorprendente, la verdad, más que a los ilusos- de Donald Trump como nuevo presidente de Estados Unidos.

El Brexit ha traído mas preguntas que respuestas, sobre todo a las bases de la pretendida Unión desde su creación hace 60 años por el Tratado de Roma, desarrollado hasta lo que conocemos hoy como UE.

Reino Unido ha jugado siempre en la misma liga de la UE, pero con reglas aparte, así que el Brexit no ha hecho más que confirmar el egoísmo inglés -tan conocido-, pero dejando entrar a la vez las dudas sobre el proyecto unificador, porque no se despeja aún la amenaza de que otros países sigan el ejemplo. Una crisis de esta envergadura está sujeta siempre al peligro de generar otra. 

A los aspectos económico y comercial de este divorcio, hay que sumar el sentimiento generado entre los inmigrantes residentes en Reino Unido. Trump ha puesto en cuestión la política de puertas abiertas a la migración de la canciller Angela Merkel calificándola de "error catastrófico".

La respuesta europea no se ha hecho esperar. Merkel apunta a que los europeos tienen en sus manos su destino y deben ser ellos los que decidan sobre los desafíos. El presidente francés Francois Hollande - en esa misma línea de rechazo a lo dicho por Trump- considera que Europa estará siempre dispuesta a la cooperación trasatlántica, pero sin dejar de mirar por sus intereses y valores. "No necesita consejos externos para saber lo que tiene que hacer", ha puntualizado.

Al presidente saliente, Barack Obama, siempre se le escuchó, pero a Trump, ni caso. Y todo porque ha movido a los líderes europeos de su zona de confort, incluso antes de tomar posesión del cargo. Ha dicho basta a que Estados Unidos siga pagando por la OTAN, en tanto otros estados miembros no lo hacen, y ha puesto de relieve su escaso valor militar en las actuales circunstancias mundiales. Así que todo indica que a la organización le quedan dos afeitadas caso de cesar la financiación norteamericana.

Reino Unido votó por salir de la UE sin un plan alternativo. Esto sugiere dos caminos a emprender, el del libre comercio o el del proteccionismo a ultranza. El paso de ruptura se decidió como corresponde a un país democrático, por el voto popular, en un proceso similar por el que salió Trump y que ahora muchos no aceptan, el primero Obama, dedicado en sus ocho años de mandato a exportar el modelo de democracia a otros países. Lo que ocurre en el caso del Brexit es que los beneficios sociales son los invitados de piedra.

La primera ministra británica Theresa May anunció la víspera que firmará tratados de libre comercio con Estados Unidos, la UE y Brasil, entre otros, lo que supone -le guste o no a los británicos- ceder algo de la soberanía nacional. En este tipo de acuerdos hay una autoridad encargada del cumplimiento a pie juntillas y otra del arbitraje en caso de desacuerdos, como ocurre en la UE. Y esto rebasa cualquier poder territorial, porque se dirime en el poder transnacional.

May es un ejemplo clásico de que el mayor fanático es un converso. Antes del Brexit, abogaba por permanecer en la UE, y ahora deberá cumplir con los pasos para la salida como primera ministra. Resulta, sin dudas, un tema anecdótico.

Reino Unido, en teoría, no podría establecer lazos comerciales con Estados Unidos en tanto forme parte de la UE, lo que coloca a los británicos en un largo período de espera de al menos dos años o más. Claro que hablamos de un período oficial de incertidumbre, otra cosa son las negociaciones secretas y los compromisos, que todos los gobiernos establecen a nivel extra-oficial, como quien no quiere la cosa y a espalda de todos hasta que les revienta en la cara.

El tema migratorio estará sujeto a un mayor control. Los tres millones de inmigrantes residentes en territorio británico no han podido votar en el Brexit, lo que ha llevado a muchos a creer que de haberlo hecho el resultado hubiera sido otro. Se trata de una población grande en comparación con otros países de la propia UE, a la que Londres no puede expulsar sin más al menos que quiera exponerse a una crítica internacional por la violación de derechos humanos. Lo que busca entonces el gobierno es evitar que lleguen más y que los actuales se marchen de propia voluntad, imponiendo recortes de derechos cada vez mayores.

May añora que el Brexit -que deberá aprobar el parlamento- actúe de incentivo a la llegada de personal más cualificado, olvidando la propia realidad nacional, pero va a ser que no. Gran parte de la mano de obra no calificada son europeos y latinos, los británicos se niegan a realizar determinadas tareas. Resulta entonces muy improbable que pueda prescindir de estas personas de pocos recursos.

Desde hace tiempo, los politólogos y los medios de comunicación han puesto de relieve la necesidad europea de revisar sus políticas migratoria, económica, comercial y de seguridad. Quien parece el más indicado para remover todo el asunto es Trump, aunque no podemos perder de vista que una cosa es lo que se dice en campaña y otra lo que se hace una vez en la presidencia. Por tradición, los mandatarios norteamericanos han debido ajustar sus preferencias al concepto de idoneidad para los intereses del país y de sus lobbys de presión, pero ¿quién sabe?, hablamos de un electrón libre.

Obama -que se despide dejando un legado tóxico a la nueva Administración- considera que Rusia es la mayor amenaza mundial. En la zona del este europeo, la del antiguo bloque soviético, sus países se han visto perjudicados por las sanciones contra el vecino, puestas en marcha para complacer a Estados Unidos.

El primer ministro italiano Paolo Gentinioli ha puesto el tema en contexto. Ha dicho que su país intentará -desde la presidencia del G-7- promover una política diferente porque cerrar vías de comunicación nos retrotrae a los esquemas ideológicos de la Guerra Fría, ha puntualizado. La flexibilidad europea parece obedecer a que las sanciones no han obrado a favor de una solución de la crisis en Ucrania, objetivo declarado al imponerlas.

Algunos expertos coinciden con Trump en que la OTAN debería combatir el terrorismo, la plaga contemporánea, que dejará marcas de viruela si no se puede contener como acné juvenil. A esto habría que añadir que la UE necesita mejorar o cambiar el modelo económico-financiero impuesto por Merkel y el Fondo Monetario Internacional, que ha servido únicamente para hipotecar las economías de varias naciones, entre ellas, España.

Cambiar los esquemas de seguridad, enfrentaría a la UE a intereses económicos espúreos y a que puedan registrarse variaciones en los mandos no deseadas. Del lado de los de mantener el status quo, Rusia resulta un tema muy conveniente como amenaza inminente.

El último Eurobarómetro de opinión indica una falta de confianza de los europeos hacia sus líderes y gobiernos, probablemente registrándose un incremento tras la crisis migratoria de proporciones bíblicas, si bien ya venía haciéndose notoria la antipatía desde los informes del 2015.

¿Podrían ser el Brexit y Trump los puntos de inflexión que impulsen una revisión de las posturas europeas? El mismo día en que el presidente electo tome posesión del cargo se darán a conocer las conclusiones sobre economía global del Foro de Davos. El tema que ha reunido este año a 90 países es el liderazgo responsable y receptivo para abordar temas claves como es la lacerante desigualdad social en el mundo.

Un informe de Oxfam, basado en datos de Forbes, ha dado a conocer que ocho personas supermillonarias en el planeta poseen el mismo patrimonio de la mitad de la población más pobre, unos 3 mil 600 millones.

Los lideres europeos siguen comportándose como los invitados a una fiesta en la famosa película de Luis Buñuel El ángel exterminador, no quieren dar un paso para salir de la casa y es que temen a los retos ante sí. Sigue la crisis de identidad y territorial, que supone la dejadez de soberanía, con soluciones tan indeseables como el proteccionismo de los estados miembros y el enfrentamiento de ideologías y los desacuerdos generacionales en como debe ser Europa.

Parece importante recordar que en el Reino Unido votaron por no salir de la UE una gran mayoría de menores de 40 años. Esto apunta directamente a la necesidad de escuchar a aquellos que -de momento- tienen menos peso político en el espacio común europeo.

sábado, 19 de marzo de 2016

El acuerdo contra los refugiados en Europa entrará en vigor este domingo.

La amplia sonrisa del primer ministo turco Ahmet Davutoglu, junto a los jefazos de la Union Europea

Por Mirta Balea

La Unión Europea (UE), incapaz de conformar una política migratoria común, ha confiado en la capacidad de Turquía para contener la crisis dentro de sus fronteras pagando mucho dinero al gobierno de Ankara, junto a otras prebendas. Cuando la gente desesperada intenta que le echen una mano, Europa responde enviándolos de vuelta.

La sonrisa de satisfacción del primer ministro turco Ahmet Davutoglu, junto a Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, y Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, firmantes del acuerdo, muestra quien ha sido el mayor beneficiado. Ankara se ha asegurado además en este regateo el silencio de los líderes europeos ante el deterioro de los derechos y libertades en Turquía.

El presidente de España, Mariano Rajoy, quien llevó una posición consensuada con el Congreso de Diputados, aseguró que se hicieron los ajustes pedidos como dejar de lado las expulsiones masivas, tramitar individualmente las solicitudes de asilo y pedir garantías de respeto a los derechos humanos para quienes sean devueltos a Turquía a partir de este domingo.

La eurodiputada Iratxe García señala que los partidos políticos españoles estarán muy vigilantes de que estas modificaciones al pre-acuerdo se cumplan escrupulosamente. La legalidad de lo acordado sigue siendo la punta de lanza porque se violan leyes internacionales y de la propia UE por mucho que hayan querido los juristas de Bruselas maquillar el documento.

Turquía recibirá 3 mil millones de euros, que podría llegar al doble, según lo acordado, para garantizar que se mantenga el problema fuera de Europa. Los turistas turcos gozarán de una exensión de visados para Europa y la UE ha prometido que reanudara las conversación para la adhesión de ese territorio al club. Chipre había amenazado con vetar el acuerdo si estas charlas iban más allá de la solución de temas financieros y presupuestarios.

Amnistía Internacional y otras organizaciones humanitarias y de derechos humanos han advertido que Turquía no es un país seguro, como afirma el acuerdo de la UE. Los turcos devuelven habitualmente a los refugiados a Siria, disparan contra ellos en la frontera y le niegan a los niños el derecho a asistir a la escuela. Estas personas carecen además de estatuto concreto legal para reclamar cualquier derecho.

Los líderes europeos no parecen entender que la falta de vías seguras y legales para la entrada en Europa de personas venidas de zonas de conflicto les obliga a poner sus vidas en manos de las mafias, incluidas las turcas. La comunidad internacional ha sido incapaz de dar una solución viable a la guerra en Siria, que ha cumplido su quinto año, y la UE piensa que este acuerdo inmunizará al club de que la crisis migratoria siga adelante.

Hablamos de una guerra que ha desplazado a 11 millones de personas, de estas 7,5 millones son niños, que no asisten a clases desde hace cinco años y constituyen un caldo de cultivo para los grupos integristas islámicos. Estas fuerzas perpetran constantemente crímenes de guerra y contra la humanidad en Siria, al igual que las fuerzas regulares del régimen de Bashir Al-Assad, que se niega  a abandonar el poder. Cuando un conflicto como este presenta trazas de impunidad, tiende a perpetuarse y esto es lo que ocurre ahora mismo.

La política de apertura a los refugiados impulsada por la canciller alemana Angela Merkel, con intereses muy definidos, le ha estallado el pasado fin de semana en la cara. En las elecciones regionales o de los landers se ha registrado un aumento de votos rozando un 25% del partido xenófobo Alternativa para Alemania, creado en 2013 con un discurso anti-inmigración. Esta cifra le ha garantizado entrar en varios de los parlamentos de al menos tres localidades y les ha desbrozado el terreno para hacerlo a nivel nacional. 

Este ha sido el primer examen electoral de Merkel tras la llegada de un millón de refugiados por su efecto llamada. Unos 50 mil millones de euros de las arcas públicas serán destinados hasta 2017 a la subsistencia de dos de cada cinco refugiados. La mayoría no ha podido acceder al mercado laboral por la barrera del idioma y problemas de integración de lo que han sacado provecho los de Alternativa para Alemania.

La irrupción de este partido es algo mas que un toque de atención a Merkel, a su partido conservador CDU y a sus socios socialdemócratas del SPD, es también una refutación a la política migratoria del gobierno de coalición. La canciller cree que el problema no es la crisis de refugiados sino que a estas alturas no haya una solución viable y ha impulsado el acuerdo con Turquía, como forma de aplacar los ánimos de sus electores.

Cuando Merkel decidió abrir sus alas a los refugiados, la medida escondía la preocupación por un acontecimiento previsto para finales de este año: la entrada de China de pleno derecho en la OCDE. Esta es una tesis manejada por varios políticos teniendo en cuenta que ambos son los mayores socios comerciales en Europa. El gobierno de coalición alemán habría previsto lo que se presentará en el futuro como una diferencia de competitividad.

Merkel tomó medidas colaterales al acoger a otras 800 mil personas, que se sumarían al millón previamente radicado en territorio alemán como mano de obra barata. La decisión fue muy consensuada porque al propio tiempo que había una llamada, se bloqueó el salario mínimo alemán para impedir un incremento desproporcionado de la productividad respecto a los chinos. La medida iba acompañada con una disposición de que los refugiados, durante cinco meses, trabajaría por debajo del salario mínimo.

De los dos millones de refugiados sirios en Turquía, la mitad son mujeres y niños, carentes de protección legal alguna, y Bruselas solo ha ofrecido hasta ahora 72 mil plazas. Grecia, que es el otro país entre los que más refugiados acoge, está desbordado. Tienen 40 mil  y planean abrir otros campamentos para darles un modo de vida más digno. 

De esta cantidad, 12 mil están en Idomeni, en la frontera con Macedonia, en medio del barro, sin tiendas de campaña más que las trajeron consigo o han logrado obtener de las organizaciones humanitarias, sin comida ni agua, sin asistencia médica.

Los refugiados son conscientes de que Europa les ha dado la espalda. Los voluntarios repartieron panfletos hace unos días para informarles de que la frontera con Macedonia no se va a abrir. Hartos de esperar, un grupo intentó cruzar el río que separa los separa de su objetivo, en busca de vías alternativas, pero fueron rechazados por las fuerzas de seguridad que rodean el campamento. Su destino ha sido y sigue siendo Alemania.

La mayoría de líderes europeos dicen que no permitirán que la ultraderecha determine sus políticas a nivel nacional, pero lo cierto es que esto es lo que está ocurriendo y el más reciente ejemplo es Alemania. El acuerdo migratorio aprobado en la cumbre de jefes de estado y de gobierno de la UE este viernes cambia la política europea en materia de refugiados, provoca tensiones entre los socios y ha sido denunciado reiteradamente como ilegal por organizaciones internacionales como la ACNUR. La fórmula de que Turquía sería un país seguro para devolverlos ni tiene encaje legal ni convence a nadie.

Los socios europeos han vertido críticas en los últimos días sobre las concesiones a Ankara porque no todos reconocen la capacidad de ese gobierno de cumplir con lo pactado. Otros han puesto de relieve que las contrapartidas en capital son excesivas y crean agravios comparativos con otros socios, como son los casos de Grecia e Italia, que también tienen un buen número de refugiados en sus territorios. En los despachos de Bruselas, la cantinela era la misma "no hay alternativa" y el pacto "seguirá adelante", como así ha sido a pesar del maquillaje de última hora.

Medicos sin Fronteras y Médicos del Mundo están alertando de una importante crisis sanitaria, con enfermedades propias de la I Guerra Mundial como los pies de trinchera, debida entonces a que los soldados pasaban tiempo en el barro de las trincheras. En Idomeni, el añadido a esto son diarreas, hipotermias, congelaciones o amputación de miembros. No hay equipamiento médico ni cirujanos y esto obliga a llevarlos a centros sanitarios cercanos, que están colapsados. Todo está en manos de las ONG, porque los gobiernos se han desentendido del drama humanitario.

lunes, 13 de julio de 2015

Grecia capitula ante la Unión Europea, pero sigue sin garantizar el rescate.




Por Mirta Balea


La superioridad estratégica de la Unión Europea (UE) sobre Grecia en esta última semana ha resultado evidente tras el referendo en que el pueblo griego dio carta blanca a su gobierno para rechazar las medidas draconianas de los acreedores y que ha resultado al final agua de borrajas.

El paquete de medidas resulta ahora significativamente mayor que el que habría podido pactar antes del referendo. El cierre de los bancos, conocido como corralito, ha noqueado aún más a la economía griega y exacerbado lo que era ya una profunda recesión, por lo que el primer ministro Alexis Txipras se ha visto abocado a capitular.

Grecia podría optar por un nuevo rescate de 55 mil millones de euros (55 billones) hasta 2018 si su parlamento aprueba las medidas acordadas este domingo por los jefes de estado y gobierno de la UE, que han dejado claro que no se fían de Syriza.

La desconfianza proviene de la atmósfera de disensión interna de la coalición gobernante en Grecia. Algunos de sus más conocidos aliados y varios ministros han pedido a Txipras que rechace el programa y asuma las consecuencias.

Los acreedores ven en este diferendo lo que podría devenir en una falta de compromiso de Atenas a la hora de pagar y preven incluso que Txipras podría verse forzado a dimitir y a convocar nuevas elecciones.


Desde el inicio, el sector duro de la UE y otros que en las últimas horas se han pasado al lado de los tolerantes, deseaban presionar lo suficiente para que el primer ministro griego y su gobierno dimitieran y así dar paso a un régimen más afín con las ofertas de Bruselas.

Tras el referendo y con un Txipras decidido a pactar lo que sea por tal de sacar al país del embrollo financiero en que se ha metido, convocar nuevas elecciones y colocar otro gobierno no sería la opción más satisfactoria porque podría derivar en más de lo mismo.

Las demandas de Bruselas han estado diseñadas por esa línea dura en las negociaciones liderada por Alemania, Finlandia, Eslovenia y Holanda. Es un paquete que supone colocar en la sien del gobierno griego una pistola cargada porque de rechazarlo el parlamento de Atenas el próximo miércoles los griegos podrían ver colapsado en pocos días su sistema bancario.

De manera que la nación mediterránea tendrá que poner en marcha y con rapidez las reformas fiscales debatidas este domingo, con medidas tan dolorosas como el fuerte aumento de los impuestos y la rebaja de las pensiones, a las que venía oponiéndose Grecia desde el inicio de las conversaciones y que llevó a Txipras a dar un portazo y convocar el referendo del NO, que al final no le ha servido para ablandar a los acreedores.

El resultado del NO del referendo lo que ha hecho es restarle margen de maniobra en las negociaciones y  le ha obligado a pedir el rescate, algo a lo que se negaba no sin esfuerzo pues su objetivo era una quita de un 30 por ciento de la deuda. Ahora el endeudamiento será mucho mayor.

El debate este domingo ha girado en torno a las quejas de Txipras sobre un programa que vuelve del revés los ya vacíos bolsillos de los griegos y que podría haber contenido medidas aún más draconianas.

A Italia y a Francia les ha preocupado que se esté intentando conseguir la humillación de Grecia como castigo por el referend0, que cualquier país democrático tiene derecho a realizar.

Los alemanes se atrevieron a proponer que el gobierno de Txipras pusiera como aval para una inmediatez del rescate a sus monumentos más preciados y a sus paradisíacas islas para venderlos en el mercado privado en caso de incumplimiento.

El primer ministro italiano Mateo Renzi demandó de sus socios que prevaleciera el sentido común y aseguró que Italia no desea la salida de Grecia de la moneda única. Dijo también a Alemania que suficiente, es suficiente (enough it's enough). La alineación de Francia afloró también en la cumbre.

Los acreedores griegos este fin de semana, en maratónicas sesiones de los ministros de finanzas y economía y de los jefes de gobierno y estado de la UE, siguen sin avalar el rescate a la espera del resultado del voto parlamentario dentro de dos días en Atenas. Un sí al programa de parte de los legisladores se vería como un acto de buena fe.

La canciller alemana Angela Merkel observó que es un asunto de reconstruir la confianza perdida en Grecia. Ella precisa como, otros países de la eurozona, el visto bueno de su parlamento para contribuir al rescate de Grecia.

Los bancos griegos podrían colapsar en las próximas horas y provocar la salida griega del euro si en la reunión prevista para hoy del Banco Central Europeo no autoriza la entrega de fondos de urgencia para controlar la situación.

Agencias especializadas han cifrado en casi 95 mil millones de euros los fondos de urgencia necesarios para los próximos tres años, una cantidad significativamente mayor que la que se le dará en caso de que el parlamento vote si el miércoles. Sería el pistoletazo de salida para siquiera empezar a negociar las condiciones del rescate con calendario incluido.

El sí supondrá que Grecia empezará de inmediato a poner en marcha varias de las medidas propuestas por Bruselas, en especial la subida de impuestos.

Txipras intenta salvar de la insolvencia al país que ya incumplió la pasada semana con el pago al Fondo Monetario Internacional de mil 600 millones de euros y que intenta que no ocurra lo mismo con el abono al BCE el día 20 de 3,500 millones.

Como el rescate no está del todo amarrado, los alemanes creen que Grecia podría manejar una "salida temporal del euro" si no se alcanza un acuerdo definitivo con los acreedores, lo que suena a expulsión camuflada.

Resulta curiosa la historia de la propia Alemania en el asunto de la deuda que es algo que agobia a las naciones desde tiempos inmemoriales. 

Cuando Adolf Hitler alcanzó el poder suspendió los compromisos alemanes con los países ganadores de la primera guerra mundial en 1914, pero al perder en 1945 y tras las barbaridades provocadas por el nazismo, los alemanes volvieron a plantearse las deudas no satisfechas y las nuevas establecidas.

En 1953, se llegó a un acuerdo en Londres por el cual Alemania pagaría lentamente las deudas contraídas entre los años veinte y treinta y el resto sería condonado. En 1995, tras la unificación, pagó todo y no fue hasta 2010 que se liquidaron los intereses acumulados un siglo atrás, porque la economía de la fusionada Alemania Democrática les permitió hacerlo a pesar de la absorción.

La deuda griega es a partes iguales responsabilidad de los sucesivos gobiernos en Atenas y del descontrol manifiesto de los ahora exigentes acreedores que no supieron demandar transparencia a la hora de aflojar el dinero.

Alemanes, franceses, españoles e italianos son los acreedores principales que dieron dinero a los griegos de forma irresponsable cuando en 2008 se sabía que la crisis era profunda. Hay que recordar que el primer rescate tuvo lugar en 2010, a solo ocho años de entrar Grecia en el euro.

Se le condonó parte de la deuda y se ofrecieron 240 mil millones de euros, de los cuales solo un 11 por ciento de lo recibido fue a dar a las necesidades públicas porque el resto se ha ido en el pago de los intereses. Pero la UE seguía sin exigir a Atenas la realización de los recortes y aún así se le concedió en 2012 un segundo rescate como parte del monto acordado.

Baste decir que el actual director del BCE, Mario Draghi, era vicepresidente de Goldman Sach's, cuando esta entidad asesoró a los dos gobiernos anteriores a Txipras, uno de izquierda y el otro de derecha, a ocultar las cuentas a la UE para mantenerla en la ignorancia de la degradante situación en la que se hallaba el país heleno.

Los gobiernos griegos han creído que los europeos estarían dispuestos a financiar un modelo económico y financiero con más huecos que un queso gruyère y los griegos y el resto de Europa han debido pagar la falta de escrúpulos de esas autoridades. 

El desbocado e insostenible sector público griego aumentó el gasto  en un 80% entre 1996 y 2008) y su deuda, muy superior a los ingresos en un 400%.

Ocurrió que en enero del 2015 una coalición de partidos de centro derecha e izquierda se agruparon en torno a la denominación Syriza y se hicieron con el poder en medio de un descontento creciente por la falta de compromiso de Atenas en acometer todas las reformas del paquete de austeridad lanzado por Alemania a todas las naciones de la eurozona.

El pregón de Syriza en la precampaña electoral era no respetar las medidas de austeridad, seguir como hasta ese momento, aunque sin salir del euro. Lo que, como se ha comprobado, resulta imposible y que le ha valido el ensañamiento de Merkel y compañía.

Una retirada griega del euro socavaría la solidaridad europea en la que se basa la unión y aumentaría la presión sobre otros socios débiles. Los socios fuertes están preocupados por otro contagio, la demanda de concesiones de parte de Portugal, España e Italia y otros deudores.

Syriza renegoció una ampliación de los límites en los pagos, pero cuando tocó el primero, la pasada semana, incumplió su compromiso. Al no avanzar en las conversaciones, surgió la idea del referendo, que ha dejado a los griegos más confundidos de lo que ya estaban respecto a la utilidad de negarse a seguir el camino de baldosas amarillas trazado por Bruselas.

Mientras duraron las conversaciones, justo hasta el portazo de Txipras, el BCE siguió inyectando fondos y para levantar la parálisis necesita el visto bueno de los socios fuertes.

El problema de la eurozona es que a pesar de que la moneda única tiene un tipo de cambio flexible, es de talla única para los 19 miembros, y los ajustes solo pueden realizarse mediante políticas fiscales. Para estos fines se han seguido las reglas impuestas por Alemania teniendo como leit motiv la austeridad como un oráculo de Delfos.

En 1990 Europa decidió darse una moneda común por la dificultad de mantener el sistema semi-flexible llamado Mecanismo de Tipos de Cambio, creado en 1979 para la estabilidad monetaria entre las naciones europeas integradas desde 1950 en una zona de libre comercio.

Si Grecia debería restaurar algún día su moneda nacional, el dracma, la pregunta sería si lo haría vinculándola al euro.

El problema es que un dracma vinculado al euro sería un blanco fácil para la especulación en cualquier intento de mantenerse. Un tipo de cambio del euro constituiría una limitante para el crecimiento económico del país heleno como lo ha sido también su pertenencia a la eurozona.

Un dracma libre-flotante, cuyo precio quedara establecido por los mercados de divisas, sería imprevisible, los cambios bruscos afectarían la inversión y el crecimiento. Aquí vemos la dicotomía de que a mayor flexibilidad más vulnerabilidad ante los mercados.

Europa se ha hecho con reformas y la zona euro fue concebida para resistir las turbulencias, vengan de donde vengan, partiendo de la solidaridad.  Grecia no podrá pagar la deuda contraída y esto es algo que puede ocurrirle también a España, Portugal e Italia. 

Las quitas se impondrán y pronto porque de lo que se trata es de crecer y producir riqueza. Grecia, por si alguien no se ha dado cuenta a estas alturas, se halla en bancarrota irreversible si no se le tira la toalla por mucho rescate que le den porque la deuda alcanzará dimensiones que humanamente no será posible pagar.

lunes, 6 de julio de 2015

Sin OXIgeno, Grecia ha dicho OXI (no) a la Unión Europea





Por Mirta Balea

Un 61,3% de los votantes griegos marcaron la casilla del oxi (no) en el referendo convocado por el primer ministro, Alexis Tsipras, y respaldó su postura para negociar un nuevo acuerdo con los acreedores de la deuda.

La sociedad griega se negó a aceptar un nuevo rescate de la troika (Unión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional) y ha avalado a su gobierno para gestionar una reestructuración de los préstamos anteriores, algo a lo que se oponen más de las tres cuartas partes de los líderes de la zona euro.

Grecia enfrenta desde hoy un futuro imprevisible tras los resultados del referendo de este domingo, pero lo hace sin tensiones, como se ve en sus calles, incluso aunque las colas frente a los bancos sigan para sacar los 60 euros diarios que se les permite a los depositarios.

Los griegos se habrán dicho a si mismos que el miedo de nada sirve a un país en bancarrota, con una paro insoportable, con los jóvenes emigrando en masa en busca de mejores oportunidades y los bancos cerrados por falta de liquidez. ¿Podrían alcanzar mayores cuotas de precariedad?

Desde que fueron suspendidas las negociaciones con Bruselas la pasada semana por Tsipras, los bancos han perdido 78 mil millones de euros por extracciones masivas de sus clientes. Esto ha traído como consecuencia el llamado "corralito", un cierre a cal y canto y dejando los cajeros preparados para un límite al día de extracción. Cada persona puede sacar 60 euros, pero una vez terminado el efectivo disponible, adios y hasta mañana.

Grecia tiene una deuda de 200 mil millones de dólares y debía pagar al FMI el pasado 30 de junio 1,600 millones de euros en razón de préstamos. El ministro de Economía, Yanis Varoufakis, anunció que no cumplirían el plazo, como posiblemente tampoco puedan hacerlo con los 3,500 mil millones de euros al BCE el próximo día 20.

Varoufakis ha presentado hoy su dimisión. Con solo seis meses de ejercicio, el ministro dimisionario se había mostrado ante los acreedores con una personalidad hiperbólica y narcicista, algo desfachatado, al extremo de llamar terroristas a los integrantes de la troika. Su credibilidad resultaría nula en esta nueva etapa de las negociaciones.

Para muchos su decisión ha sido un acto cívico para no servir a Bruselas de pretexto para negarse a negociar con Atenas. Antes de irse ha dicho que Grecia ha tendido su mano y espera de los acreedores una mejor comprensión del escenario financiero a que se enfrentan los griegos.

Este es el hecho que debe encarar Bruselas porque la alternativa sería la salida de Grecia del euro y tal vez de la propia Unión Europea, con un mínimo coste monetario para el conjunto, pero con un peligro geopolítico que podría echar al país en brazos de Rusia o de China y llegaría a ser siempre la mancha que impediría la unión que se ha buscado durante tanto tiempo.

El presidente norteamericano Barack Obama ha llamado a la canciller Angela Merkel y a otros líderes europeos para sugerir una mayor flexibilidad en las negociaciones para evitar el escenario geopolítico de que Grecia gire en la órbita de Rusia. Su preocupación no va acompañada, sin embargo, de una tarjeta visa para ayudar financieramente en la solución del problema.

Mañana tendrán lugar dos reuniones cruciales. Primero la del eurogrupo y después la de los jefes de estado y de gobierno a la que asistirá Tsipras con una nueva propuesta. Dicen que pedirá la reducción de un 30% de la deuda porque ahora mismo el problema no es solo de liquidez sino de solvencia.

El problema de Europa es que carece de talentos en el equipo económico-financiero encargado de aplicar la austeridad desmedida y no están los mejores líderes entre los jefes de estado y de gobierno para enfrentar con visión de futuro -como diría De Gaulle- las complicaciones derivadas de la política y la gobernanza. 

Una salida griega del Club haría inevitable el efecto contagio sobre otros pueblos cansados también de tanta austeridad, que afecta a trabajadores y clases media y deja al margen a la parte social con mayores recursos. Los griegos al votar NO a la política de Bruselas han recordado sus neveras y bolsillos vacíos después de cinco años de recetas.

Los griegos han votado también por una Europa de la diversidad, de valores morales, de solidaridad, de bienestar social, y no por una basada solo en el dinero y en la rapiña de los mas ricos sobre los más pobres dentro de la misma Unión como viene ocurriendo de manera acusada desde que estalló la crisis económica de este siglo.

El referendo no ha cambiado de inmediato las reglas del juego a la que apelan los países que machacan a Grecia en Bruselas como si éstas fueran inamovibles. Entre los que más han golpeado a Atenas ha estado España, a punto de quebrarse en 2011, que ha salido por los pelos de una situación similar y que ahora es de las que más exigen apoyándose en el "gran sacrificio" de su población para cumplir con las recetas de la troika.

España tiene una deuda de 300 mil millones de euros, cien mil millones de euros más que Grecia.

La vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría ha dicho esta mañana que "respeta la decisión del pueblo griego", pero su gobierno debe entender que hay que cumplir con los plazos de la deuda en la que España invirtió 26 mil millones de euros.

Al ministro de Economía, Luis de Guindos, no le quedó otra, en rueda de prensa, que admitir que a la troika le ha faltado sensibilidad en el tratamiento del caso griego en lo político y en lo social y dijo que les recomendaría tomar un curso de relaciones públicas.

La economía de mercado no puede funcionar con la gente sacando dinero de los bancos porque los depósitos sirven para pedir crédito y en caso de insolvencia se entra en bancarrota con lo que Grecia sola tendría que plantearse salir del euro por la caída de la actividad.

Los griegos han votado reconociendo el enorme riesgo y responsabilidad de manejar el día a día en una nueva narrativa de unión, que es lo que expresa también el NO del referendo. 


Esta es la razón de que a pesar de la cola en los cajeros por el "corralito", se observe una calma en la población, que ha sabido reaccionar ante una situación excepcionalmente difícil y ha dado un ejemplo de democracia durante el referendo transcurrido sin conflictos. 

Fuera del corralito, que sigue su curso puesto que Tsipras no puede cumplir su promesa de abrir los bancos mañana, no hay escasez de productos en los mercados, los restaurantes y el resto de centros de ocio continúan funcionando sin problemas y la gente espera. 

El BCE deberá decidir hoy si aumenta la línea de crédito al Banco de Grecia, que ha apelado a la solidaridad del organismo para mejorar la situación de los griegos. El director Mario Draghi no lo tiene fácil si hablamos de las reglas del juego.

Lo primero que hará Draghi es ganar tiempo para dar margen a la negociación mañana, cuando están previstas dos importantes reuniones, la del eurogrupo y la de los jefes de estado y de gobierno para hablar del órdago griego.

Los griegos han mantenido hasta ahora la función de sus bancos por la bombona de oxígeno que les ha llegado de Frankfurt. Atenas no ha pagado con este dinero la deuda, sino que lo ha utilizado en mantener las pensiones y los depósitos bancarios. 

Europa está entre la sociedad griega, que apoya a su gobierno y pide un respiro, y los contables de la troika. Solo resta saber cuánto podrán aguantar los bancos griegos porque lo cierto es que Draghi carece de mandato para salirse del margen de préstamos con garantías legales y los griegos nada tienen que ofrecer.

Si Alemania sigue en su línea de presionar a Grecia hasta la extenuación, esta tendrá que salir del euro, el BCE no le dará más liquidez y aumentarán los problemas. Lo más perentorio ahora es alcanzar la normalidad financiera, hacer transacciones al extranjero y dejar de estar en ralenti como ha ocurrido esta última semana.

Europa debe ser consciente que no hay alternativa al gobierno de Tsipras. Si se convocaran elecciones, ganaría como en enero pasado, algo que ha comprendido el ex-primer ministro Andoni Samaras, quien ha presentado esta mañana su dimisión como líder del Partido Nueva Democracia, que gobernó la pasada legislatura, aplicó las recetas de la troika y perdió el poder ante Syriza. Esta coalición heredó entonces el peor escenario posible.

La realidad es que el estado jamás ha funcionado en Grecia, aunque el sentido de nación recorre todo el arco político griego. La renuncia de Varoufakis, hay que decirlo también, no cambia la postura del gobierno de Tsipras porque el no era más que su vocero. 

La Unión Europea debe volver a la razón porque sus recetas y su posición inamovible ante el drama griego resultan irracionales y es un atentado contra un gobierno elegido democráticamente. A Portugal se la pone siempre de ejemplo por lo bien que ha hecho sus deberes, pero hace unos días superó por primera vez en un 100 % el PIB, lo que demuestra lo mal que ha funcionado la política de Bruselas.

Grecia ha sido el laboratorio de las políticas de la troika durante los últimos cinco años. El FMI ha estado mirando por el mercado global y que no haya deflación y Alemania y el BCE compiten por sus intereses. 

La Unión Europea tendrá que sentarse a pensar un momento sobre la línea a seguir en cuanto a si quiere ser una unión de estados socios o de estados colonias con una fuerza principal: Alemania.

La deuda puede resultar un mecanismo disciplinario para los estados siempre que no suponga que la precariedad es un destino manifiesto en un conjunto de países que pretende equilibrar la balanza de los poderes económico y político en el mundo. Sabemos que los créditos no son inversiones sino una forma de aumentar la deuda y empobrecer al país.


Francia tiene peso y dimensión suficiente para imponerse a Alemania a pesar de su gran deuda y Francois Hollande debe analizar que si se asfixia a un gobierno democrático y europeísta como el griego será la manifestación más fehaciente de la ineptitud de los actuales líderes para negociar una salida digna para todos.

A partir de ahora, flema británica, porque todo puede irse en un segundo entre los dedos. La lógica de la épica no va a funcionar aquí por mucho que los griegos respalden a su gobierno. Se requiere un acuerdo aceptable para todos los socios y altitud de miras, que diría De Gaulle. 

sábado, 9 de mayo de 2015

¿Seguirá o no el Reino Unido en la Unión Europea?

David Cameron, el ganador.
Por Mirta Balea

Para la Unión Europea resultaría una debacle sin paliativos enfrentarse a las consecuencias de que 35 millones de británicos dejasen de formar parte del Club de Bruselas.

Desde la firma del Tratado de Roma en 1957, con el que quedó constituida la Comunidad Económica Europea (CEE) siempre se ha visto el tema de la secesión como un asunto que no afectaría demasiado, ni al euro, ni al tratado de libre circulación de Schengen u otros, ni a la recuperación económica, que enfrenta aún algunas dificultades. 

El inesperado resultado en las elecciones de este jueves en el Reino Unido que ha dado mayoría absoluta a los conservadores de David Cameron, con lo que repetirá en el cargo de primer ministro, hace presumir que mucho ha tenido que ver en la inclinación de la balanza su promesa de realizar para 2017 un referendo sobre permanencia británica en la UE y el prometido cierre de fronteras para disminuir la inmigración.

Nadie puede obviar que Cameron ha sacado al país de la recesión y elevado el nivel de vida. Así que eso ha afectado también al resultado de contar con un 36,9% del electorado, lo que pone en sus manos 331 escaños parlamentarios.

La hipotética salida de la UE tendría lugar dos años después de la notificación formal, según las normas de Bruselas. A esto se opone la City o el sector financiero, que quedaría muy vulnerable ante esa decisión.

Un reingreso de los estados salientes no se ha contemplado en las normas y en todo caso merecería de facto una renegociación, en opinión de algunos expertos. Lo que si resulta innegable es que respecto a su estatuto oficial ante el mundo, el Reino Unido quedaría en un limbo en caso de pedir la salid de la UE desde la realización del referendo en 2017 y que sea oficial dos años después.


La City londinense alberga 250 bancos europeos con 160 mil empleados. El mayor de todos, el HSBO, ha amenazado regresar a Hong Kong si el Reino Unido sale de la UE y se vaticina que el resto hará también las maletas.

Las cifras son muy desiguales a favor de Bruselas. Reino Unido aporta 12 mil millones de libras anuales a las arcas europeas, pero recibe mucho más de Europa, su mayor socio comercial, que aporta al Producto Interno Bruto británico un 5%, es decir, 78 mil millones de libras anuales. La mitad del intercambio tiene lugar con dos pesos pesados: Francia y Alemania, nada partidarios de echar por tierra lo que ha llevado tantas décadas construir.

En cuanto a su promesa sobre cortar la inmigración, en al menos 100 mil personas anuales, los extranjeros siguen siendo una cifra menor que la de los británicos que salen al exterior en busca de mejores opciones, la mayoría con destino a países vecinos y miembros de la UE.

La curiosidad mayor en estas elecciones ha sido la dimisión en cascada de los líderes de los partidos laborista, liberal demócrata y el eurófobo UKIP.

El laborista Ed Miliband, que hasta el último momento confió en las encuestas que le igualaban en voto con los toris, terminó con 48 escaños menos que en 2010.

El liberal demócrata Nick Clegg tuvo también su varapalo al perder 49 escaños respecto al 2010. El líder del UKIP, Nigel Farage, contaba hasta ahora con dos diputados y ahora solo le quedará uno.

La única que mantiene su puesto es Nicola Sturgeon, del Partido Nacionalista Escoces, que de 59 escaños se ha quedado con 56. Esto le ha hecho replantearse la posibilidad de un nuevo referendo sobre la independencia de Escocia (hubo uno en 2014 que perdieron) porque el resultado de las elecciones no inclina la balanza hacia esa decisión, así que al menos que la situación política de un vuelco inesperado, la amenaza secesionista se ha estancado de momento.

Europa no es más que dos guerras mundiales en el siglo XX, un laberinto de fronteras y pueblos construidos sobre imperios finitos y con unos nacionalismos tan complejos que hace difícil definir que país se enfrenta a cual o saber cuales lo harán en el futuro.

Hubo ampliaciones del Club entre 2004 y 2007 como colofón de conflictos iniciados con la Primera Guerra Mundial, pero aún permanecen sin resolver reclamaciones regionales y étnicas de, al menos, 12 países.

La independencia de Argelia en 1962 provocó su salida de la CEE y no se ha producido desde entonces reclamación alguna para volver. Figuró en los tratados hasta Maastricht, firmado en febrero de 1992, porque Argelia formaba parte de Francia  como Departamento, treinta años después de la liberación.

Groenlandia se fue en 1985 por referendo, aunque sigue perteneciendo a Dinamarca, miembro de la UE, por lo que no es un caso cerrado.

La unificación alemana produjo ajustes jurídicos y como en los casos anteriores hubo que retocar tratados. Un reingreso de los estados salientes, sin embargo, no está contemplado y en todo caso merecería una renegociación.

Los principales movimientos independentistas en Europa hasta 2014 están en Escocia e Irlanda del Norte, dentro del Reino Unido; Bretaña, en Francia; Flandes, en Bélgica; Padania, en Italia; y Cataluña, en España.

El derecho internacional avala dos principios incompatibles: el derecho a la autodeterminación de los pueblos y el respeto a la integridad de los Estados existentes. Escoceses y catalanes evocan el primero de estos derechos, contenido en la Carta de las Naciones Unidas, en dos resoluciones de su Asamblea General y en varios pactos internacionales.

El derecho a la autodeterminación nació y solo es explicable a través de pueblos dependientes por estar en una situación colonial o bajo una invasión militar. Así que para conlleva a minorías nacionales dentro de un Estado a no ser que carezcan de instituciones democráticas o sean tratadas con discriminación.

El contrato social no puede renegociarse cada vez que alguien le venga en gana, aun cuando tenemos el derecho a intentar superar el modo en que funciona el Estado a que pertenecemos.

 Europa no es una etnia, ni una comunidad culturalmente integrada, y no podemos pensar que vivir en un país democrático con otras culturas, credos políticos y religiosos o étnicos nos da el derecho a prescindir del diálogo y la negociación para entendernos.

El concepto de ciudadanía en democracia no radica en una identidad nacional, sino en la socialización a través de una cultura política común con iguales derechos y deberes para todos.

La aldea  o sociedad global como se ha dado en llamar a esta forma compleja de vida desarrollada por los humanos no garantiza la homogeneidad, más bien lo contrario. Pertenecer a una minoría no denigra si se tienen iguales derechos, como deberes, sin discriminación.

En Europa coinciden, en la actualidad, lo importante y lo urgente. Los populismos se alzan en el norte inclinados a la derecha y en el sur a la izquierda y nos dan dos aspectos del futuro continental.

De un lado persisten los austeros a ultranza, que solo buscan salir de la crisis, controlar las cuentas, pagar la deuda a como dé lugar, y del otro, la destrucción del proyecto europeo porque si hay que sufrir tanto no vale la pena.

Los radicales intentan agruparse. El Frente Nacional, de Francia, intenta llevar a su seno a los holandeses e italianos, y el UKIP británico a los nórdicos. Tanto si son ultraizquierda como derecha extrema, tienden a acabar con todo lo que no les gusta e instalarse en el tren ignorando al resto de pasajeros.

La inmigración, el desafío de acabar de fraguar la unidad continental y el ascenso de las fuerzas eurófobas han dejado su impronta en la mayoría de elecciones realizadas en los países europeos en los últimos cinco años.

La estrategia Cameron de tocar dos aspectos vulnerables como la salida de la UE y la inmigración le ha valido, y mucho, ganar por mayoría las elecciones. Otra cosa es si podrá cumplir con sus compromisos ante los británicos.