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viernes, 19 de abril de 2019

Notre Dame o el lenguaje de la tradici{on





Por Mirta Balea

El devastador incendio en la catedral de Notre-Dame, en París, provocó una oleada de twits sobre ayuda para la reconstrucción, que los amantes de lo políticamente correcto han comenzado a criticar porque hay mucha hambruna en el mundo y a nadie parece importarle.

Y tienen razón. En comparación con campañas a favor de las ayudas para niños, refugiados o naciones del Tercer Mundo, que a veces no recaudan todo lo necesario para paliar desgracias, nos enfrentamos con una respuesta global y donaciones multimillonarias para la reconstrucción del emblemático edificio.

Pienso que no será solo por aparecer en las portadas de los periódicos y revistas o para que la hacienda pública se los tenga en cuenta, sino que han pensado en la impresionante obra de arte que la humanidad perdería definitivamente. Hay otras importantes también en territorio francés como la Chartres. Creo que se piensa mas en la simbología dentro de la tradición, presente en la mayoría de tales santuarios edificados durante la Edad Media como si se respondiera a una llamada.

El propio nombre de catedral como iglesia-residencia del obispo se impuso de forma decisiva entre los siglos XII y XIII, período en que se construyeron las mas bellas y majestuosas. El fenómeno -si nos remitimos a la historia- aparece vinculado a grandes cambios en esa época en Europa occidental, entre los más importantes, la explosión demográfica, el desarrollo de los intercambios comerciales y la creciente difusión de la cultura por la dominación cada vez más fuerte de los centros urbanos.

Si la economía feudal se había caracterizado por cerrarse al exterior, las ciudades se abrían al comercio. De manera que a muchos nos parece que la catedral es el símbolo del mundo ciudadano por encima de las grandes abadías, hasta ese momento provistas de enormes terrenos agrícolas, monasterios aislados viviendo en la autarquía a los que las bibliotecas otorgaban la primicia de la vida espiritual, cultural y artística. En ellas se copiaban y conservaban manuscritos antiguos, leídos por solo unos pocos privilegiados.

Hay mucha diferencia entre el uso actual de una catedral y el histórico. En el pasado eran lugares de reunión, tanto para el pueblo como para las corporaciones de artes y oficios, se vendía allí el trigo, el ganado, los tejidos, algo muy similar al Foro de Roma. Era la casa de todos, el centro de la actividad pública. Los proverbios esculpidos en la piedra, la representación del ciclo estacional de los meses, actuaban como enseñanza oral. Hoy siguen reuniendo a las personas, pero solo para la liturgia oficial.

Debo reconocer que no soy una expositora sin más del tema con motivo del incendio. En realidad mi objetivo es hablar de lo que no es visible, pero para mí esencial, que es la tradición como compendio de principios y leyes, una obra de civilización, cuyo lenguaje es el símbolo. Para que nos entendamos. Cualquier fragmento de conocimiento real que tengamos en la civilización occidental deriva de la tradición. Aferrarse a ella es volver a las raíces más profundas de nuestra humanidad. 

L
as catedrales medievales europeas apuntan al asentamiento de la arquitectura gótica y la importancia en esta de los curas trapenses de la Orden del Cister. Ellos decidieron no deshacer lo heredado del románico, primera forma arquitectónica claramente cristiana y europea con la piedra como material principal. A partir del desarrollo urbano antes mencionado, se crea una arquitectura civil, que independiza a las artes plásticas. La continuidad religiosa la vemos en la misma planta de las iglesias de carácter cruciforme con cabecera en el ábside, orientado al este, y el concepto intemporal de la propia obra.

La mayoría de catedrales medievales funden y suceden a los siglos, sabiendo sus constructores y arquitectos que ellos no verían terminada la obra, ni quizás sus propios hijos o nietos. Aquí vemos la audacia de iniciar un desafío técnico -y económico, también- que no se ha planificado cómo finalizar. Uno de los momentos más trágicos para Notre-Dame fueron los deterioros causados a la mole durante la Revolución Francesa.

Las restauraciones radicales comenzaron después del acontecimiento histórico, fundiendo siglos de tradición, que sirvieron para modificar y añadir otras partes como la aguja del cimborrio, devorada por el incendio reciente, junto con la cúpula y que, según testigos, hizo un ruido ensordecedor al caer. Tengamos presente que la catedral no es solo ciencia arquitectónica de los Antiguos y los Modernos, es también un lugar de protección, de reposo, su perfil es el de una montaña, con sus picos representados en los campanarios y las agujas, símbolos escogidos por los albañiles por su relación con lo sagrado.








El pórtico sería la entrada a  esa caverna o gruta natural utilizada por el hombre primitivo como santuario. Los arqueólogos definen a la catedral como lugar prehistórico de culto. Los antiguos las protegían con figuras temibles, monstruos, como aparecen en el arte románico y en el gótico. Entrar a este tipo de santuario es como hacerlo en una zona de peligro si nos guiamos por la percepción de las civilizaciones tribales, aunque es el símbolo de la ciudad celestial tanto como de la cabaña iniciática, arquetipos de gran influencia sobre los hombres. El paso del tiempo los adaptó al nuevo mensaje cristiano, alejado del simbolismo de la montaña y la caverna.

Hay una voluntad en los humanos de reproducir siempre lo que esta presente en la naturaleza y así los lugares sagrados van asociados a los bosques, las rocas, las cavernas y las montañas. Para Mayassis, un arquitecto que dedicó su vida al estudio de los orígenes, el culto al árbol y a la piedra tienen la misma importancia y sincronía en cuanto a la aparición del simbolismo en el Paleolítico. Con el desarrollo de la construcción, la noción de símbolo se perdió y ha prevalecido el estilo sobre el significado de lo que se edifica. 


Los albañiles constructores de las catedrales eran analfabetos, que usaban un modo diferente de comunicación. Dominaban el sistema de formas, proporciones y cifras necesarios a la proyección de sus obras, eran los herederos de un patrimonio de conocimientos exactos y específicos llegados desde una época lejana, toda una fuente de aprendizaje excepcional. Si pensamos en la ruptura que tuvo lugar con lo sagrado a partir del humanismo del siglo XV, podremos entender el valor simbólico de la arquitectura en la Edad Media como la unión de la naturaleza y la intervención humana.

En miniaturas datadas en la Edad Media, se puede ver a Dios como un geómetra aprovisionado de los instrumentos necesarios para diseñar el mundo. De ahí la afirmación de Simons de que el Maestro Albañil o Adam Magister sentía que imitaba al Maestro divino en su trabajo. La conclusión obvia es que la geometría  resultaba en esta época una vía de edificación espiritual.







La palabra gótico es objeto de interpretaciones diversas desde muy antiguo. Yo escogeré la de Fulcanelli, que vio una derivación del argot de los albañiles, cuyo significado en la lengua francesa son la fusión de los términos art y gotique y la sonoridad derivada de argotique. Este lenguaje secreto de los constructores de las catedrales se utilizó para impedir el acceso al conocimiento de los no iniciados. Tras las catedrales, encontraríamos entonces una historia compleja de conocimientos, transmitidos tan solo a aquellos capaces de entender su significado más profundo.

No podríamos aspirar a saber algo del gótico sin conocer que el estilo comenzó a desarrollarse con el empuje que dio a la Orden Cisterciense ( una de las más importantes de la Edad Media) el abad Bernardo de Clairveaux.  Descendiente de los celtas, prestaba más atención a la naturaleza que al estudio de los libros sagrados. A su título de Doctor Mellifluus o maestro en el arte de la palabra, se añadió el de Doctor de la Iglesia. Fue una figura predominante de la época, con la fuerza y autoridad necesarias para imponerse a los obispos y al Papa, intervino a menudo en concilios y fue testigo de los cismas que desgarraron a la Iglesia en ese tiempo, predicó las cruzadas y luchó contra los herejes. Creó también la Orden del Temple, a la que dotó de su propia Regla.



El espacio que ocupa la catedral, escogido por sus constructores con extremo cuidado, constituye uno de los elementos más importantes en su simbolismo. El ábside representa el cielo u Oriente y no solo la dirección del sol naciente, es el lugar en el que se manifestó el hijo de Dios para los cristianos. Las catedrales, sin embargo, miran al sudeste porque para un europeo el nacimiento de Jesús va en esta dirección. En las catedrales prevalece la dirección, como elemento cualitativo del espacio, porque también tiene una influencia física y de energías intrínsecas.


Con las ondas de forma, que dotan al edificio de vida propia, la geometría actúa sobre la naturaleza y las personas. Este fenómeno tiene que ver con el magnetismo natural, presente en algunos lugares, de ahí la importancia de elegir apropiadamente la zona  para edificar una catedral. Esta onda se proyecta sobre el individuo y le puede afectar de manera positiva o negativa o en absoluto, según el caso. Tales monumentos eran construidos precisamente para influir en nosotros como obra civilizadora de los iniciados, que lograron conservar los conocimientos mediante el uso de señales codificadas.


Los artesanos se encontraban periódicamente en ciudades y monasterios en tiempos de devastación y ruina absoluta y cada maestro, luego maestro masón, establecía su propio recorrido. Debido a la libertad del viajero, se empezó a hablar de libres masones o francmasones. La masonería moderna se atribuye la herencia medieval, pero con una forma menos operativa; no utiliza las fórmulas iniciáticas ni construye edificios. Tampoco es probable que los secretos de los albañiles medievales estén mejor guardados.


El paso del cuadrado al círculo, conocido como cuadratura del círculo, que obsesiona sin resultados a especialistas y matemáticos, figura como tema de la mayor importancia para resolver un enigma tecno-geométrico y alcanzar una iluminacion personal que permita entrar en el conocimiento real de las leyes del cosmos. Se dice que los egipcios conocieron bien la cuadratura del círculo y escondieron el secreto en las pirámides, y Leonardo da Vinci hizo otro tanto en el hombre de Vitrubio.


El secreto sigue estando ahí y es milenario, nadie ha hecho pública la manera de resolverlo porque en la época de las catedrales el arte por el arte era desconocido, solo era el símbolo lo importante y debía ser utilitario y activo. Fue Charpentier quien afirmó que en la catedral de Chartres se resolvió el gran problema matemático, pero hay quien porfía que se utilizó simplemente  un sistema de medidas de la época de Francia como el Pie de Rey y la toesa para elaborar el Laberinto.


El maestro albañil construye con todas las reglas y las medidas secretas, obra sobre la materia con los principios de la geometría, produciendo ondas de formas, y como masón se transforma a sí mismo. Las catedrales se edificaron todas en la misma época y para ello se hubo de disponer de mucho dinero, recogido en donativos de ciudadanos y señores, pero no fue suficiente y aquí entraron los templarios, que si querían catedrales las harían, como ha dicho un historiador. 


El uso de la cruz latina en las catedrales góticas proporciona al fiel un recorrido que une la entrada con el ábside, donde se halla el altar mayor, contrario a la cruz griega usada por los bizantinos en sus construcciones. La fachada es la visión sintetizada del significado del templo con un eje vertical reconocible como si se tratara de una montaña. La cúpula sobre la que se erige una cruz forma un triángulo, como la unión entre el cielo y la tierra.


La cúpula es el centro del mundo en el encuentro de la nave y el crucero. La presencia simultánea de ábside y cúpula en la visión de los constructores permite la comunicación con lo divino en todos los sentidos posibles: Dios descienda al hombre por el altar en el ábside y el hombre sube hasta dios por el oculus de la cúpula o puerta solar. Durante el incendio reciente de Notre-Dame, la caída de la aguja sobre el cimborrio resonó con fuerza ensordecedora, según los testigos, y este es el hueco enorme, que a vista de pájaro, queda expuesto como recordatorio de la desgracia acaecida sobre el edificio. 




 
En las construcciones góticas, el nártex o pórtico se convierte en el eje mismo, en el pilar del cielo, símbolo de la escalera de Jacob, el centro de la nave, guardado por monstruosas criaturas, tesoreros de las cavernas en las leyendas medievales y coronado por la torre en aguja del campanario. Y como en el arte gótico se concede mas atención a la progresión en grados y las naves se cubren con la bóveda, en general ojival, las nervaduras resultan la reminiscencia del final del recorrido



Charpentier escribió: El cristianismo primitivo y luego el bizantino y el románico construyeron en tierra la caja de resonancia, la caverna original, utilizando la cúpula y la bóveda de medio punto...estática, pesada, sin tensión, sin propiedad vibratoria alguna. Esto llevo a los abades benedictinos a dotar de música la acción terrenal, naciendo el canto gregoriano... La diferencia entre el románico y el gótico radica en la forma de los arcos y las bóvedas y en las ventanas altas y su vidriería, que a ojos de aquellos albañiles, herederos de un saber ancestral, resultaban el espacio interior de lo divino.


La luz pasa entre las vidrieras, que representan con vivo color imágenes de santos y profetas, símbolos o ilustraciones de la historia sagrada. El abate Bernardo quería proporcionar a sus visitantes la belleza y el atractivo de que carecían los monasterios benedictinos con el fin de atraer a los fieles a aquella obra divina. La Santa Capilla de Notre-Dame era un joyero de luz y color a los lados del crucero. La catedral representó también en el medioevo, y no lo olvidemos, el recinto en que un hombre sencillo sentía que sus derechos eran respetados, se le brindaba asilo y cuidados médicos, en tanto en el exterior se le pisoteaba. 


Se ha dicho que el gótico es un fenómeno de levitación, un arte que se expone a sí mismo. Las bóvedas no pesan sobre los muros debido a su proyección en vertical, estos tienen menos espesor y son las claves para que la estructura no se hunda, y gracias a los arbotantes el peso se anula. El impulso hacia arriba está en consonancia con el encanto profundo del misticismo de los siglos XII y XIII y todo esto se perderá si Notre-Dame no se reconstruye.



domingo, 4 de agosto de 2013

España: la catedral de Burgos

Rosetón de la fachada de la catedral de Burgos






Por Mirta Balea



La catedrales góticas con su simbolismo religioso, esotérico y espiritual fueron concebidas por sus constructores como la forma de acercarse a Dios en el marco de una Edad Media llena de superstición y de fervor religioso y en la que la relación con lo sagrado era diferente a la actual.


En un edificio como éste todo es luz, proporción, orden, medida, armonía, equilibrio de formas y arquitectura. Y aún queda lo más relevante: la suposición de que en ella se encuentra todo el universo, el macrocosmos y el microcosmos; como en el hermetismo "todo lo que es arriba es abajo".


Transcurre el misterio de la unidad original, que no es más que la tradición; una visión global de la realidad como única y por esto la construcción de las catedrales, en importante número durante la Edad Media, se la considera un hito de la civilización occidental, posible solo por el asentamiento en los siglos XII y XIII de la arquitectura gótica.


Los templarios fueron los mayores financiadores de la construcción de estos edificios sagrados y la supervivencia de la tradición estuvo a cargo de los llamados albañiles, masones y rosacruces, entre los que jugaba un importante papel el Maestro.



Los grados jerárquicos de ese gremio, como organización de oficio, provenían de la destreza y eran tres: el compañero, que come junto a sus hermanos; el aprendiz, que desearía hacerlo pero no puede aún; y el maestro, que es quien dispensa el alimento.


Burgos está en posesión de la única catedral de España declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1984, constituida en Monumento Nacional desde 1885 y comparable solo en belleza e importancia con Notre Damme, de Paris, y la de Reims.



Este rango tiene un carácter independiente porque no va unido a un centro histórico urbano, como serían los casos de Salamanca, Santiago de Compostela, Ávila, Córdoba, Toledo o Cuenca, o como parte de otros edificios, según pasa en Sevilla.




La de Burgos ofrece las dos más famosas agujas del gótico español y europeo en su fachada con 79 metros de altura en desafío a la gravedad como casi todo el arte gótico, que parece imbuido de una magia ancestral.


Las espléndidas agujas
Debemos recordar, ante la magnificencia de las catedrales, la capacidad del hombre medieval (con la escasez de medios técnicos) para vencer las dificultades inherentes a la complejidad de los elementos de estos edificios como forma de canalizar su fe y fervor religiosos.


La catedral de Santa María de Burgos, dedicada a la madre de Jesús, inicio su construcción en 1221, sufrió modificaciones a lo largo de los siglos y las últimas obras datan del siglo XVIII.


Pertenece al gótico francés, como las de Paris y Reims, pero incluye en su interior elementos del barroco y del renacimiento español. La diferencia entre el estilo románico, que luego se recuperó por los italianos en el Renacimiento, radica en los arcos y las bóvedas. En Burgos, salvo las puertas de la fachada principal, reformadas en el siglo XVIII en un estilo neoclásico, el resto de la armazón es puro gótico.


L. Charpentier escribió: "El cristianismo primitivo, y después el bizantino y el románico, construyeron en tierra la caja de resonancia, la caverna original, utilizando la cúpula y la bóveda de medio punto, heredada de Roma; pero es estática, pesada, no tiene tensión y no posee propiedad vibratoria alguna. Esto llevó a los abades benedictinos a doblar la acción terrenal, por una parte con la música, lo que nos ha dado el gregoriano, y por otra parte, con esa música visual representada por la armonía geométrica de las proporciones y de las formas monumentales".


La catedral gótica es el resultado de un proceso del monacato cisterciense, en el que juega un rol especial Bernardo de Clairvaux, quien hizo de esta orden una de las más importantes en la Edad Media y fue proclamado santo.



La importancia de este personaje puede verse en la Divina Comedia de Dante Allighieri, quien le otorga la tarea de acompañarlo en los últimos cantos del Paraíso, donde el poeta contempla la Virgen María por quien el abate había demostrado devoción toda su vida.


Una fuente cercana a la catedral
El cimborrio de la catedral de Burgos marca el mismo centro del edificio y bajo este se halla la tumba de Rodrigo Díaz de Vivar (el Cid) y de su esposa Jimena. Pertenece al gótico-plateresco.


Es una bóveda estrellada de plementería calada, de influencia islámica, que se cayó un siglo después y se rehizó al estilo plateresco, al mismo tiempo en que se construían la capilla de los Condestables de Castilla y la cámara funeraria que albergaría después sus cuerpos.



La bóveda gótica hace que la cubierta no pese sobre los muros y se proyecte hacia arriba, permitiendo así que la estructura no se hunda. Los arbotantes, que solo pueden verse desde el exterior,  confieren un empuje vertical. Para muchos, el gótico es la levitación; la gravedad en esta arquitectura queda anulada. La de Burgos es de una belleza y complejidad absolutas. Una estrella octogonal es su punto culminante.

Arbotantes de Nuestra Señora de Paris


Desde fuera se aprecian los desniveles entre la ladera norte y la ladera sur de la catedral de Burgos construida sobre una loma.


La capilla de los Condestables es considerada por los entendidos como una catedral dentro de la principal y pertenece al período isabelino. Es una de las tres más famosas de todo el arte europeo de transición entre el gótico y el principio del renacimiento.



Cimborrio. ´La cúpula octogonal


Los elementos portadores del gótico como los pilares, las bóvedas, los arbotantes, las agujas, permiten disminuir el espesor de los muros de apoyo, algo impensable en el arte precedente. Esto hizo posible abrir las altas ventanas con sus vidrieras, que facilitan el paso de la luz, aportando brillantez al espacio interior.


Como norma general, los rosetones se colocan en la fachada, a la entrada, por encima del pórtico, como ocurre en Burgos. Otras catedrales, también tienen más en sus laterales. La rosa a la que este elemento debe su nombre fue cultivada por primera vez por los persas para sus jardines como fuente de contemplación pura.


Para Fulcanelli, autor del Misterio de las catedrales, los rosetones tienen una correspondencia alquímica, porque la rosa representa la acción del fuego y su duración.


Las gárgolas no son únicamente representaciones grotescas de piedra amenazantes, en principio tenían la funcionalidad de servir de desagüe del agua de lluvia acumulado en los techos de los templos, lo que a la vista de cualquier profano resulta evidente. Otra cosa es que en el gótico todo tenga un valor esotérico.


Los estudiosos de la iconografía medieval consideran que son demonios intentando huir del poder de Dios, trasmitiendo el mensaje de que el mal no puede penetrar en casa del divino, o guardianes con la misión de proteger de los malintencionados del exterior el templo e infundir terror en los pecadores.



Uno de estos estudiosos, que conocí en Francia hace mucho tiempo, asegura que los templarios, al verse perseguidos por la iglesia y siendo expertos en catedrales, decidieron representar en estas figuras a los poderosos: la Iglesia y el Estado.



Había mucho rencor de parte de los caballeros templarios hacia el rey de Francia Felipe el Hermoso, cuyas estratagemas para quedarse con el poder y las riquezas de éstos había logrado sofocar el gran maestre Jacques de Molay.



El monarca había hecho elegir Papa, con el nombre de Clemente  A, a quien fuera arzobispo de Burdeos, y por esto contó con su apoyo para borrar de la faz de la tierra a estos personajes tan singulares y cuya historia no deja nunca de sorprendernos. La operación tuvo lugar un viernes 13 (de septiembre de 1307).

jueves, 12 de julio de 2012

Codice Calixtino o un nuevo robo de arte




Por Mirta Balea



Desde la desaparición del manuscrito conocido como Códice Calixtino de la catedral gallega de Compostela, en julio del pasado año, una docena de agentes de la policía se han venido dedicando en cuerpo y alma al caso con un cúmulo de larguísimos interrogatorios a más de 70 personas y cientos de horas de grabaciones y registros. Las autoridades sabían quien era el autor del robo, un electricista despedido, pero necesitaban echarle el guante no solo a él sino a la obra y así ocurrió la pasada semana.




Erik el belga, uno de los más prolíficos ladrones de arte del siglo XX, ha dicho en más de una ocasiòn que las piezas de arte se sustraen por dinero y por encargo previo. El electricista resentido que se hizo con el Códice, que había estado guardado sin grandes medidas de seguridad externas en una cámara blindada del Archivo de la Catedral, parece haberlo hecho porque guardaba rencor al dean, que le despidio como parte de los recortes a los que se ha visto expuesta esta iglesia.




Hay varios datos turbios en la historia en la que parecen haber participado también la mujer del ladrón, su hijo y la novia de éste. Lo primero que llamó la atención desde el primer momento fue la facilidad con la que el caco entró y salió con el libro. Un dato es que disponía de las llaves para abrir todas las puertas de la basílica y tras el despido a nadie se le ocurrió recuperarlas. Un dato, como mínimo, curioso.




Otro asunto que brinda margen de especulación es que fue encontrado en un trastero, dentro de una caja de cartón, envuelto en bolsas para la basura, lo que parece sugerir algún tipo de intento de protegerlo, aunque desde luego deficientemente. Si partimos del hecho de que el electricista quería vengarse del dean por el despido ¿por qué no se deshizo del libro, sin mas?. Es decir, si me pongo en su lugar, yo habría quemado el objeto para que no quedara prueba alguna del delito, si es que de verdad lo único que me moviera fuera el resentimiento o un odio desmedido a la vista de la importancia del objeto en cuestión.




Encontrado dentro de una caja de carton
El ladrón había puesto precio al libro, el que, según su versión, equivaldría a lo que le debían por servicios prestados: 40.000 euros. La última vez que resultaría tasado se estimaba su valor en 6 millones de euros. ¿Podría ser el caso que este hombre hubiera quedado con alguien en robarlo y este alguien, ante toda la polvareda levantada, desistiera de comprarlo?





 Siempre pensamos que tras un robo de estas características se encuentra la tan emotiva y célebre frase de por amor al arte, aunque el fin lucrativo, siempre prevaleciente, nos despierte de las imágenes forjadas alrededor del ladron de guante blanco. Los expertos en robos de arte afirman que nadie se lleva una obra de envergadura si no tiene ya un comprador, porque después ¿qué haces con ésta? Recordemos el más importante de la historia, la Mona Lisa, el 22 de agosto de 1911, detectado por casualidad cuando un artista del pincel venía a realizar su propia versión del cuadro y vio que faltaba, dando parte a las autoridades del Museo del Louvre, en Paris.




El autor del robo de la obra más conocida de Leonardo Da Vinci carecía de plan, se abstuvo de amenzas previas, y así desapareció sin más con el cuadro, como ocurrió con el Códice Calixtino, una similitud sospechosa, porque hasta hoy nadie sabe exactamente qué movió a Vincenzo Peruggia, carpintero italiano - quien había trabajado en el museo y lo conocía- a sustraer la famosa pintura renacentista e intentar venderla dos años después en Trento. Este robo se enfrentó a la protesta pública por la falta de medidas de seguridad, el director del museo dimitió de inmediato y todo se convirtió en un asunto de Estado.




Como parece ser el caso también del Códice, que fue devuelto a la Catedral, en un acto solemne, por el propio presidente del gobierno Mariano Rajoy. El manuscrito  conocido como Jacobus, es el ejemplar más antiguo y completo de la obra denominada Liber Sancti Iacobi, de la que existen unas 200 copias repartidas por toda Europa: en Barcelona, procedente del monasterio de Ripoll;  Madrid y Salamanca, en España, y en Lisboa, Londres, Pistoia (Italia) y El Vaticano.




Da Vinci: virgen de la rueca o de los husos
De sus cinco tomos, el más conocido y traducido es el último, ya que supone una guía para el peregrino del Camino de Santiago (llamadao Jacobo) en Francia, con vías para llegar hasta la catedral de Compostela, con la ruta, sus pueblos y ciudades, su gente y costumbres, los santuarios que deben visitarse y cómo debe tratarse al peregrino.




El Consejo de Patrimonio Histórico ha informado que, cada año, tienen lugar entre 200 y 250 robos de objetos del Patrimonio Artístico Nacional en España. La Policía Nacional y Local o el Grupo de Patrimonio Histórico de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil investigan estos delitos, pero han precisado que solo logran recuperar un 15% de las piezas robadas.





Del total de sustracciones, un 30% tiene lugar en iglesias o sitios sagrados y la mayoría se perpetra en domicilios o colecciones particulares, en lo que, según los expertos, resulta una práctica habitual, muy difundida.




Erik el Belga fue acusado en 1981 de robar el cuadro Encuentro de Cristo con los discípulos de Emaús,  pintado por El Greco. La pintura se hallaba custodiada por el Museo Balaguer, en Cataluña. Resultó recuperada en 1987, después de haber dormido durante 18 meses en un sótano de una comisaría británica.





Lejos del romanticismo que aporta la imagen de alguien robando una obra de arte por el solo placer de hacerlo, para contemplar en silencio a solas la belleza tantas veces vista en el museo y que ahora-por obra de su habilidad particular- es toda suya, tenemos lo que la policía ha definido ya como puro interés material. Y con esto no hay por qué considerar que el criminal no conoce el arte, porque se necesitan conocimientos para saber exactamente qué robar.





Algunas de las obras más buscadas por la policía a nivel internacional están firmadas por los más prestigiosos pintores: Picasso, Matisse, Rembrant, Velázquez, Van Gogh, Cézanne o Sorolla. El robo tal vez más espectacular tuvo lugar en el Museo Gardner de Bostón, de donde fueron sustraidas obras de Rembrant, Manet y Degas, incluyendo el rarísimo El concierto, de Vermeer. Se ha calculado el botín en 300 millones de dólares, una valoración que, según los investigadores, siempre es difícil de hacer por la fluctuación del mercado oficial y negro.




El Grito, de E. Munch
El Grito, de E. Munch, ha sido robado y recuperado dos veces, en tanto´la obra de Da Vinci  ha debido enfrentar, aparte del robo de la Mona Lisa, el de la Virgen de los Husos o de la Rueca. Fue robada en 2004 a sus propietarios y recuperada poco después en el despacho de una importante firma de abogados de Escocia, cuando varios de sus miembros resultaron detenidos.





El Códice Calixtino recuperado en  Milladoiro, localidad de La Coruña, a pocos kilómetros de Santiago, propició el registro de la vivienda del caco y sus compinches, encontrándose un millón 200 mil euros en efectivo y otros objetos desaparecidos de la basílica compostelana, entre otros, libros religioso como un Libro de las Horas, usado para los rezos, y 8 facsímiles del propio libro.





El ladrón llevaba robando a la Catedral desde hacía 20 años, tanto dinero depositado en el "cepillo" pasado durante las misas hasta las obras mencionadas. La policía había centrado su atención en este sujeto y su entorno tras desechar las sospechas de un coleccionista excéntrico o de un robo por encargo. Uno no puede más que preguntarse ¿por qué demoraron todo un año en atraparlo?





El caco del Códice no guarda similitud con Arsene Goedertier, quien, en su lecho de muerte, confesó haber robado el Políptico de cordero místico, de los hermanos Jan y Hubert van Eyck, obra suprema de la pintura flamenca, custodiada por el museo de la Catedral de Gante. El robo perpetrado en 1934 se centró únicamente en uno de los paneles de menor tamaño en la esquina inferior izquierda de la obra mayor los jueces justos y se pidió un millón de francos belgas de la época. Las autoridades no accedieron a la demanda y así hasta hoy se desconoce el paradero de la pintura. Pero la fama es golosa, y el autor del delito quiso pasar a la posteridad con una confesión in extremis. 





Ni lo uno ni lo otro ocurrirá con el ladrón del Códice Calixitino  por haber confesado sus mezquinas motivaciones, podía haberse inventado algo más sofisticado. Quizás.

Enlazar con: http://lasnoticiasdemirta.blogspot.com.es/2011/07/tras-las-huellas-del-codice-calixtino.html

martes, 12 de julio de 2011

Tras las huellas del Códice Calixtino

El Códice con una miniatura del apóstol Santiago.
Por Mirta Balea

Santiago de Compostela.- Nadie envenenó a un perro; tampoco se sintieron ruidos extraños; la llave se halló colgada en la cerradura; a quienes habitualmente fisgonean les dio por mirar para otro lado. ¡Cuánta razón hay en pensar que a veces ocurre lo inesperado!

Cuanto menos sabes, mayor es el espacio para la imaginación. El ladrón de una obra de arte, catalogada desde 1985 por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, debió haberse dado una ducha al llegar a casa, luego se puso una ropa cómoda y se sentó a contemplar a sus anchas el objeto robado: el Códex Calistinus, constituido por 225 pergaminos de 295 por 214 milímetros de tamaño, que data del siglo XII, en custodia en los archivos de la catedral de Santiago de Compostela, sin que a nadie se le haya ocurrido que era insoslayable asegurarla.

El ladrón se propuso pasar inadvertido y ya puestos a especular, puede que ni siquiera sea un admirador de la joya medieval, sino un simple contratado por cuenta de un tratante de arte o de un ricachón dispuesto a pagar lo que sea por tenerla en su colección privada. Todo indica, hasta el momento, que su figura no quedó registrada por ninguna de las cámaras existentes en cada ángulo del claustro, salvo en la sala de archivos, donde se encontraba expuesto.

El deán José María Díaz se lamenta. Al parecer fue el último en verlo en la sala cuando, días antes del robo, lo mostrara a algún catedrático. Los visitantes curiosos se conforman con observarlo de lejos, bajo el dintel de una puerta, y si algún experto, en razón de su trabajo de investigación, necesita consultarlo, la vigilancia sobre el sujeto es muy estricta o en todo caso se le facilita un facsímil.

Una pena porque creo recordar que a Robert Langdon se le permitió la entrada a los archivos vaticanos, según refiere Dan Brown en Angeles y Demonios. Claro que esta es una obra de ficción, porque todos sabemos que allí no llega nadie que no sea de plena confianza de la Iglesia de Roma.

Los periodistas D. Salgado, M. Pampín y J. Duva aseguran en una crónica publicada por el diario madrileño El País que "NO" era la respuesta más habitual para los organizadores de exposiciones con intenciones de exhibir el Codex Calistinus.

Solo en dos ocasiones (1975 y 1993) fue cedida para dos exposiciones durante dos días, luego resultó reemplazada por una copia. Cuando se hizo pública la desaparición de los pergaminos medievales, Díaz eludió dar nombres de posibles culpables "porque es pecado hacer juicios temerarios", pero, todo indica, que tiene algunas sospechas, que compartirá probablemente con la Brigada de Patrimonio Nacional encargada de las pesquisas.

Esta es una brigada creada especialmente para buscar con lupa cualquier objeto perdido de las importantes colecciones de arte que atesora España. La ministra de Cultura, Angeles González-Sinde tiene plena confianza en ellos. El Correo Galego, editado en la zona de los dolientes, ha recordado el pedigree de que disfrutan. Recuperaron una pieza de la catedral de Oviedo y el Códice de Liébana, hallado en el despacho de un psiquiatra, quien dijo haberlo adquirido en el mercado negro.

Claro que la brigada no existía aún cuando a principios del siglo XX se sustrajo en el mismo Santiago de Compostela la Cruz de Alfonso III, que sigue perdida. Pero esa es otra historia.

Desde un estricto punto de vista crematístico resultaría poco menos que imposible vender este ejemplar único sin que la Policía nacional o la Interpol le echara el guante de inmediato al comprador.

Catedral de Santiago de Compostela
Muchos hemos visto la película "El secreto de Thomas Crown", con una versión moderna a cargo del actor Pierce Brosnan que para nada desdora la más antigua, protagonizada por el carismático Steve McQueen. Este personaje es rico, pero le da por robar las obras de arte que le gustan y he aquí que es perseguido sin descanso por un "cobrador del frac" de los seguros, una mujer, para conferirle morbo a la trama. En el caso del Códice Calixtino, esto último no será posible.

Ninguna agencia de seguros perseguirá al ladrón ni la catedral compostelana cobrará nada por la pérdida, a pesar de los numerosos puntos débiles en la manera de guardarlo de la Iglesia. La Policía llegó a sobrevolar el edificio en busca de un indiscreto hueco en el tejado por el que podría haberse colado el ladrón.

El ex-presidente de la Real Academia Gallega, Xosé Ramón Barreiro, ha dicho que la obra robada no tiene precio, tampoco será posible- en su opinión de experto bibliófilo- que circule libremente por el mercado o vaya a dar a una biblioteca. Su optimismo es loable, porque piensa que al final no será más que una travesura y los pergaminos medievales regresarán a su casa.

El fiscal superior de Galicia, Carlos Varela, en una comparecencia para dar cuenta de los delitos contra el patrimonio cometidos en 2010 en la comunidad, se quejó de la falta de seguridad para custodiar la "mejor versión conservada del Liber Sancti Iacobi. Europa Press ha informado que el núcleo de investigadores lo componen doce especialistas, entre los que figuran los encargados de recopilar pruebas físicas en las escenas de crímenes de Santiago de Compostola y La Coruña.

El Códex Calistinus fue retocado en 1609, luego cayó en la displicencia más absoluta hasta que se decidió restaurarlo en 1966. Cuando en el 1122 llegó a manos de Diego Gelmírez de Compostela, la peregrinación cristiana estaba en su apogeo por el llamado Camino de Santiago, que en la actualidad se inicia en Bayona, Francia, en doce etapas, hasta  España. Hay dos maneras de hacerlo, una por el norte y otra por el sur.


Altar mayor de la catedral con la figura del apóstol
El "boom" publicitario del peregrinaje a Santiago de Compostela tuvo lugar con el descubrimiento del presunto sepulcro del apóstol Santiago de Zebedeo (en arameo: Yaako Bar-Zebdi, y en hebreo: Jacob), conocido en los evangelios como Santiago el Mayor, para diferenciarlo de Santiago de Alfeo, conocido como el Menor. Al camino se le conoce también como ruta Jacobea.

Fue Gelmírez quien ordenó copiar uno de los libros más importantes de la primera mitad del siglo XII, constituido por un conjunto de relatos y que se conocía como Liber Sancti Iacobi. A ese facsímil se le bautizó como Codex Calistinus al albergar en sus primeros dos folios la carta por la que el papa Calixto II confería rango de metropolitana a la catedral de Compostela y a su obispo lo elevaba a arzobispo, todo esto por albergar los presuntos restos del apóstol.

De todos los pergaminos del Códice Calixtino, el más popular, porque servía de guía de viajes a los peregrinos dentro del territorio francés, es el último, obra del monje Aymeric Picaud, quien describía además con todo detalle la basílica, aún en construcción.

La catedral compostela semeja una puesta en escena elegante y suntuosa, sinfónica y geométrica, con una estructura rica, sin despegarse de la brújula ética de la cristiandad. Un inesperado guión con giros argumentales. Prima la emoción al contemplar la majestuosidad de las agujas, los frontones, las vidrieras e impone la solemnidad de las naves y la luz, extendida hasta los rincones más oscuros. Una obra concebida para acercarse a Dios.

Hay que tener en cuenta la mística del hombre del medioevo, que intentaba en cada una de sus obras como ser humano medirse con lo sagrado y entrar en contacto con ello. Las catedrales propiciaban el encuentro. Aquí se cumplía la regla hermética de todo lo que es arriba es abajo y todo lo que es abajo es arriba.

M. Davy, en su libro "Le symbolisme médiéval" habla que el Hombre se ha convertido en el representante tanto del macrocosmos como del microcosmos, un portavoz del misterio de la Creación y de Dios. El uso del término catedral para denominar la iglesia-residencia del obispo aparece recogido desde el siglo VIII, pero se impuso de forma decisiva en los siglos XII y XIII, cuando tuvieron lugar las construcciones de catedrales - las más bellas y suntuosas del mundo- en todas las ciudades europeas.

El santo, mártir y apóstol Santiago aparece mencionado únicamente en el evangelio de Mateo, que cita por sus nombres a los doce apóstoles, señalados como los acompañantes de Jesús el Nazareno. El de Lucas menciona a 72 discípulos, todo un ejército tras el Dómine.

Los evangelios sinópticos, palabra que significa visto de conjunto, aceptados e inducidos por la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, son los de Marcos, Mateo, Lucas y Juan. El  propio Mateo se coloca a sí mismo en las filas del Cristo sin que apenas medie explicación en el escrito, que ha sido datado del año 80. Muchos le asocian con el publicano, que sigue a Jesús, y otros piensan que resulta muy improbable su protagonismo. Vale la contrapartida que es de los evangelios más conocidos y citados.

Santiago aparece también en los Hechos de los Apóstoles, que, aún cuando tiene tal nombre, solo menciona a Pedro, a Juan y a Santiago y hace caso omiso del resto. El protagonista es Pablo de Tarso, organizador y creador de la Iglesia Católica, junto a Pedro. Lucas lo alaba una y otra vez sin descanso convirtiéndolo en el eje central de la trama del libro mencionado.


Martirio de Santiago según Durero

La leyenda de Santiago apóstol,  patrón de los gallegos, mantiene la incógnita sobre su eventual nacimiento en Betsaida, pero sí da por seguro que murió en el año 44 en Jerusalén, provincia entonces de Judea, a  manos de un esbirro del rey Herodes Agripa I. En los Hechos de los Apóstoles, se habla de que fue martirizado y así  ha quedado para la posteridad como uno de los primeros mártires de la cristiandad.

Santiago de Compostela figura en el mapa de Galicia en el centro de provincia de La Coruña y es camino obligado de la ruta Jacobea, que en la Edad Media había facilitado a los reinos de España abrirse  a las corrientes culturales de la época. Un peregrino hoy, como entonces, puede conocer la frase en latín "omnia mea mecum porto", porque, ciertamente, lleva consigo todo lo que necesita.

Cada año, el  25 de julio, se celebra el día de Santiago, pero si cayera en domingo se le declarará Año Santo o Año de Jubileo, según el privilegio concedido por Calixto II en 1112, confirmado en 1179 por el papa Alejandro III.

El murmullo de indignación por la pérdida del Códice Calixtino se escucha en toda España, que espera la pronta recuperación de la obra. La gente necesita entender mínimamente lo ocurrido. La inquietud cultural se calmará cuando sea devuelto y puesto entre rejas el ladrón. Hasta entonces, el único consuelo es festejar su importancia y, en el caso de los creyentes, rezar para que aparezca y no se pierda para siempre en la Historia.