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domingo, 12 de enero de 2014

Sudan y Sudan del Sur: las cuentas pendientes





Por Mirta Balea

El petróleo y el gas natural son recursos limitados no renovables. La humanidad ha consumido la mitad de los hidrocarburos del planeta y las reservas dan a lo sumo -según los expertos- para otro cuarto de siglo.

Los centros financieros y de poder político en el mundo intentan escamotear la verdad, quizás para darse tiempo a encontrar otras fuentes de energía, y arrojan la esperanza de que las existencias dan para otros cien años.

El mundo consume hoy entre cuatro y seis barriles de petróleo por cada nuevo. Hemos sobrepasado ya el límite de producción y descubrimiento de petróleo y ahora no solo lo necesitan en grandes cantidades las potencias tradicionales, sino que India y China han entrado en el bote.

La perspectiva de que la guerra en Sudán se siga extendiendo y prolongando y entren en la ecuación factores como los rebeldes dirigidos por Riek Machar en las regiones donde se concentra la mayor cantidad de petróleo del vasto territorio dividido, nos plantea la pregunta de ¿hasta que punto podrían los intereses en juego manejar una intervención desde el exterior para proteger ese recurso?

Lo primero es que las secesiones, en nuestro mundo conocido, tienen lugar solo en países miserables, con un paro galopante y abundantes en conflictos étnicos y religiosos y en las que hay grandes recursos naturales.

Ese es el caso de Sudán, el país más extenso de Africa hasta junio del 2011 cuando las partes en conflicto, con dos guerras civiles a cuesta, dieron el paso de independizar el Sur, que ha demostrado no tener la infraestructura necesaria para garantizar a su población la seguridad y el bienestar requeridos.

Las guerras civiles  sudanesas desde que el territorio dejara de formar parte de Gran Bretaña en 1956 han enfrentado al Norte, islámico y árabe, con el Sur, cristiano y formado por comunidades negras.

Hablamos de un territorio que fue potencia regional por sí misma durante muchos años y cuyos problemas no pueden ser resueltos al estilo de otros países africanos.

Sudán ha contado y cuenta con petróleo, un bien finito y muy cotizado por Occidente, China, India, Japón, Malasia, y aquí paro para no hacer demasiado larga la lista.

Tiene además una base agrícola nada desdeñable, acceso al gran río Nilo (que en Etiopía y Sudan se le llama Azul) y figura en el punto estratégico de confluencia de Africa con Asia.

Esto explica que en las conversaciones iniciadas en Addis Abeba (Etiopía) el pasado tres de enero entre las autoridades del Norte (capital Jartum) y del Sur (capital Juba), el tema principal sea cómo contener a los rebeldes de Machar y proteger el suministro de petróleo y su exportación a cualquier precio.

Si bien la paz entre ambos lados del Sudan está muy lejos de instaurarse, ahora el "coco" es Machar. El representante chino en las conversaciones de Addis Abeba ha apostado públicamente por alcanzar un pacto para poner fin a la violencia y alega preocupación humanitaria.

La mayoría de los yacimientos pertenecen al Sur o están en la frontera en conflicto en las regiones de Kodorfan Sur y Nilo Azul, aun controladas por Jartum, pero la salida a los mercados depende del oleoducto ubicado en el Norte y que desemboca en Port Said.

El Sur suspendió la producción perjudicándose a sí mismo para forzar al Norte a rebajar sus aspiraciones sobre el peaje de 36 dólares por barril a poco menos de un dolar y mira ahora hacia Kenia para construir otra salida para el crudo por Mombasa.

A los chinos, indios y malayos, con un buen porcentaje de la producción petrolera sudanesa, les desagrada sobremanera la idea de un oleoducto vía Mombasa. Prefieren controlar el crudo dentro del propio territorio de su producción y sacarse de encima a los fastidiosos rebeldes.

En este mundo globalizado, el tiempo de reacción ante hechos inesperados es cada vez más estrecho y las superpotencias se quedan rezagadas, como se ha comprobado ya en el desenlace de la llamada primavera árabe. Me refiero a las tradicionales, como Estados Unidos, Gran Bretaña y la propia Unión Europea en su conjunto.

Ahora las que hacen valer su criterio son China e India, potencias no tradicionales en la región, en el llamado grupo BRIC o emergentes, y, en el marco internacional, la Unión Africana (UA), que antes se mantenía como la cenicienta del cuento frente al empuje de la Organización de las Naciones Unidas.

Los sudaneses de ambos lados están en desacuerdo conque las potencias tradicionales metan mano en sus asuntos y prefieren la mediación de la UA. No les queda otra que soportar el peso de China porque la China National Petroleum Corporation controla un 40% de los consorcios petroleros de ambos lados de la frontera y, sobre todo, las exportaciones.

El prestigioso diario, especializado en economía, Financial Times, publicó el pasado día 7 un artículo de William Wallis, titulado Cheerleaders' naivety laid bare as South Sudan unravels (a continuación les paso el link por si quieren leerlo, otra cosa es que puedan hacerlo sin pagar) y culpó abiertamente al Sur de todo lo que está ocurriendo.

http://www.ft.com/intl/cms/s/0/8c3b610c-76f6-11e3-a253-00144feabdc0.html#axzz2qBG0vrVI

Ha recordado que en pasadas crisis, cuando el país no se había dividido aún, resulta fácil culpar a Jartum y deja entrever que, en la situación actual, la responsabilidad cae  sobre el presidente del Sur, Salva Kiir, y de Machar, porque se trata de una lucha por el liderazgo y el poder.

Puede. En cambio me pregunto ¿por qué en Addis Abeba se busca, bajo los auspicios de la UA y con representaciones de China, India y otros, una solución a la rebeldía de Machar antes de entrar a analizar las posibilidades de un acuerdo permanente sobre el peaje del petróleo? Y el bando de Kiir ha accedido a negociar, a pesar de que para su economía lo más importante es lograr esto último.

Financial Times y su comentarista hablan de corrupción en el Sur, a la que achacan toda la problemática social y económica del nuevo país, miembro 193 de la ONU de pleno derecho, y que era, cuando alcanzó la independencia, y sigue siéndolo, la zona más pobre del mundo.

El artículo obvia recordar que en 1989 Omar Hasan al Bashir, actual presidente del lado Norte, dio un golpe de Estado e impuso la ley islámica o sharia, suprimiendo los credos ajenos, fragmentando a la oposición política y colocando el sistema de justicia y la propia independencia del país en manos de esas normas medievales.

Fue el momento en que las élite árabes avanzaron como un torrente sobre las tierras sudanesas y desposeyeron a los campesinos del sur de su medio de vida, lanzándolos a la diáspora.



Negociadores en Addis Abeba



También se obvia que las élites árabes contaron en todo momento con el apoyo de Jartum para llevar a cabo sus fechorías de hacerse con la minería, la madera y otros recursos naturales, llegando a promulgarse una ley del suelo para favorecer el expolio.


Los árabes formaron milicias, que cometieron innumerables atropellos ante la mirada silenciosa de Jartum, para impedir a las huestes campesinas volver a sus tierras, lo que dio inicio a la etapa de la rebelión.


Kiir ha preferido sentarse a pactar la eliminación de Machar, que como él no es un líder regional sino tribal y controla el Kordofan Sur y las montañas nubias con el 95% de los yacimientos petroleros, en lugar de alcanzar con éste un acuerdo para enfrentar juntos al Norte.


Las luchas entre líderes tribales ha sido el síndrome de Africa, cuyos países adolecen de un concepto desarrollado de nación a pesar que la descolonización del continente tuvo lugar a mediados del pasado siglo y muchos alcanzaron la independencia por esa vía.

La delineación de gran parte del mapa de Africa en la actualidad fue acordada en 1899 entre los colonialistas franceses y británicos al trazar la línea de la cuenca hidrográfica divisoria de los ríos Nilo y Congo.

No hay que ser un erudito a estas alturas para saber que las naciones van a la guerra por períodos largos con argumentos mentirosos, como pasó a los largo del siglo XX. Así que más vale no ponerse del lado equivocado del cañón de una pistola.

La guerra del Golfo permitió a Estados Unidos establecer muchas bases militares en Arabia Saudita, Emiratos Arabes y otros estados de la zona. Pero de lo que no se habla demasiado es de los enormes intereses petroleros, bancarios y militares aparcados tras el estallido de los conflictos.

Wallis tampoco menciona que Bashir está siendo procesado como criminal de guerra y ha sido sancionado por las Naciones Unidas, donde China ha dado su aprobación para esto, a pesar de que, como parte interesada del conflicto, se escora más a que Jartum lo controle todo.

Las autoridades del Sur siguen sin frenar los desencuentros étnicos y en la actualidad enfrentan protestas populares por la falta de seguridad y bienestar dentro de un inquietante escenario belicoso y fragmentado, mientras la comunidad internacional, incluida la UA, nada hace para impedir que el conflicto vaya a más.

Como en 1899, el territorio sudanés, foco tradicional de armas, drogas y con esas reservas petrolíferas, resulta también una base de desestabilización  de otras naciones africanas.

Otra cuestión que contribuye a aumentar la inestabilidad es que faltan por trazar y demarcar unos 5 mil kilómetros de frontera, dentro de éstos, 8 kilómetros que deberán desmilitarizarse si se pretende encontrar una convivencia razonable.

Las conversaciones de Addis Abeba no parece que vayan a centrarse en estos aspectos y cuando en la prensa aparecen comentarios como el de Wallis aumenta la confusión entre quienes desean saber mas sobre el conflicto.


Si se logra sacar a Machar de la ecuación, en lugar de que el Sur llegue a un acuerdo con los rebeldes, se volverá a la casilla de salida. El Norte continuará con sus exigencias y el Sur seguirá inmerso en su pobreza y quizás, al final, pierda la independencia porque la gente necesita alimentarse y tener seguridad para seguir en la brecha.

El programa de reconciliación propuesto no va encaminado a lograr la estabilidad entre las dos partes, que forman hoy Sudán, sino a mantener incólumes los intereses en la producción y exportación del petróleo, aún a costa de más vidas y miseria.

Hay que decirlo con claridad. La apertura de mercados de exportación en Port Said aumenta la resistencia de las potencias a seguir la política de sanciones económicas contra el Bashir, que seguirá controlando las regiones del Nilo Azul y Kordofan Sur, a pesar de los rebeldes, que se lo ponen muy difícil, es cierto.

Estas son regiones pobladas por etnias negroides africanas como los nuba, cuyo lider es Machar, sometidas a bombardeos del Ejército regular de Sudán. Hasta se han divulgado imágenes de fosas comunes indicativas de posibles matanzas de civiles.

De las consultas populares en esas zonas para decidir de qué lado quieren estar nadie habla, aunque están contempladas en el acuerdo del 2005.

El Sur se ha definido como una República democrática, multiétnica, multirreligiosa, multicultural, multilingüe, con separación Iglesia y Estado y la igualdad de derechos entre hombres y mujeres y eso nadie lo valora.

El Norte y Centro se arabizaron en el siglo XV, convirtiendo al Sur en su fuente de esclavos y riqueza sumiendo a la población en la más absoluta pobreza y dando paso a las luchas internas en dos importantes períodos, y así pretenden seguir a pesar de la división. 

lunes, 24 de octubre de 2011

Libia: muerte de un dictador

 Por Mirta Balea

Con el corazón en un puño, sin poderse creer la suerte que tenían, los revolucionarios libios atravesaron la carretera hasta un terreno yermo y llegaron a un enorme desagüe en el que un hombre con capucha y larga túnica pretendía esconderse: era Muamar el Gadafi.

Tras un encontronazo en plena carretera con los seguidores de Gadafi. los rebeldes dieron con él y lanzaron un grito de victoria. No hubo piedad para quien gobernó con mano de hierro, extravagancias, corruptelas y baladronadas durante 42 años. Lo ahorcaron, le dispararon en el pecho y en la cabeza y al final, el hombre que vivía ajeno al odio que despertaba, sucumbió a su obnubilación.

Un video distribuido en la red da cuenta de sus últimos y desesperados momentos, porque hasta un hombre que roba a sus propios compatriotas y los masacra sin denuedo por aferrarse al poder, puede tener tambien miedo ante una turba enardecida y que lleva un mes buscándolo.

Muchos recordarían la muerte ominosa de Benito Mussolini, el Duce italiano, cuyo cuerpo fue arrastrado por otra turba, que clamaba también justicia al finalizar la II Guerra Mundial, y que luego de matarlo lo colgó por los pies como escarnio público, junto a su amante Clara Petacci.


El curriculo de ambos hombres resulta muy similar porque durante su tiempo en la tierra habían despertado el deseo de venganza de sus compatriotas, que reposa en el lado oscuro del ser humano.

El cuerpo de Gadafi no fue arrastrado, pero sí exhibido en Misrata. Podrían haberlo colocado junto a los cadáveres descubiertos hace apenas un mes en una fosa común en Tripoli de presos asesinados durante su régimem en la cárcel de Abu Salim.

No se les habría podido encontrar, como a otros de los que no se tienen noticias, sin las informaciones brindadas al Consejo Militar de Tripoli por personas próximas al dictador y que incluso habrían participado en la matanza.

El numero de cadáveres hallados es de 1.270 y aunque el nuevo gobierno no dispone de medios para poder identificarlos al haber sido rociados con productos químicos, al menos no han pasado inadvertidos en medio de un conflicto, que hace palidecer tales descubrimientos.

Han muerto 25.000 libios y unos 60.000 han resultado heridos durante los ocho meses de guerra civil, que han llevado al colapso económico y han arruinado las infraestructuras para el comercio, haciendo peligrar la riqueza petrolera de la nación.

Libia es el cuarto mayor productor de petróleo en África, con las mayores reservas del continente, tras Nigeria, Argelia y Angola y tiene en sus manos un 2% de la oferta mundial, por lo que ocupa el noveno lugar a escala internacional.

Con razón la evolución del conflicto está siendo monitoreada por la Unión Europea y Estados Unidos, altos consumidores de petróleo. El continente europeo tiene a Libia como su principal proveedor por su cercanía geográfica.

Quienes tenían la encomienda de proteger al ex-líder libio rindieron armas ante los revolucionarios, aún cuando Sirte se planteaba como un inexpugnable bastión gadafista, pero incluso allí pudieron dar con él.

Sirte, en la costa sur del Golfo de igual nombre, creció como ciudad al calor de la II Guerra Mundial del siglo XX, tras haber sido construida por los italianos colonizadores de Libia sobre una fortaleza de los no menos usurpadores otomanos.

Pero la autenticidad de todo el conflicto y sus posibilidades de insertarse en un mundo moderno y civilizado, con una sociedad civil dinámica, está aún por verse.

Gadafi y su sola causa de mantenerse en el poder a como diera lugar ( tal y como ocurre en estos momentos con Bachar al Assad en Siria), al extremo de proclamar que moríría luchando y lograrlo al final, buscó en su ciudad natal el lugar donde acantonarse con sus huestes, esperando con ilusión que “su pueblo entrara en razón”, porque quienes le hacían la guerra no eran más que “un puñado de terroristas”.

Cuando hace un mes, la rebelión, iniciada en febrero de este año, logró entrar en el “bastión” de los gadafa las cosas empezaron a torcerse para el dictador y aún así insistió en quedarse, aunque una buena parte de su familia y acólitos se marchara. Loable cometido de principios, si no se le hubiera escuchado pedir que no lo mataran, algo que, sin embargo, no hizo Mussolini en el momento más terrible de su vida.

Rebeldes en Sirte
Los rebeldes porfiaban que no habría “una nueva Libia” hasta que el ex-dictador de las lujosas carpas fuera capturado y muerto.

El viento ha ido alimentando todo este tiempo el rugido del fuego destructor de hombres dispuestos a dar la batalla hasta el final como termitas salidas del fondo del abismo. Después de dar muerte al dictador, el humo y las llamas parecen haberse disipado, en cambio puede verse con más claridad el suelo manchado de sangre.

El Consejo Nacional de Transición (CNT), en una ceremonia en Bengasi, la ciudad desde la que partió todo, ha proclamado al mundo entero que “hemos liberado nuestro amado país, con sus ciudades, pueblos, colinas, montañas, desiertos y cielos” ( con ayuda de la Organización del Atlántico Norte (OTAN) habría que agregar).


La hoja de ruta para un gobierno de transición del CNT se dio a conocer en agosto pasado. El documento prevé que en 8 meses, tras la liberación, será elegida una Conferencia Nacional para elaborar una Constitución y convocar elecciones en un plazo de 24 meses.

Los buenos propósitos no son suficientes para encarar una Libia pos-Gadafi. El último informe de Amnistía Internacional muestra que los rebeldes han secuestrado, arrestado, torturado y matado a seguidores del régimen derrocado y, sobre todo, a los mercenarios sud-saharianos contratados por el dictador para ayudar a masacrar a la población .

Muchas de estas acciones entran en la calificación de crímenes de guerra, de acuerdo a las declaraciones internacionales reconocidas por la Organización de Naciones Unidas (ONU) , incluida la propia muerte de Gadafi. 

No puede decirse que el CNT no haya condenado abiertamente los asesinatos, pero un cierto grado de control por parte de las autoridades no vendría del todo mal, sobre todo porque hay muchos “gadafistas” presos, cuya suerte peligra, a no ser que se imponga un estado de derecho.

En una guerra se hacen atrocidades con las que tienes que vivir después. Pero hay elección, porque la gente quiere sentir que tiene control sobre su vida y necesita una inyección de esperanza y optimismo sobre el futuro.

Hay una gran cantidad de armas en circulación en el país y el número de proyectiles y explosivos excede con mucho lo necesario. El secretario general de OTAN, Anders Fogh Rasmusen, ha señalado que Libia debe pasar página y sus ciudadanos prepararse para decidir su futuro.

Libro verde en ingles y ruso
Rasmussen ha dicho también que la Alianza ha cumplido el objetivo de “escudo protector” contenido en la resolución 1973 de la ONU, cuando se dió el pistoletazo de salida a la decisión de las grandes potencias de proteger a los civiles de las armas de Gadafi a partir del 17 de marzo último. En la primera ofensiva, en Ajdabiya, murieron decenas de simpatizantes del régimen.

Los jóvenes que se alzaron en armas contra el régimen, sin experiencia ni entrenamiento, sorprendieron al mundo cuando conquistaron el este libio y pusieron en Bengazi a su representación, el CNT. Un golpe de efecto que dió sus frutos, pues fueron muchos los miembros y fuerzas armadas del régimen que quisieron pasar a las filas rebeldes. Los más notorios, los ministro de Justicia y de Interior, Mustafá Abdeljalily y Abdel Fatah Yunes.

Francia fue el primer país en reconocer oficialmente al CNT como “único representante del pueblo libio" y tras este paso vinieron otros 25 países.

La Asamblea General de la ONU aprobó el mes pasado una petición del CNT para que se acreditara a sus enviados como únicos representantes de Libia en el organismo mundial.

La guerra conoció de un bucle sin salida de conquistas y reconquistas de ciudades, de altos al fuego por parte de Gadafi, que luego eran violados, hasta que el 20 de agosto los rebeldes entraron en Trípoli y se hicieron con el control de la capital en menos de tres días. Sirte ha sido solo el escenario final de la contienda.

Las bibliotecas memorizan no para alguien sino de alguien. Así que en adelante, cuando se consulten libros sobre quien fue Gadafi y por qué murió de la manera que lo hizo, se valoraran, con la perspectiva que da el tiempo, varios elementos a cual más importante.

Cuando alcanzó el poder, quería comerse el mundo y era respetado por los libios por sus enfrentamientos con las potencias occidentales e Israel. Con el lanzamiento de su libro verde, para la creación de la República Yamahiriya, pareció abandonar toda función oficial, aunque todos sabían, dentro y fuera, que era quien mandaba en el país.

Se revistió de una aureola de “líder fraternal y guía de la revolución” y destruyó sistemáticamente todas las instituciones políticas existentes hasta ese momento en el país.

Invirtió millones de dólares en la Unión Africana y frenó su intervencionismo en el continente mientras fue presidente de la Organización. Este organismo resultó en los últimos días de su vida el único que le tendió la manó, lo apoyó e incluso pretendió que los rebeldes se tragaran que podria ser un interlocutor válido en la solución del conflicto.

La teatralidad de Gadafi llegó a rozar el ridículo cuando en 1988 llevó un guante blanco en la mano derecha para de ese modo evitar estrechar “manos manchadas de sangre”, justo en el momento en que vestía el traje de paria internacional por su vinculación con los atentados contra sendos aviones, uno norteamericano en Lockerbie, Escocia, con resultado de 270 muertos, y otro francés en Niger con 170 muertos.

Para sorpresa del mundo en 2003, pagó multimillonarias indemnizaciones a los familiares de la víctimas y anunció a bombo y platillo que renunciaba a cualquier vínculo con actividades terroristas y a sus programas secretos de armas de destrucción. Occidente pareció perdonarle sus pecados cuando sacó la lista de buenas intenciones de su chistera. Paris en 2007 y Roma en 2010 lo recibieron con todos los honores.

Continuó ignorando lo que ocurría en casa, mientras se paseaba por el mundo buscando el perdón universal, siempre que no se le exigiera la renuncia a su poder omnímodo, algo que no hicieron entonces los líderes mundiales.

 
Desde que proclamara en 1977 la República de Masas o Popular, gobernada por comités locales elegidos, Gadafi parecía armado únicamente de su escudo de Guía, pero muchos analistas insisten en que desde entonces ni siquiera puede considerarse a Libia un estado, sino un conglomerado de tribus unidas por el dinero del petróleo, las influencias y las prebendas.

El nuevo estilo de gobierno descuidó deliberadamente la formación de un ejército y en su lugar se constituyeron fuerzas, que solo respondían y defendían a Gadafi, dirigidas por miembros de su clan, los gadafa, u otros como los magharabia o warfalia o por personas dentro de su estrecho círculo de fieles.
Mustafa Abdel Jalil
Los 6 millones de libios han perdido con Gadafi un elemento aglutinador para hacer frente a las graves divisiones regionales, étnicas y tribales en el país y a las diferencias entre islámicos y laicos. El CNT lanza mensajes de unión y reconciliación en la nueva etapa, pero resultan insuficientes y muestran el camino de la ingente tarea que se avecina.

La ceremonia en Bengazi empezó con una lectura del Corán y luego el presidente del CNT, Mustafá Abdel Jalil, anunció que “como nación musulmana, hemos tomado la sharía (ley islámica) como fuente del derecho y cualquier norma que contradiga los principios del Islam es nula a todos los efectos”.

El primer ministro Mahmud Yibril ha dicho que no seguirá en el gobierno y el motivo no es otro que la presión de la que ha venido siendo objeto, como musulmán moderado, dentro del CNT por parte de los salafistas, la rama más radical del Islam, que tiene intenciones de  aprovechar la coyuntura para hacerse con una autoridad retrógrada, al estilo de Irán.

Las revueltas y revoluciones árabes han demostrado este año que quienes sostienen la bandera del Islam desean contraponer la visión religiosa a la liberal. Cada vez parece más cercana esta posibilidad en los epicentros de la convulsión: Tunez, Egipto y, ahora, Libia.

Eso que han dado en llamar “la primavera árabe”, parece haber generado un político de nuevo cuño entre los islámicos, capaces de aceptar un estado en el que se hable una lengua similar a la del Partido Justicia y Desarrollo, del primer ministro turco Recep Tayip Erdogan.

Hay también esperanzas en que las recientes visitas del propio Erdogan, del presidente francés Nicolas Sarkozy, del primer ministro británico David Cameron, de la secretaria norteamericana de Estado, Hillary Clinton, y de otras autoridades occidentales, traigan consigo acciones políticas de cooperación para fortalecer no solo los vínculos económicos, sino para ayudar en la reconstrucción del país y a que no se pierdan los aires liberales y democráticos de muchos de los participantes en esta etapa histórica de los países árabes.

Túnez celebró este último domingo sus primeras elecciones tras el derrocamiento popular el 14 de febrero del presidente presidente Zin El Abidin Ben Alí en las que ha resultado vencedor el partido islámico Ennhada o Renacimiento.

La participación del 90 por ciento de siete millones y medio de tunecinos llamados a las urnas parece ser un reflejo de la toma de conciencia de la población respecto a su destino, pero para Occidente el ascenso islámico es motivo de preocupación. El partido Ennhada, dirigido por Rachid Ganuchi, ha declarado, sin embargo, su intención de establecer un estado democrático.

El arzobispo de Túnez ha puntualizado que los cristianos nunca han tenido problemas y no los tendrán en el futuro y como la mayoría de sus conciudadanos cree que cualquier situación de peligro quedará diluida por el hecho de que los islámicos tendrán que gobernar en coalición con otros partidos en la nueva Asamblea Legislativa.

Como Erdogan en Turquía, Ganuchi quiere crear un Estado musulmán próspero y democrático liderado por un partido religioso, que actúe dentro de un sistema de libertades. Es una corriente de la que participan Abdel Moneim Abu el Fotu, ex-líder de los Hermanos Musulmanes y candidato a la presidencia de Egipto, y Ali Salabi, tal vez el político islámico más importante en Libia, partidario de “evitar la sola aplicación de la ley islámica”.

martes, 30 de agosto de 2011

Libia: guerra y paz.



Por Mirta Balea


Seis meses son muchos meses para quien pelea en una guerra. Pasado ese tiempo, con los rebeldes triunfantes en Trípoli, nadie sabe de momento quién será el emperador de las fronteras seguras, de la construcción y reconstrucción en una Libia devastada por las partes en conflicto.

Con la entrada la pasada semana de los rebeldes en la capital y sus fuerzas dispuestas a tomar Sirte, ciudad natal de Muamar el Gadafi y, al parecer, su último bastión, la guerra parece tocar a su fin, aunque el Consejo Nacional de Transición (CNT) ha alertado al mundo sobre la crisis humanitaria cernida sobre la población y la necesidad de que no cese la ayuda militar de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) hasta apresar al dictador.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) autorizó en marzo último el uso de la fuerza para proteger a la población del poder militar del dictador. De los 15 países miembros del Consejo de Seguridad, 10 aprobaron la moción y cinco votaron en contra o se abstuvieron. Entre estos últimos, los no permanentes, Brasil, India y Alemania, y entre los permanentes, se opusieron Rusia y China.

La resolución posibilitó la imposición de una zona de exclusión aérea, que incluía ataques, pero vetaba la entrada de fuerzas extranjeras a Libia para dejar a los nacionales luchar por sí mismos contra el dictador. Algunas voces, como las de representantes de Venezuela y de Cuba, se han alzado para considerarlo una "injerencia en los asuntos internos del país", un concepto defendido con vehemencia por la mayoría de dictadores, incluído Gadafi en su momento.

Trípoli, con un millón 690 mil habitantes es la principal ciudad del país, y no solo porque sea la capital y allí estén el Gobierno central y la Administración del Estado, sino porque lo era para toda Africa desde los romanos. Julio César se apoderó del territorio en el 146 a. de C., cuando cayó con todo su poderío sobre Cartago y se abrogó las posiciones fenicias en el continente llamado negro.

Bañada por el Mediterráneo, cuenta con el principal puerto marítimo y es centro comercial y fabril del país, pero además, es moderna, llena de contrastes; pequeñas calles compiten con amplias avenidas bordeadas de palmeras; se pueden visitar muchos sitios, como las ruinas romanas, el arco de Marco Aurelio y el castillo rojo, construido artesanalmente de ladrillo rojo. Hasta hace muy poco podías toparte con una imagen del Gran Dictador a cada paso. Los inmensos edificios destacan sobre un mar de casuchas, que, si sigues su sinuosidad, te llevan directo a la costa.

En esta batalla, en la que la OTAN ha debido reforzar la acción rebelde porque el régimen utilizó todo su poderío militar contra su pueblo, Gadafi ha perdido mucho más que su orgullo convertido en imagen, ahora desgastada y sin valor, pero un detalle que hacía más creíble la mentira sobre un pueblo en realidad rico en petróleo, con una población pobre.

Gadafi alteró el nombre del país, izó una nueva bandera y sustituyó la Constitución; destruyó el ejército profesional e instauró milicias fanáticas, de ahí la necesidad del apoyo de la OTAN, algo que no resultó necesario en Túnez y Egipto, que cayeron antes y donde las élites militares tomaron las riendas de la transición.


La ONU ha llamado al orden al CNT, tan necesitado en estos momentos de un mayor reconocimiento internacional y de dinero,  y a "todos los que ostenten posiciones de autoridad" para que se ponga fin a las ejecuciones sumarísimas, en esta parte decisiva del conflicto, casi a las puertas de un proceso de reconstrucción nacional.

El Grupo de Contacto para Libia ha tomado la decisión de reunirse el día primero de septiembre en Paris para acelerar los planes de ayuda financiera cuando la población libia sale a la calle en busca de comida y combustible y sufre un desabastecimiento de agua en la capital, provocado por el tirano en su retirada, al cortar el suministro de un tramo de la red de acueductos llamada el Gran Rio Artificial, que lleva el líquido vital desde los fósiles del desierto a las ciudades costeras desde 1982.

El Grupo de Contacto reune a representantes de miembros de la OTAN, de la Unión Europea (UE) y la Liga Arabe, junto a  otros estados.

El presidente francés Nicolás Sarkozy y el primer ministro británico David Cameron podrían viajar a Libia, pero nunca antes de la reunión del jueves en Paris. Una información oficial del gobierno de El Elíseo dio a conocer el encuentro la pasada semana con el primer ministro del CNT, Mahmud Yibril.

La ONU, según se ha conocido extraoficialmente, planea realizar elecciones en 9 meses. Un equipo encabezado por Ian Martin, ex-director de Amnistía Internacional, ha recomendado el desplazamiento también de 200 observadores militares y 190 policías para asesorar a las fuerzas libias en este cometido. Pero antes, habrá que hacerse con Sirte y capturar al tirano.

Lo que la gente hace con el poder es lo que los vuelve buenos o malos y el deseo de venganza siempre acompaña a los vencidos, por eso se han encontrado cadáveres con balazos en la nuca, al estilo ejecución, y con las extremidades y manos desfiguradas por las aberrantes torturas. Al propio tiempo, en menor medida, también cuerpos de soldados gadafistas con tiros en la sien y maniatados en medio de una rotonda.

A Gadafi le quedan aún algunos ases en la manga en forma de dinero y oro para comprar voluntades, lo que ha permitido a su esposa y a dos de sus hijos cruzar en las últimas 24 horas la frontera rumbo a Argelia, según ha confirmado un vocero del ministerio de Asuntos Exteriores del vecino árabe. El CNT ha protestado por ese asilo a viva voz.

Tripoli

El ministro de Información del gobierno provisional, Mohamed Shamman, advirtió al mundo que quien dé asilo al dictador, a su familia o a sus acólitos será considerado enemigo del pueblo libio. Una advertencia que le resbala a países como Nicaragua y Venezuela o a la propia Argelia decantados desde el principio por el bando de Gadafi.


A los rebeldes no les ha importado repartir golpes a los detenidos, sobre todo a los mercenarios contratados por el dictador y conducidos a improvisados cuarteles en Trípoli. En Agadez, en el norte de Níger, frontera sahariana de Libia, un grupo de jóvenes contratados por el régimen ha decidido súbitamente no traspasar el límite y quedarse en casa.


Los integrantes de la fuerza combatiente contra el sátrapa vienen de hogares pobres, que han puesto en el orden del día para derrocarlo la máxima de que puedes recibir todo el entrenamiento del mundo, pero el valor no se enseña. Son, en su mayoría, jóvenes incultos, que han vivido airados, con la sensación constante de ser engañados, creyendo que siempre les toca pagar demasiado en un trapicheo eterno, y se la tenían jurada al hombre que dirigió Libia durante 42 años como si fuese una propiedad personal.

Si te encuentras en la oscuridad, solo puedes esperar acostumbrarte a ella y la dictadura bajo la que han nacido y crecido al menos dos generaciones de libios no resulta la mejor escuela para que se entiendan apropiadamente los derechos humanos, más importantes que cualquier confuso sentimiento de justicia y resarcimiento, porque la justicia retributiva hay que buscarla en los tribunales.

A Gadafi, con un proceso abierto en el Tribunal Internacional de La Haya, poco le importará que se conozca la muerte ominosa de 130 civiles y 50 rebeldes detenidos en un cuartel improvisado antes de la retirada de sus tropas, o la de 80 personas, entre ellas un niño, en un hospital abandonado, junto al que fuera su búnker en Bab el Azizi, porque el tirano tiene ya una retahila de crímenes y malversaciones sobre los que deberá rendir cuentas.

Los rebeldes dieron hoy un ultimatum a las fuerzas gadafistas en Sirte, mientras negocian con los clanes, que hasta ahora han apoyado al dictador. Resultan conversaciones difíciles, porque Gadafi basó su poder en someterlos y funcionó mientras la población aceptó el estado de cosas. Lo que resulta indudable es que el balance de poder lo decidirán los líderes tribales, en un desenlace diferencial respecto a Túnez y Egipto.

El primero de los 150 clanes del país en apoyar a las tropas rebeldes fue Warfalia, a la que pertenece una sexta parte de la población y cuya postura contribuyó a la deserción en masa de los diferentes ministros y socios del dictador, acto que ha terminado por inclinar la balanza en su contra.

Gadafi creyó en un principio que le serían fieles hasta la muerte, pero en la batalla por Trípoli, la semana pasada, muchos clanes decidieron cambiar de bando. Sus jefes piensan en formar parte de la era pos-yamahiriya por lo que no quieren equivocarse a la hora de tomar posiciones y hacerlo a tiempo resulta vital.

Los fieles al dictador siguen combatiendo en algunas áreas del oeste y en Sirte, en la antigüedad una de las ciudades por la que pasaban las caravanas venidas desde Africa central y una de las terminales del Gran Rio Artificial en la actualidad. Si las negociaciones no llevan a buen puerto en esa ciudad del Golfo homónimo se dirimirá la situación por las armas, en una escaramuza que podría durar diez días.


Rebeldes en Sirte


Los insurgentes han pedido a la OTAN que mantenga la presión sobre las tropas leales al dictador en Sirte, con una población de 120 mil habitantes. Para su ofensiva cuentan con los aviones de la alianza militar, que han destruido en 24 horas en esa ciudad 11 vehículos y un blindado. Entretanto, desde Roma se asegura que Gadafi y sus hijos están escondidos en Bani Walid, al sur de la capital.

El CNT, cabeza visible de los rebeldes, tiene también una complicada composición que despierta dudas en Occidente sobre su capacidad para enfrentar la tarea de dirigir Libia, en lo que se ambiciona resulte un proceso para la democracia. Dos de sus principales dirigentes políticos formaron parte del régimen en algún momento, un tercero fue al exilio en 1973 y regresó con la asonada de febrero pasado y el cuarto es un abogado al que todos miran como un hombre que juega a dos bandas.

Desde el inicio del conflicto libio, con su epicentro en Bengasi, la Organización para la Unidad Africana (OUA) ha liderado una campaña internacional para evitar el reconocimiento del CNT y en cambio ofrecer legitimidad a las acciones del dictador, abogando siempre por que se le dieran oportunidades de reivindicarse. Con la entrada rebelde en Trípoli, ha dicho ayer que solo los reconocerá si se comprometen a formar parte de un gobierno representativo de "todos los libios" y advirtió que la ofensiva sobre Sirte "solo prolongará el sufrimiento".

Entre los países africanos que han reconocido al CNT  se encuentran Nigeria y Níger.

La Liga Arabe ha tenido una postura radicalmente diferente al haber reconocido la representatividad rebelde desde el 12 de marzo último, con los únicos votos en contra de Siria y Argelia entre una mayoría de 22 países.

La UE, impulsada por Francia y Reino Unido, involucrados profundamente en el conflicto como parte de las fuerzas in situ de la OTAN, ha reconocido a los rebeldes, en tanto que allende el Atlántico, el primero en hacerlo en América Latina fue Panamá, seguida de Colombia; México se opuso a la intervención pero no a las sanciones contra el régimen, decretados por la ONU, y Brasil a las dos cosas. Ambos son miembros no permanentes del Consejo de Seguridad.

Venezuela y Nicaragua se han perfilados como posibles destinos de un eventual exilio del dictador si llega a producirse y los rebeldes no le encuentran antes. Le será poco menos que imposible evadir los férreos controles de las nuevas autoridades, aunque Trípoli cuenta con un laberinto de túneles, con sistema climatizado y habitaciones, que discurren por debajo de las numerosas casas de la familia Gadafi y que son además óptimos para las emboscadas y difíciles de controlar.

Los rebeldes se han negado a negociar con el dictador, que a través de su vocero Ibrahim Musa, mediante llamada a la agencia AP, ha puesto en la mesa la propuesta de dialogar sobre un gobierno de transición con su hijo Sadi como cabeza de sus representantes.

Cuando la captura rebelde de Trípoli era un hecho consumado, el embajador venezolano en la ONU, Jorge Valero, pidió "un alto al fuego" y "negociaciones de paz", en un paso coincidente con la oferta de Gadafi mediante Musa. Lo cierto, sin embargo, es que la guerra ha sido llevada a cabo con prudencia y ha tenido un perfil bajo. De lo que se trataba era de poner en la buena vía a los rebeldes, a falta de poder controlarlos.

Los ofrecimientos de diálogo, tanto del dictador como de sus amigos fuera del país, no podían ocultar el hallazgo de 50 cuerpos carbonizados en una cárcel improvisada de una base militar bajo la dirección del hijo de Gadafi, Hamis, quien murió hace una semana, según informaron oficialmente fuentes de los alzados en armas contra el régimen.

La capacidad diplomática de la cúspide del CNT ha contribuido en gran medida al apoyo internacional a las fuerzas rebeldes y a sembrar la necesidad de una ayuda financiera para comenzar la reconstrucción calculada a priori en unos 1.400 millones de euros. El primer ministro Yibril, un economista formado en Egipto y Estados Unidos, realiza una gira internacional para obtener fondos con urgencia.

"Primero debemos hacer frente a las necesidades básicas y más urgentes tras 6 meses de conflicto y luego empezar a reconstruir el país", ha dicho Shamia, promotor de la apertura económica de Libia cuando estuvo al frente del Consejo de Desarrollo entre 2007-2011. Su prestigio internacional parece garantizarle un papel importante en la transición.

En esta marcha incipiente de la victoria rebelde, quedan aún paredes escarpadas y precipicios abiertos a la laguna Estigia, a los lados del camino hacia el futuro por desbrozar todavía.

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