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jueves, 13 de marzo de 2014

El Papa Francisco y la Conferencia Episcopal Española.





Por Mirta Balea

El Papa Francisco, que cumple un año en el puesto, no parece tener miedo a decir lo que piensa. En este punto no se asemeja a sus predecesores, piadosos guardianes de la doctrina; sobre todo no tiene miedo a la verdad porque es probable que piense que, en un mundo de conocimiento, la verdad no tiene por qué afectar a nuestras creencias.

Tiene por costumbre conducir al rebaño cuando vacila y obligar a la curia a actuar cuando los fieles la necesitan; lo que dice se aparta de lo que han aprendido la mayoría de los fieles católicos: un saber de siglos de ignorancia, errores y contrasentidos; le gusta profundizar en lo que parecen contradicciones y poner de relieve las dificultades con las que se enfrenta la Iglesia.

Quizá por todo esto, resultaba difícil predecir hace un año, al sentarse en el sillón de Pedro, que llegaría a provocar un impacto espiritual y emocional y no solo en los católicos.

Este Pontífice, que se presenta simpático, tiene carisma y practica el acercamiento personal con talante paternal, está llamado a renovar a la Iglesia. Otra cosa es que lo dejen hacer. A otros, antes que él, no se les permitió. Desparecieron de escena, prematuramente.

El año del pontificado de Francisco ha coincidido en España con un importante relevo del presidente de la Conferencia Episcopal (CEE). Angel Rouco, un hombre árido, suspicaz, ha sido sustituido no por un cardenal, como había sido costumbre hasta el momento, sino por un obispo, Ricardo Blazquez. De 79 votos emitidos, obtuvo 60.

Resultaba el candidato preferido de la mayoría de los miembros del cuerpo episcopal porque no despierta recelos, no se le conocen enemigos y es moderado, lo que podría verse como un cambio necesario tras años de padecer a Rouco, quien disfrutó de cuatro mandatos des desde 1999, salvo un breve período, de 2005 al 2008, en que lo sustituyó Blazquez, luego nombrado vicepresidente.

Como era de esperar, Rouco se despidió sin abandonar su manera ríspida de ver la vida y lo que ocurre a su alrededor. Habló de la existencia de una cultura mundana, que arrincona a Dios en la vida privada y lo excluía del ámbito público. Hablamos de un jerarca a quien la democracia le es ajena.

El abad de Montserrat, Josep María Soler, ha sabido poner los puntos sobre las íeas sobre el papel de la Iglesia cuando participó en el debate nacional sobre la ley antiaborto del Partido Popular. 

"Los cristianos - ha dicho Soler- no podemos pretender imponer nuestra visión antropológica en la sociedad plural de hoy; no podemos pretender que la moral cristiana se convierta en ley del Estado".

Eso sería parecerse al Islam, que más que una religión, en una forma de vivir y hacer política sin réplicas. 

Blazquez
El presidente de la CEE estudió en una de las instituciones jesuítas de más prestigio, la Universidad Gregoriana, en Roma, así que sabe muy bien cuales son las líneas esenciales de Francisco. 

Blázquez supo arrancarle al presidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero, en 2007, durante su mandato en la CEE que se elevara la aportación del Estado a la Iglesia mediante el Impuesto de Renta Personal en un 37%, lo que ha garantizado la sostenibilidad financiera de la institución católica nacional. Nada menos que 700 millones de euros anuales del erario público.

El Papa, desde su llegada al Vaticano, se ha mostrado displicente con la jerarquía eclesiástica de España, renuente a las reformas, retrasada respecto a sus iguales europeos. La vocación para el sacerdocio y la de los fieles han ido mermando año tras año en la tierra de Santa Teresa de Avila.

Blázquez fue convocado por el papa Benedicto XVI para formar parte del grupo de investigadores sobre la pederastia dentro de los Legionarios de Cristo, una labor peliaguda donde las halla, y parece que, junto a sus colegas, ha logrado limpiar la orden en fecha tan cercana como los primeros meses del 2014.

Desde el principio, el nuevo presidente de la CEE ha dejado claro que sus prioridades serán las de Francisco. Puede permitirse decir esto porque ha confesado que no tiene programa.

El Papa está enfrascado en la misión de reformar la curia, a la que ha exigido mirar más a los feligreses y no tanto a la burocracia. Ha dado pasos para la transparencia en las cuentas vaticanas y ha creado la Secretaría de Economía para gestionar las actividades de la Santa Sede.

Blázquez ha dicho que entiende la Iglesia "como una casa de puertas abiertas cercana a los necesitados de apoyo, comprensión y compasión". 

Cuando Rouco convocó manifestaciones, hace más de dos años, contra la ley para permitir el matrimonio entre homosexuales del Ejecutivo de Zapatero, Blázquez no participó, como sí lo hizo el resto de la cúpula de la CEE.

Su referente, el Sumo Pontífice, muestra una total congruencia entre lo que dice y lo que hace. Sus más cercanos colaboradores apuntan que es raro el día que no llame a Caritas en busca de ayuda para alguna persona o familia.

El Papa Francisco ha dicho que "si una persona es gay y busca al Señor y tiene voluntad ¿quien soy yo para juzgar? El catecismo lo explica muy lindo, dijo tras la concentración de jóvenes católicos en julio del pasado año en Brasil: "no se deben marginar a estas personas por esa razón. Hay que integrarlos en la sociedad".
Benedicto XVI


Y a la revista jesuíta Civittá Cattolica le confesó que los sacerdotes no pueden seguir insistiendo solo en cuestiones referentes al aborto, el matrimonio homosexual y el uso de anti-conceptivos. Tenemos que encontrar- precisó- un nuevo equilibrio porque de otra manera el edificio moral de la Iglesia corre peligro de caer como un castillo de naipes.

Este Papa que vino de Argentina ha dejado de lado ese lenguaje rígido y anacrónico de sus predecesores, que pocas veces ha estado a tono con los tiempos, por el contrario, siempre varios pasos por detrás de la realidad cotidiana.

Los fieles españoles esperan que la Iglesia, con Blazquez al frente, lleve adelante cambios estructurales, transformaciones importantes. Con Francisco, el Pontificado se dirige con decisión a la renovación.

Para el Director de L'Osservatore Romano, Giovanni María Vian, "se deberá parecer al iniciado y solicitado por el Concilio Vaticano II, hace ya medio siglo, para involucrar a todos, para que la Iglesia no permanezca cerrada tras sus muros".

Ha sido este Papa quien ha celebrado por primera vez la misa de la última cena en un centro penitenciario en vez de en la Basílica de San Juan de Letrán como ha sido siempre la costumbre.

Hay una instantánea en la que abraza a un enfermo de neurofibromatosis y lo hace con naturalidad, para lanzar un mensaje de solidaridad a quienes se sienten excluidos socialmente y para mostrar que la Iglesia no hace diferencias. 

Ha hecho declaraciones "revolucionarias" como que estar casados solo por lo civil no es óbice para no bautizar al fruto de esa relación si los padres buscan borrar así "el pecado original"; cada miércoles, tras la catequesis semanal, baja las escaleras y se une a los peregrinos (casi 50 mil) entre los que hay enfermos y pobres; ha señalado que el amor fracasa muchas veces y que debemos sentir ese fracaso y acompañar a las personas que lo han sufrido, no condenarlos, sino caminar con ello, al referirse al divorcio, otro de los temas tabús de la Iglesia de Roma.

Siendo un hombre "jesuíticamente" conservador, no tiene intención de cambiar la doctrina eclesiástica secular, pero ha cambiado radicalmente la forma de afrontar los problemas de la gente y sobre todo ha marcado el fin de la Corte Pontificia.

Blázquez deberá estar atento a la reforma de la Curia que tiene entre manos Francisco, encaminada a que el Vaticano ceda poder ante las iglesias locales.

El viaje a Jerusalén, que ha debido suspender, habría resultado sin dudas un puente hacia el resto de las religiones monoteístas, que tienen su asiento en la Ciudad Santa. Pero ya se andará. Puede hasta que más adelante lleve adelante su promesa de hacer una nueva teología de la mujer para darle una mayor presencia en la Iglesia.

Como ha estado haciendo el Papa durante este año, Blázquez deberá poner a la Iglesia española de conformidad con los tiempos, cambiar el tono de los documentos y la forma de actuar ante los desafíos del día a día de sus feligreses si quier recuperar los puntos ideológicos perdidos hasta ahora.

martes, 12 de febrero de 2013

Vaticano: el adiós a las armas de Ratzinger




Por Mirta Balea


El último día de este mes, Joseph Ratzinger volverá a ser un simple cardenal cuando deje de ser Papa con el nombre de Benedicto XVI. Su renuncia este lunes al mandato divino, coloca a la Curia en una situación inédita en tiempos modernos y abre la veda a la conquista del trono de Pedro, una lucha por el poder larvada y secular, pero que se tornó agresiva en los últimos años.


Colaborador fiel de su predecesor Juan Pablo II, al llegar a Papa en 2005 cambió la política sobre los casos de corrupción y pederastía en un giro de 180 grados, que dejó en mal lugar la gestión precedente. Durante un Via Crucis, pocos meses antes de su elección, exclamó: "¡Cuánta suciedad hay en la Iglesia, incluso entre los sacerdotes".


"Para gobernar la barca de San Pedro y anunciar el Evangelio es necesario el vigor tanto de cuerpo como de espíritu; vigor que en los últimos meses ha disminuído en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado" ha dicho ayer, cogiendo por sorpresa a todos, durante un acto rutinario programado para unas canonizaciones.


Si importante ha sido el súbito abandono de su responsabilidad, no lo es menos lo que deja entrever: que en su batalla por limpiar a la Santa Sede de pederastas y ladrones ha perdido la partida y ha emprendido una huída hacia adelante. Es buena la definición por si alguien cree aún que nada hay tan sagrado y poderoso en la cristiandad como el Pontífice romano. El que se va hibernará a 18 kilómetros, en Castel Gandolfo, hasta que finalicen las obras de un convento de recogimiento en el que permanecerá hasta el fin de sus días, probablemente.


Uno de sus pecados para los dados al complot y el secretismo fue la realización de un simposio para dar voz a las víctimas de los muchos curas pederastas, asumiendo de viva voz que éstas deben ser la prioridad del Vaticano y los responsables debían ser llevados ante el juez. Los antecedentes hasta ese momento eran la negación de la existencia de tal situación, la estigmatización de las víctimas, en su mayoría niños,  y la protección, rayando el delito, de los culpables.


El preocupante funcionamiento del Vaticano se puso una vez más al descubierto con las declaraciones publicadas del cardenal Paolo Romeo, de Palermo, durante un viaje a China en 2011, sobre un supuesto complot para asesinar a Benedicto XVI que al final quedaron en agua de borrajas o, si alguien lo cree, resultaron "mal interpretadas".


Las supuestas declaraciones de Romeo contribuyeron a traer desde el pasado las sospechas y ataques a la Curia durante la imprevista muerte de Juan Pablo I, cuyo pontificado duró solo 33 días, después de dejar entrever su interés por aclarar las opacas finanzas del Banco Vaticano, conocido por las siglas de IOR, entonces bajo la lupa de la justicia italiana.


La amenaza contra Benedicto XVI apareció en momentos en que los medios culpaban al cardenal secretario de Estado Tarcisio Bertone del traslado a la nunciatura de Washington del arzobispo Carlo María Viganó, Secretario General del Gobernatorato o ente encargado del abastecimiento y la manutención del pequeño Estado en suelo italiano.






Viganó conocía muy bien los entresijos políticos de la Curia y había logrado en su mandato excluir gastos inútiles y acabar con contratos millonarios con tufillo a corrupción, mientras se enfrentaba a Bertone, que tiene en su contra a una importante corriente dentro de la Iglesia. El descolocado por el secretario de Estado había escrito incluso a Benedicto XVI sobre la "mala gestión".


Muchos príncipes de la Iglesia reprochan a Bertone, miembro de la Societa don Bosco, los conocidos salesianos, otorgarles puestos de importancia, aunque no estuviesen cualificados, lo que a la vez le provee de una importante cuota de poder. Será el camarlengo, ocupado en los asuntos de la Santa Sede a partir del día 28 de febrero hasta la realización del cónclave a mediados de marzo.


Un consistorio realizado el 18 de febrero del 2012, en el que se nombraron 22 nuevos cardenales, qúedó opacado por embarazosas fugas de documentos internos que dejaban al descubierto dudosos manejos financieros y por informaciones de la prensa italiana sobre disputas por puestos políticos. Entonces se preparaba ya el cónclave por venir tras el próximo día 28, aunque nadie lo notara.


Poco después de este consistorio, Benedicto XVI viajó a México y Cuba, con agendas en las que destacaban las escasas apariciones públicas programadas, sin discursos políticos ni reuniones con la sociedad civil, como había sido la norma diplomática.


Marco Damiliano, vaticanista del semanario L'Espresso, escribía que "la sensación de vulnerabilidad que se ha adueñado de los dirigentes de la Iglesia no atañe solo a la salud física del Pontífice. También a su capacidad de llevar el timón de la nave de San Pedro, por una misteriosa cadena de escándalos, cartas anónimas y hasta preanuncios de muerte".


El Osservatore Romano decía en un editorial que Benedicto XVI era "un apacible pastor" rodeado de "lobos". El cardenal alemán Walter Kasper, en una entrevista con Corrieri de la Sera, se compadecía de él y consideraba que debía estar muy triste "al ver cómo intentan destruir lo que ha edificado".


El Colegio Cardenalicio, tras la nominación de 22 nuevos cardenales en febrero del pasado año, queda formado en la actualidad por 213 miembros de los que 125 son menores de ochenta años y tienen posibilidades de elección. A los latinoamericanos nos parece que el Pontífice renunciante perdió la ocasión de universalizar este club tan exclusivo al colocar el birrete en solo una cabeza de la región con mayor número de católicos del mundo.


Ha resultado un error que se ha repetido porque en noviembre del 2010, en el anterior consistorio, de 24 cardenales, tan solo dos latinoamericanos resultaron purpurados.


El cónclave deberá celebrarse algún día del mes de marzo y suenan como posibles, según los vaticanistas, el italiano Angelo Scola (lo que recuperaría el trono para Italia después de dos períodos de abstinencia), el canadiense Marc Ouellet y el austríaco Christoph Schönborn. Pero las quinielas siguen abiertas.

Enlazar con: http://lasnoticiasdemirta.blogspot.com.es/2012/02/vaticano-enfrentarse-las-victimas.html
http://lasnoticiasdemirta.blogspot.com.es/2012/02/vaticano-la-iglesia-pagara-mas.html
http://lasnoticiasdemirta.blogspot.com.es/2012/03/benedicto-xvi-cuba-y-el-mundo-necesitan.html

viernes, 31 de agosto de 2012

Los Vaticanleaks




Por Mirta Balea




El Vaticano parece una perfección equivocadamente deshonrada, un sendero mágico de cuento de hadas, un paisaje digno de servir para la ilustración de un libro. A medida que se avanza en su historia, el paisaje riela y se difumina por una barrera de ramas y troncos retorcidos como cuerdas.




La religión que lo justifica y los creyentes que lo sostienen y deberían haberse levantado hace tiempo y enviado un viento, que rugiera por el bosque retorcido, no mueven ni una rama del árbol de San Pedro y el hogar de los papas del cristianismo sigue simulando estar ordenado en su excelencia, con sus obras de arte y su riqueza, sentado sobre espíritus afines. Es como una matriarca de tragedia griega.



La fuga de papeles secretos, extraídos de los propios archivos del pontífice, que ha venido teniendo lugar desde febrero de este año, ha sido como el goteo de un grifo y ha desvelado corrupción en las jerarquías católicas y hasta un complot para asesinar al mismísimo Benedicto XVI.




La "garganta profunda" de esta trama, el mayordomo personal de Joseph Ratzinger, Paolo Gabriele, está desde mayo bajo custodia. El tiempo transcurrido entre la filtración y el arresto del que la prensa italiana llama El Cuervo ha servido para exponer a la luz pública un nuevo giro de esa historia fermentada durante siglos: la lucha inextinguible de los cardenales por llevar la tiara, que, en lenguaje mundano, se traduce como la lucha por el poder.




La gran corona ciñe la cabeza de un anciano de 85 años a quien se le vaticinó solo una afeitada más cuando fue elegido en el 2005. L'Osservatore Romano le ha llamado "el pastor rodeado de lobos" y él mismo, cuando logró hacerse con la corona,  clamó que la iglesia era "una viña devastada por jabalíes".




De cumplirse el objetivo del complot dentro de la Curia, Benedicto XVI NO resultaría ser el primer Papa al que le sobrevendría la muerte de una manera nada natural, aun cuando oficiamente el Vaticano jamás haya admitido este supuesto. Tal posibilidad ha trascendido como un desinfectante documental y la prensa ya le ha puesto nombre: los Vaticanleaks.





Gabriele ha sido una de las personas laicas más cercanas al Papa y que residía en sus aposentos como parte de lo que se identifica como la familia pontificia. Con anterioridad había servido -se dice que con lealtad- a Juan Pablo II. Esta vez parece haber pisado el cable rojo y derribado a su paso todo un teatro de cartón piedra, en el que, como en el caso de los sacerdotes pederastas que aún se proyecta como un tsunami sobre la iglesia católica, han prevalecido los mudos a la Harpo Marx.







Gabriele junto a Benedicto XVI





Algunos dirían que este mayordomo cincuentón tiene el aspecto byroniano a lo rústico, con una media sonrisa de dentadura muy blanca y regular; otros, que podría pasar por el intérprete de un matón en un filme de mafiosos, del tipo que tanto atrae a algunas mujeres.




Desde el 2006, había estado encargado de vestir al Papa, de servirle el desayuno y administrarle sus medicinas. Ahora que el juez Piero Bonet ha ordenado su procesamiento, se enfrentará, junto a un supuesto cómplice, a cargos de robo de correspondencia a un jefe de Estado, un equivalente a atentar contra la seguridad de éste. El segundo en esta ecuación es el informático programador Claudio Sciarpelletti, empleado en la Secretaría de Estado de la Santa Sede, el dicasterio más antiguo, predio del Cardenal Tarcisio Bertone, que dirige las políticas y la diplomacia del pequeño Estado y de la Santa Sede.





Ratzinger habría contado con él y con otros 76 cardenales para salir elegido Papa con dos tercios de las papeletas del cónclave de 115 electores tras cuatro votaciones. La trayectoria, del que desde hacía 24 años había llevado el dicasterio de la Doctrina de la FE y había sido un estrecho y leal colaborador, aunque angustiado, de Juan Pablo II, garantizaba la continuidad de la política de Karol Woytila. Nadie puede olvidar que la línea conservadora es la más arraigada entre los purpurados.





 En las cartas y documentos secretos difundidos por la prensa italiana, Bertone aparece, sin embargo, como un hombre ambicioso y todopoderoso, cada vez más alejado de Benedicto XVI, y que hace y deshace a su antojo.





El Papa ha sido siempre inflexible en cuanto a los cánones de la fe y partidario de barrer  la suciedad dentro de la Iglesia de Roma. Ha mostrado su rechazo a lo que llama dictadura del relativismo,  a las ideas comunistas, a las liberales, al libertinaje, al individualismo radical, al ateismo y a la vaguedad en el misticismo religioso.





Una retahila política que no solo le ha agenciado amigos, sino, también, enemigos. Para algunos vaticanólogos, Gabriele no sería más que una cabeza de turco de una conspiración de mayor escala, aún por desvelar. A nadie parecería extraño que apareciera muerto en su celda, antes de que se le realizara el juicio.





Un escándalo de similares proporciones habría ocurrido en fecha tan temprana como 2008, cuando el periodista italiano Gianlugi Nuzzi obtuvo unos 4 mil documentos sobre las finanzas vaticanas y el tinglado montado por el Instituto de Obras Religiosas o IOR, de corruptelas, componendas con la mafia y dinero destinado a causas humanitarias que nunca se realizaron. El Banco, que justifica su existencia por la necesidad de administrar los activos destinados a obras religiosas o de beneficencia, se ha visto envuelto en constantes escándalos y misterios sin resolver desde su fundación en 1942 por el papa Pío XII .





El libro de Nuzzi, Vaticano S.A., desveló nombres importantes dentro de la Curia implicados en asociaciones fantasmas contra la leucemia o ayuda a los niños pobres, que no eran más que una tapadera especulativa de operaciones financieras, respladadas por prelados cuyo objetivo era fundar un nuevo partido de centro en Italia, al estilo de la otrora Democracia Cristiana.





Cardenal Tarcisio Bertone



La "garganta profunda" entonces era nada menos que monseñor Renato Dardozzi, una de las figuras más relevantes de la Iglesia Católica y que había gestionado las finanzas de la Santa Sede desde 1974 hasta su muerte a finales de 1990. En esta última etapa, su actividad había estado ligada a Juan Pablo II, que tenía conocimientos e intento tapar en diversas ocasiones las irregularidades del IOR.





Lo que ocurrió después fue un lavado de cara, un aparente movimiento telúrico en la basílica de San Pedro, que provocó el relevo al frente del IOR, de Angelo Caloia. Este había relevado a su vez, en 1989, a otros personaje polémico, el cardenal Paul Casimir Marcinkus, quien tuvo que dimitir para evitar el descrédito de la Santa Sede, tocada ya por el escándalo del banco Ambrosiano.





Otra secuela fue el compromiso del Vatricano con la Unión Europea, firmado en 2010, de acatar las normas del blanqueo de dinero en vigor y la eliminación del cargo de prelado en el equipo de gobernanza del IOR, único intermediario entre laicos y cardenales. Una orden dada personalmente por Bertone.





A Caloia lo sustituyó al mando de la caja fuerte del Pontífice, el número úno del banco español Santander Consumer en Italia, Ettore Giotti Tedeschi, cercano al Opus Dei. El nuevo presidente del Consejo de Superintendencia del IOR, tiene un amplio curriculo de fidelidad y alianza con Bertone, a quien Nuzzi señala en su libro como el promotor de las decisiones más significativas de Benedicto XVI.





En la época de las filtraciones este año, el IOR anunció la destitución de Tedeschi por irregularidades en su gestión. La explicación oficial achacaba al economista “no haber desarrollado funciones de primera importancia para su cargo”.




La Banca del Vaticano está siendo sometida desde el pasado mes de septiembre a una investigación judicial por supuesta violación de las normas contra el blanqueo de capitales, algo contra lo que se había comprometido en el acuerdo con la UE.. Además de al presidente del Banco Vaticano, la fiscalía investiga al director general Paolo Cipriani.





En cuanto a que en el Vaticano pueda conspirarse para eliminar al propio Papa o a cualquier otro personaje, que resultara molesto, hay que recordar el largo catálogo en esa dirección y que es de manejo público. Juan Pablo II, durante su pontificado, tuvo que rehabilitar la reputación de la Santa Sede en al menos tres muertes misteriosas.





La de Albino Luciani, el papa que duró 33 días, o la de Michel Sindona, de la Banca Privada Italiana, envenenado en la cárcel con cianuro en una taza de té, y el homicidio nunca aclarado de Roberto Calvi, del Banco Ambrosiano, colgado del puente de los Frailes Negros, en Londres.





Ratzinger se enfrenta a algo más peliagudo que el análisis exigido sobre el tema Galileo por Juan Pablo II para liberarlo del anatema secular de traidor a la iglesia o la entrada en vigor de un Nuevo Derecho Canónigo en el que quedó abrogada la norma por la que los masones resultaban excomulgados, todo esto muy a su propio pesar como Prefecto de la Congregación de la Doctrina de la FE, el cargo que ocupaba entonces.





Al llegar al trono de San Pedro, Benedicto XVI se dió a la tarea de depurar con discreción los cargos que controlaban las finanzas vaticanas en la era de Karol Woytila. Fue el momento en que el periódico italiano Milano Finanza calificó la operación de "Ratzi-banker", porque tuvo como resultado el ascenso a ese poder de religiosos y laicos afines al nuevo Papa.





La Iglesia de Roma, desde hace algunos años, ha entrado en una crisis de valores tras haberse organizado durante siglos alrededor de la infalibilidad del Papa, de la confianza interpesonal de fieles y sacerdotes y la solidez de la propia institución religiosa. Prescindiendo de términos sobrenaturales como salvación y condena, el mal que destilan los muros de la basílica de San Pedro se ha vuelto poroso y resulta difícil de identificar, sobre todo para aquellos creyentes que son capaces de creer en la virginidad de María.





Desconocemos si estos monseñores, que pasan por santurrones, como venía ocurriendo con los curas pedeerastas hasta que fueron descubiertos, se hacen y crecen por condicionantes sociales. Es una disyuntiva que seguirá tercamente presentánsole al papa Benedicto XVI con cada nueva controversia sobre la débil moral de los aparentemente inocuos pastores de su iglesia.

Enlazar con: http://lasnoticiasdemirta.blogspot.com.es/2011/09/vaticano-pecados-y-secretos.html
http://lasnoticiasdemirta.blogspot.com.es/2011/08/el-papa-benedicto-xvi-la-suprema-voz.html

jueves, 16 de febrero de 2012

Vaticano: enfrentar a las víctimas

Por Mirta Balea


Bajo la bien cuidada piedra de la Iglesia de Roma, se abrieron grietas durante decenas de años, con la complicidad de sus prelados, como ha quedado probado en el simposio sobre pederastía organizado por el Vaticano en la Universidad Gregoriana, al que han asistido superiores generales de 30 órdenes y delegados de 110 conferencias episcopales, en el mayor mea culpa del que se tenga noticias en la institución con 20 siglos de antigüedad.




La Iglesia ha venido poniendo en marcha una serie de cambios desde el 2009, que han tenido que ver con años de corrupción y comisiones ilegales, que pasaron por las cámaras acorazadas de los cardenales. Ahora le toca a la pederastía, ese fenómeno larvado, que ha contaminado los cimientos de la Basílica, acostumbrada a desactivar auténticas bombas financieras, tapar escándalos, alejar a prelados sin escrúpulos con tan solo un escaño de diferencia con el Papa y a llevar negocios en la más absoluta discreción, protegiendo el delicado equilibrio de esta teocracia con el dinero.




Cuando Benedicto XVI emitió la encíclica Caritas in Veritate, enfrentaba un catálogo de corrupción en las finanzas de la corte papal. La relación de la Iglesia con el dinero había sido siempre contradictoria, conflictiva, incierta, con raices profundas en escándalos y decisiones del pasado. La historia se ha repetido con la pederastia por la falta de atención sobre lo ocurrido más allá de la columnata de San Pedro, confiando en que el silencio preservaría la relación de confianza de los feligreses y actuaría como control de daños.




Hay 4.000 casos registrados en la Santa Sede, pero se han reportado decenas de miles, sobre todo en Estados Unidos y Europa. Todo el tiempo se  ha guardado silencio tras los muros protegidos por los uniformes azul cobalto de la guardia suiza,`pasando por alto los actos criminales de abusos sexuales seriales, estupro y toda clase de delitos, en el más perfecto atentado de un colectivo a la libertad e integridad de sus leales seguidores, en su mayoría menores desprotegidos hasta por sus propios y creyentes padres.




Hay balas que a veces llegan a realizar una trayectoria tortuosa hasta alcanzar su objetivo final y es lo que ha ocurrido con esta mecánica perversa de la que no quedan absueltas siquiera las máximas autoridades de la iglesia católica. Aun cuando no sean autoras directas de estos crímenes, gozan merecidamente de prueba y mérito para ser investigadas por haber incurrido, con toda probabilidad, en responsabilidad penal de encubrimiento y complicidad.




El Vaticano había ordenado a los obispos, en época tan temprana como 1962, cuando comenzó a hacerse patente lo que estaba ocurriendo, que ocultaran los abusos sexuales, en un documento firmado por el papa Juan XXIII, en el que se amenazaba con la excomunión a quien hablara del tema. Tras su muerte se registró un desplome de las donaciones de los feligreses y todos pensaron que sería por el aura de santidad que siempre había rodeado a este personaje al que parecía echarse en falta. Pero, quizás, no fuera así.




Los sabios de Roma y su jefe máximo, el Papa, quien solo tiene que dar cuenta a Dios de sus decisiones infalibles, requerían que, de una vez, se hiciera la luz y se sacara a las víctimas de la profundidad de la fosa sacramental. La primera en clamar justicia ante los participantes en el simposio ha sido Marie Collins, irlandesa, de 65 años, que cuando tenía 13, enferma y sola en un hospital, fue agredida sexualmente por un capellán.




"Las mismas manos que abusaban de mí, me daban la comunión", expresó con emoción, anteponiendo su calvario a cualquier consideración hacia las autoridades que han marcado su fé y habían protegido al pederasta y para mayor infamia pretendían cargarla con la culpa. Las revelaciones sobre los reiterados abusos a menores por los miembros del clero han hecho perder a la institución en Irlanda un buen número de leales y mucho dinero en indeminizaciones.




Otro tanto ha ocurrido en Estados Unidos, donde comenzó a desvelarse todo el tinglado, y que pasó luego el testigo a Europa. La archidiócesis de Filadelfia ha admitido la culpa antes de la imputación de 21 sacerdotes, que agredieron a niños en escuelas y parroquias. Los arzobispados de Boston y Chicago se han visto también en gran medida afectados por los escándalos.




En Holanda, más de 20.000 víctimas desde 1945; Irlanda, más de 25.000 entre los más desfavorecidos; en Alemania, donde nacio el actual Papa, los niños del coro de Ratisbona sufrían acoso de forma sistemática. Una realidad mundial en la que la ruptura del silencio en el simposio Hacia la curación y la renovación se presenta como un primer paso, pero, ni mucho menos, el único o el último.




El prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF), William Lavada, habría emitido un documento el 3 de mayo del pasado año con el fin de establecer las prioridades, derechos y garantías de las víctimas de la plaga de la pederastía, como la ha calificado el portavoz de la Santa Sede, Federico Lombardi, tanto como de los clérigos sospechosos o acusados de esos delitos.




En ese documento, siguiendo la línea marcada por el papa Benedicto XVI, se recordaba que los abusos sexuales "no son solo un delito canónico, sino un crimen perseguido por las autoridades civiles" y exhortaba a cooperar con éstas en el ámbito de las respectivas competencias. El máximo representante de Dios en la tierra se empleó a fondo en sus viajes de los últimos meses en reunirse con las víctimas de la ignominia para consolarlas y prometerles justicia. A dondequiera que iba, le perseguía el fantasma.




No hay dudas que los escándalos de pederastia han dañado la imagen de la iglesia y del sistema educativo católico, por esa razón el documento vaticano pedía una mejor formación de los futuros curas y religiosos y un intercambio de información entre los obispos sobre los candidatos al sacerdocio.




Aquí cobra especial relevancia que los responsables directos o indirectos son hombres de fe, guias espirituales para millones de personas, que han manifestado o han permitido un nivel de perversión y de impostura  que están muy lejos de poder considerarse hechos aislados. Durante decenas de años, han marcado una pauta, dejando al desnudo una red organizada al interior de la propia iglesia católica, que podría calificarse de mecánica cultural.




En el abuso sexual, lo cometa quien lo cometa y contra quienquiera que se realice, se da el factor del estatuto de superioridad del agresor y su vínculo de confianza previa con la víctima y el patrón de conducta en la selección de ésta. Se busca a la más vulnerable para someterla y obligarla a guardar silencio, un modus operandi para no ser descubierto. Y estos supuestos han estado presentes en los sacerdotes pederastas.




El Vaticano había decidido ignorar la verdad. Se requiere un valor insensato para enfrentarla, pero siempre aclara las cosas, aun cuando tanta diafanidad duela. Muchos creen que las víctimas son sensatas y perdonan, pero la mayoría clama venganza y está airada y es que a veces no eliges tu infierno, la zonas oscuras marchan sobre tí, aunque no quieras.




Las víctimas, menores al fin, han mudado las influencias en desánimo; la felicidad o la confianza en desamparo. Algunos poderes son a veces estériles y falsos, aunque los tengamos por inmutables y ciertos. Voltaire dijo que Dios hizo al hombre a su imagen, pero éste se lo ha devuelto con creces.




Monseñor Charles Scicluna, promotor de la justicia en la CDF, considera "inaceptable" que los obispos no hayan tomado medidas contra los abusadores y es difícil no estar de acuerdo con esto, pero cualquier castigo contra ellos correspondía al propio papa, según los cánones. No habrá ya segundas oportunidades. La redención, cualquier redención, pide un cambio de corazón, no de cuerpo. Hasta ahora los culpables permanecían a buen recaudo, ha llegado, sin embargo, el momento de pagar.


Es hora de releer también las novelas de Dickens, en las que los malos reciben su merecido, los niños salvan a mujeres hermosas y se respira el poder de la piedad.

Enlazar con: http://lasnoticiasdemirta.blogspot.com/2011/10/aporte-gratuito-sobre-el-bien-y-el-mal.html
http://lasnoticiasdemirta.blogspot.com/2011/09/benedicto-xvi-regreso-la-patria-alemana.html
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miércoles, 28 de septiembre de 2011

Benedicto XVI: regreso a la patria alemana

Por Mirta Balea


El papa Benedicto XVI acaba de denunciar en Alemania la "progresiva indiferencia" de Europa ante la religión, teoría de la que había dejado constancia en agosto último cuando sacó a relucir que se debía agradecer al cristianismo la afirmación de la autonomía de los campos espiritual y temporal y la apertura al principio de la libertad de conciencia.

Ha culpado del daño a la Iglesia a los "cristianos tibios"  a los que calificó de "rutinarios", en un encuentro en el Konzerthaus de Friburgo con católicos comprometidos con la sociedad en la que la Iglesia "debe ser en cierta medida desmundanizada".

La prensa ha señalado que su llamado a la Iglesia a "desnudarse" de sus lazos materiales y políticos para volcarse en la fe y en los pobres anuncia una "profunda reforma" basada en la misión apostólica que Jesucristo encomendó a sus discípulos.

El teólogo Jozeph Ratzinger, uno de los peritos protagonistas del Concilio Vaticano II, en 1963, dijo entonces algo muy similar, pero le faltaron arrestos para mantenerse firme en los que predicaba mientras ascendía en el escalafón vaticano.

"El estrangulamiento de los cristianos tuvo su expresión en el siglo XIX y comienzos del XX en los Syllabi de PIO IX y PIO X. Con ellos, la Iglesia condenaba a la cultura y a las ciencias modernas, cerrándoles la puerta. Así, se quitó a sí misma la posibilidad de vivir lo cristiano como actual, por estar apegada al pasado. El Concilio (Vaticano II) trajo consigo la voluntad de cultivar la teología desde la totalidad de las fuentes, de no verlas en el espejo de la interpretación oficial de los últimos cien años. Hasta entonces era costumbre mirar a la Edad Media como el tiempo ideal cristiano. La Edad Moderna, en cambio, se concebía como la gran apóstata", dijo en 1969.


Apostatar es la acción de renunciar a la fe en una religión, cualquiera que sea, pero en el caso de la católica tiene que ver con abominar del bautismo, considerado "indeleble" por los cánones. Hoy es un movimiento social de rechazo a este sacramento y la batalla legal se mueve en la dirección de que se borren los registros, que ante la ley son meros "ficheros".

Hans Küng, otro de los peritos del Concilio Vaticano II ( impulsado por el papa Juan XXIII ) sigue pensando hoy, como cuando lo conocí hace 40 años, que los guardianes de la fe creen que el verdadero cristianismo debe mantenerse en sus orígenes y así es como piensa en la actualidad Ratzinger.

Estos hombres no pueden ser más opuestos. Küng sufre el retiro de su licencia para impartir teología por voluntad de Juan Pablo II desde 1992, una orden que hizo cumplir Ratzinger, nombrado por éste  prefecto de la Congregación para la Doctrina de la FE (CDF) como parte del camino hacia el supremo magisterio, que ostenta en la actualidad.

El suizo Küng ha sido siempre un ferviente creyente, respetuoso de Dios, pero no cree en la Iglesia y ese ha sido su estigma. Su libro Ser cristiano, en la edición que tengo de 1974, lo situó como el teólogo más leído del siglo XX, aunque también como el más odiado por los jerarcas de Roma.

Hans Kung
Ratzinger seguía convencido en 1970 de que la Iglesia necesitaba reformas "radicales". Esta fue la etapa en que, junto a otros clérigos alemanes, reclamó la revisión de la doctrina del celibato y en la que hablaba  que "el primado del Papa no puede entenderse de acuerdo con el modelo de una monarquía absoluta como si el obispo de Roma fuese un monarca sin limitaciones".

El papa Benedicto XVI, en su mocedad, seguía caminos similares a los de Küng, Karl Rahner e Yves Congar, por solo citar tres de las eminencias religiosas del último medio siglo. Todo cambió cuando el conservador polaco, Karol Woytila, resultó coronado Juan Pablo II y lo encumbró en la CDF. Para entonces quedaba atrás el famoso libro del teólogo Ratzinger, El nuevo pueblo de Dios, publicado en español en 1972 y con él sus ideas reivindicativas, que sustítuyó con el más reciente de sus textos Jesús de Nazaret: Desde la entrada en Jerusalén hasta la resurrección".

Fue Küng el primero en decirme que la Iglesia tiene al menos dos falsos basamentos. Uno se refiere a la designación de Pedro como el primer Papa. El obispo de Roma, Silvestre, (luego papa Silvestre I) lo situó históricamente en esa ciudad para demostrar que debía ser la capital del cristianismo, pero ni siquiera el Vaticano tiene pruebas de que esto haya sido así en realidad.

El otro aspecto tiene que ver con el documento del emperador Constantino I el Grande, en el que reconocía al catolicismo como la religión oficial del Imperio romano de Occidente, y que se probó falso en el 440, cuando ya la Iglesia se había hecho poderosa.

En su primer contacto con  autoridades alemanas, Benedicto XVI escuchó al presidente de la República Federal, Christian Wulff, católico practicante, hacer requerimientos vinculados a lo que le han venido exigiendo los fieles en sus viajes como la revisión del celibato, la importancia del sacerdocio femenino y la posibilidad de que los divorciados (entre los que se cuenta el propio jefe de Estado alemán) accedan al Sacramento de la Comunión.

Un asunto espinoso para el papa ha sido hacer frente a los abusos sexuales a menores por clérigos católicos a partir de las denuncias de las víctimas, algo inédito para la jerarquía romana y que es a lo que apuntaba cuando aludió a los cristianos que hacen daño a la Iglesia. Esto ha sido un escándalo que ha alcanzado al domo de la basílica de San Pedro como un "tsunami" incontenible. Dado que imponer el silencio, una vez mas, resultaba imposible a esas alturas, se decidió expresar un vago "mea culpa", muy lejano a una condena moral, por lo que la curia tuvo que seguir braceando para mantenerse a flote.



Alemania a la espera de Benedicto XVI



Estos "pecadillos" de los curas pederastas, como el de otros muchos que tienen hijos y fornican con mujeres, vienen de mucho antes, si vamos al caso, desde la propia constitución de la Iglesia, pero se han estado ocultando con la complicidad de aquellos creyentes leales y armados de la buena voluntad de dar prioridad al interés de mantener una limpia imagen de su Iglesia.

La admisión sincera de los daños infligidos por los sacerdotes a miles de niños y adolescentes en diversos países de Europa y en Estados Unidos, en centros educativos y parroquias, la ha asumido el propio Vicario de Roma, envuelto indirectamente en el escándalo por dejar pasar en sus muchos años de sacerdocio la oportunidad de denunciar estos hechos. Durante sus visitas a Londres y Madrid, dio a conocer que, con independencia de las medidas que pueda adoptar el Vaticano, la acción de la justicia caerá sobre los criminales.

Hasta ese momento, las medidas adoptadas se referían al pago de indeminizaciones millonarias a las víctimas o el simple traslado a otra zona o región del clérigo pecador. Más de 1.000 católicos han renunciado a su fe, en una actitud apóstata, en Austria y Alemania en 2010. Una sangría que no solo afecta al número de fieles y al honor vaticano, sino al su propio bolsillo. Ambos países gravan a cada fiel con un impuesto directo para financiar la sagrada institución.


La patria de Ratzinger es uno de los países más afectados por la pederastía religiosa. Se ha calculado que las arcas vaticanas pagarán 5.000 euros a cada víctima como "compensación". Pero es también la cuna del cisma católico más grande de la historia, ocurrido en el siglo XVI, y que derivó en el protestantismo, conocido también como Iglesia evangélica.

La ruptura sobrevino por las ideas de Martín Lutero y la Reforma en Alemania, cuando se intentaba dar uniformidad religiosa a todo el territorio, en un nuevo paso de la Iglesia de Pedro por extender su poder.

Ratsinger habló en el Konzerthauss de Friburgo, ante miles de files, de celebrar los períodos de secularización que, en su opinión, han hecho que la Iglesia católica se "desnude" de sus fardos tangibles y políticos para abrazar la pobreza terrenal.


El grupo católico Wir sind Kirche (Somos Iglesia) ha dado a conocer que ambas iglesias en Alemania han perdido más adeptos que durante la II Guerra Mundial del pasado siglo cuando mandaba el nacional-socialismo de Adolf Hitler en ese país. El vocero Christian Weisner apunta que es debido "a la falta de transparencia y diálogo por lo que la gente ya no se siente parte de la Iglesia".

Benedicto XVI se ha mostrado muchas veces valiente, sin llegar a ser revolucionario en sus decisiones, como cuando en noviembre del pasado año consideró que el uso del preservativo era moralmente legítimo para evitar el contagio de cualquier enfermedad, aunque insistío que para la Iglesia lo más importante son la abstinencia  y el celibato y, por supuesto, siguió sin admitir la homosexualidad.

La Agencia de las Naciones Unidas para el SIDA consideró esta acción como "un paso significativo y positivo" y el propio secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, se felicitó "por el cambio pragmático y realista de la Iglesia".

El teólogo Ratzinger es de los que asestan un golpe tras otro al yelmo del contrario como si participara de una auténtica lucha de gladiadores y nos tiene habituados a muchos cambios, como cuando bautizó a 21 neonatos en el marco de la Capilla Sixtina a mediados de enero pasado y habló de que el purgatorio es más "un fuego interior que purifica el alma del pecado" que "un lugar físico".

Cuanto más cambia el mundo, Ratzinger aboga por volver a las esencias del catolicismo, a los términos de cielo e infierno, de salvación y condena, dentro de un vadevecum de destinos posibles para quienes se hayan portado mal en vida. Al propio tiempo, tiene que cambiar el discurso oficial  de vez en cuando, presionado por las circunstancias, en cosas como el limbo y el purgatorio,  porque en la era de los avances tecnológicos y de la ciencia términos poco creíbles.

Enlaces: http://lasnoticiasdemirta.blogspot.com/2011/09/vaticano-pecados-y-secretos.html
http://lasnoticiasdemirta.blogspot.com/2011/08/el-papa-benedicto-xvi-la-suprema-voz.html
http://plumasendiaspora.blogspot.com/2010/09/un-papa-en-la-perfida-albion.html
http://plumasendiaspora.blogspot.com/2010/11/la-hoja-de-ruta-del-papa-iglesia-y_09.html
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viernes, 16 de septiembre de 2011

Vaticano: pecados y secretos

Por Mirta Balea


El Vaticano ha prometido cumplir la ley y llevar ante la justicia a los curas pederastas, pero no todos se lo creen, porque abrir esa puerta puede llevar a una habitación de techo bajo con un jergón y una cadena para la cintura y la cárcel para sus pregoneros y el descrédito para la Iglesia de Dios no resultarían aspiraciones pertinentes.

El papa Benedicto XVI reiteró que el peso de la ley recaerá sobre los culpables durante su visita pastoral a España el pasado mes. Hay gente que recuerda, sin embargo, que la Iglesia de Roma, tan pronto recibió reconocimiento estatal del emperador Constantino en el siglo IV, se transformó de perseguida en perseguidora.

Hay una asociación estadounidense de víctimas de sacerdotes pedófilos, bajo las siglas de SNAP, que ha dado el paso de presentar ante la Corte Penal Internacional (CPI) de La Haya una demanda judicial contra el papa y otros jerarcas de la Iglesia católica por “crímenes de lesa humanidad”.

Una asociación, según lo estipulado en las normas del CPI, no puede presentar una demanda sino, en todo caso, un informe. La oficina del fiscal, desde que empezó a funcionar en 2002, ha recibido más de 8.000.

En todo caso, la SNAP no ha tenido en cuenta esta limitación porque considera que es competencia del CPI que la jerarquía vaticana, incluido el papa, haya tolerado y hecho posible el camuflaje sistemático y extenso de violaciones y crímenes sexuales contra niños en todo el mundo.

A Joseph Ratzinger, papa Benedicto XVI, se le hace directamente responsable de los hechos, junto a tres cardenales, entre ellos el estadounidense William Levada, que lo sucedió en el puesto de prefecto de la Congregación para la Doctrina de la FE (CDF), para muchos el Santo Oficio moderno.


Los otros serían el secretario de Estado y segundo en importancia en la Santa Sede, Tarcisio Bertone, y su predecesor en el cargo, Angelo Sodano, ambos italianos.

La membrecía de SNAP integra a hombres y mujeres de Alemania, Estados Unidos, Holanda y Bélgica, los países más afectados por los escándalos de pedofilia de la curia romana, además de Irlanda, cuyo gobierno se ha rebelado contra la actitud displicentes de la Santa Sede.

La espada de Damocles pendía sobre el domo del Vaticano desde la visita a Londres. hace un año, de Benedicto XVI. Los científicos británicos Richard Dawkins y Christopher Hitchens pretendieron usar el momento para que se juzgara a Ratzinger por dar prioridad a la reputación de la institución sobre el bienestar de las víctimas.

Dawkins declaró al Sunday Times que, cuando los sacerdotes fueron descubiertos con los pantalones bajados, el papa intentó tapar el escándalo. En algunos casos se llegó a pagar a las víctimas para que no hablaran, se las indemnizó o se trasladó a los clérigos a otras regiones del planeta en el más absoluto secreto.

El cardenal Bertone
El Vaticano difundió una guía “no oficial” sobre la forma de proceder antes estos delitos o “pecados” sin ver el patrón que la sitúa como una práctica habitual. Solo se proyectaba una promesa y una voluntad de mejorar sobre la marcha. Lo que aún no se ha derogado es el Sacramentorum Santitatis Tutela (SST), es decir, la Defensa de la Santidad del Sacramento, tanto como que todos tienen que callarse en aras del prestigio de la Iglesia.

La SST lleva la firma de Juan Pablo II, pero fue desarrollada e impulsada por Ratzinger, en su condición de prefecto de la CDF, con ayuda de su cuestionado secretario Bertone.

Durante los seis años de papado de Ratzinger, Bertone ha figurado como el promotor de las decisiones más importantes del Vaticano. Le nombraron camarlengo en 1995, con Juan Pablo II, cargo que simultanea con el de secretario de Estado. Solo se conoce un antecedente similar, el del cardenal Jean Marie Villot en 1978, encargado por cierto de atestiguar sobre los fallecimientos de los papas Pablo VI y Juan Pablo I.

Cuando Pablo VI murió el 6 de agosto de 1978 , resultó elegido patriarca de la Iglesia romana Albino Luciani, Juan Pablo I, un hombre de estricto rigor moral. Había tenido roces en el pasado con los banqueros de la Santa Sede envueltos en negocios turbios y se proponía hacer limpieza, como reveló a Villot el día antes de aparecer muerto en sus habitaciones el 18 de septiembre de 1978.

Le sucedió en la silla de Pedro, Karol Woytila, el papa Juan Pablo II, quien recuperó de inmediato la línea de Pablo VI y mantieuvo y defendió a los jerarcas financieros en sus puestos.

La norma enviada a los obispos en 2001 por Juan Pablo II, mediante una carta secreta subtitulada De delicis Gravioribus ( sobre los delitos más graves) , ordenaba a las diócesis a informar a la CDF de las investigaciones sobre las acusaciones de abuso sexual de sus clérigos, fijando un tiempo de prescripción del delito y reafirmando la obligación de mantener el secreto sobre el tema so pena de "excomunión fulminante e irrevocable".

La inmunidad de la que han disfrutado hasta hace muy poco los curas pedófilos no proviene únicamente de esta carta secreta, sino que se remonta a 1922 con la instrucción Crimen Sollecitationes, del pontificado de Pio XI, y reiterada en 1962 por Juan XXIII.

Las cosas para el Vaticano, en lo que va de Milenio, han ido de mal a peor. Los escándalos se han venido sucediendo sin salvoconducto a pesar del control de daños ejercido por el CDF y el papado. Las víctimas no se han sentido en la obligación de callar por la Santa Madre Iglesia.

Benedicto XVI echó balones fuera en una de sus jugadas maestras (no olvidemos que es un teólogo eminente, además de papa) y pidió perdón a las víctimas en Londres cuando observaba cómo el entramado del secreto se venía abajo. En aquel momento, mantenía todavía el castigo dentro de los muros altísimos de las iglesias, pero la idea fue rectificada después, reiterando durante su visita a Madrid que el Vaticano facilitaría la acción de la justicia.

El promotor de justicia de la CDF, Charles J. Scicluna, encargado de los sacerdotes pecadores contra el sexto mandamiento del decálogo (no cometerás actos impuros), ha tenido que admitir la existencia de al menos tres mil casos documentados por el Vaticano en los últimos 50 años. Antes nadie denunciaba por pudor personal o respeto a la Iglesia y la prensa no se ocupaba del tema tan exhaustivamente como lo hace ahora.

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