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domingo, 29 de enero de 2017

LAS URGENCIAS BRITANICAS Y MAY EN WASHINGTON



Por Mirta Balea

Reino Unido necesita con urgencia un socio fuerte para sustituir la pérdida -más que probable- del mercado interior europeo, cuando lleve adelante la desconexión con la Unión Europea prevista por el Brexit.

La visita a Washington este viernes de la primera ministra británica Theresa May debería enmarcarse en lo económico y comercial dentro de esta urgencia. Ella ha sido el primer líder mundial en estrechar la mano del presidente Donald Trump tras su investidura.

Los británicos desearían un acuerdo de libre comercio con los norteamericanos, pero solo podrán llevar adelante sus planes si se produce la ruptura con la UE de manera oficial. Dentro de la política comercial de esa asociación de estados, prevalece que cualquier inversión o asunto económico de un estado miembro con otra nación deberá contar con el visto bueno de Bruselas e incluir al resto de países del conglomerado.

El Tribunal Supremo del Reino Unido decretó hace unos días que solo el Parlamento estará facultado para dictaminar la salida, en base al proyecto gubernamental. Es una decisión que no anula el resultado del referendo, pero deja a la Cámara de Westminster la última palabra.

May hizo campaña por quedarse en la UE, pero con la renuncia de David Cameron se hizo cargo de la la jefatura de gobierno y ahora defiende la línea más dura del Brexit. Parece haberse tomado la sentencia del alto tribunal como un mero trámite administrativo. Su plan es invocar el artículo 50 del Tratado de Lisboa como muy tarde a finales de marzo para iniciar el proceso de divorcio.

El ministro designado para esta finalidad David Davis explicó que el gobierno presentará ante el Parlamento bicameral una proposición de ley, encaminada a acreditar los pasos a dar. Todos creen que con una mayoría conservadora se dará luz verde al proceso.

Los últimos movimientos del poder legislativo indican que unos 60 diputados laboristas -que representan alcaldías y distritos favorables a permanecer en la UE- amenazan con opositar a la línea de apoyo al gobierno trazada por su jefe Jeremy Corbin y podrían votar en contra.

 A lo largo de las últimas semanas, la libra ha estado cayendo por la incertidumbre surgida en los mercados con el Brexit, pero si por alguna razón el proceso se viera interrumpido, tendría su oportunidad de recobrarse. Las bolsas muestran también el temor del sector financiero sobre un resultado en las elecciones en Francia, Holanda y Alemania este año que permita a la ultra-derecha entrar en los parlamentos de esas naciones. 

La sentencia del Tribunal Supremo no ha gustado a todos. Los parlamentos autonómicos de Gales, Escocia e Irlanda del Norte desaprueban el punto del texto relativo a que el gobierno central no está obligado a debatir con esas instancias la salida de la UE. Tras el Brexit, los escoceses han estado amenazando con un nuevo referendo de independencia, porque ellos, como los otros, votaron la permanencia.

Si resultara que Westminster creyera que el referendo -que no resulta vinculante en lo jurídico- pudiera perjudicar a los intereses del Reino Unido, la decisión final reservaría alguna sorpresa, sobre todo porque Escocia, Gales e Irlanda del Norte no tienen disposición alguna a tomar el mismo barco que Inglaterra.

Hubo una división inicial en el Partido Conservador de May porque algunos estaban a favor del Brexit y otros en contra. Ahora su gobierno debe firmar la salida y esto ha vuelto a crear tensiones.

Los jóvenes británicos eran en su mayoría partidarios de permanecer en la UE. Tienen claro que más allá de lo que piense Trump, la globalización se proyecta en estar juntos con el resto de países europeos.

Trump no ha dejado de manifestar su simpatía por el Brexit, lo que pone en evidencia lo dicho a los británicos por su antecesor Barack Obama de que un triunfo de la ruptura les llevaría "al final de la fila" para un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos.

La decisión del Reino Unido forma parte de una marea en las grandes potencias en la que una parte de la ciudadanía quiere soluciones fáciles y rápidas a situaciones complejas, derivadas de una crisis económica a escala planetaria como ninguna otra. Esto convierte el voto ciudadano -una consulta democrática y popular- en la forma más directa de entrar en un pantanal, del que luego quieren salir, pero no pueden.

Lo más significativo en el panorama británico es que aparte de la división conservadora, tenemos también la laborista, que luchó contra la desconexión hasta el ultimo aliento y ahora, según su líder Corbin, deben defenderla porque las reglas democráticas así lo dictan. El ambiente es que no puedes ir en contra de lo votado y nadie tiene altura política para defender su propia posición, cueste lo que cueste, y enfrentar a los votantes con lo que en realidad van a perder.

Tras el referendo hubo una recogida de firmas para convocar otra consulta y hay sin dudas un palpable sentimiento de arrepentimiento en mucha gente cuando se le están viendo las orejas al lobo. A May no le ha quedado tampoco otra que plegarse a los planteamientos maximalistas del Brexit porque ha encontrado enfrente a una Europa dura a la hora de negociar la salida.

Los países que seguirán en la UE, ante el hecho consumado del referendo, a lo único que aspiran es a que el Reino Unido haga mutis con todas las consecuencias y no están dispuestos a hacer concesiones.

Durante su visita oficial a Estados Unidos, la primera ministra británica se esforzó por destacar los puntos en común y esquivó - no con mucho apoyo de los suyos - los aspectos que les separan. Trump dijo que la relación de su país con el Reino Unido "es mas fuerte que nunca", en parte por la química personal alcanzada durante las conversaciones.

Los británicos -que hasta ahora han mantenido una cooperación estrecha con Estados Unidos en el quehacer de los servicios secretos- ven de forma crítica el flirteo de Trump con el presidente ruso Vladimir Putin, con quien habló este sábado por teléfono, como también hizo con los líderes de Japón, Australia, Alemania y Francia.

La relación entre el Reino Unido y Rusia está en modo congelación, así que, ante los periodistas, May advirtió a su anfitrión de los peligros de colaborar con el Kremlin. Aseguró también que Londres y Washington "lucharan juntos en la defensa contra el terrorismo" al explicar que "ambas partes" apoyan a la OTAN.

Al parecer, pocos en Washington se toman en serio la valoración de Trump sobre la OTAN como organización obsoleta para los tiempos que corren. Lo dijo en entrevista con el diario Times, realizada por el político conservador Michael Gove, rival de May y defensor del Brexit.


La primera ministra británica prometió a Trump interceder con el resto de miembros de la entente militar para que destinen, como se estableció hace tiempo, un 2% del PIB de cada nación en Defensa, con lo cual quedaría relegada la principal queja del presidente norteamericano de que solo Estados Unidos aporta dinero y los otros nada.

May dio a conocer una invitación de la reina Isabel II al presidente de Estados Unidos para visitar el Reino Unido, pero resultó que en el último momento el anfitrión lanzó una bomba de profundidad. 

Trump reitero que "defiende el uso de la tortura en los interrogatorios a los sospechosos de terrorismo", pero que dejará que su secretario de Defensa, el general James Mattis, decida si se retoma la práctica. Este último ha dicho que no está de acuerdo con tales métodos.

En una entrevista televisiva, el presidente norteamericano declaró que habían funcionado las torturas utilizadas por la Administración de George Busch entre los años 2001 al 2009 contra los enemigos de Estados Unidos. A pesar de varios llamados de miembros del Parlamento británico, incluyendo algunos conservadores, para que denunciara esto como una violación de los derechos humanos, May se abstuvo de hacerlo.

Lo cierto es que ante un tribunal británico, cualquier confesión arrancada por medio de la tortura a un prisionero sospechoso de terrorismo carece de valor legal y esto pone en el tapete la confianza que podrían seguir manteniendo los servicios secretos de ambos países.

May dejó claro durante su vista que está en desacuerdo con la política migratoria de Trump y aseguró que si afecta a algún ciudadano británico, el gobierno de Londres intervendrá como estado.

Un legislador del partido conservador con ascendencia medio-oriental reveló que bajo las nuevas reglas de Trump, él mismo estaría vetado para entrar en Estados Unidos. El presidente norteamericano había firmado el viernes una orden presidencial para la suspensión de la llegada de más refugiados e impuso estrictos controles a viajeros de Irán, Libia, Somalia, Siria y Yemen, todos países musulmanes, si bien la orden no hace énfasis en la filiación religiosa sino en la procedencia.

El gobierno británico se frota las manos ante la perspectiva de cerrar cuanto antes un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos. May necesita poner negro sobre blanco ante sus conciudadanos algún éxito de los prometidos tras la ruptura con la UE. La economía del reino está muy descompensada y sigue dependiendo de los malabaristas financieros de la City, que podrían huir si ven afectados sus intereses con la salida.

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