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martes, 14 de junio de 2016

España en liza en el debate a 4.





Por Mirta Balea

El esperado debate de los 4 candidatos a presidentes de España transcurrió en un tono bajo, sin enfrentamientos de calado, y el adversario a abatir, el actual jefe de gobierno en funciones, Mariano Rajoy, salió sin rasguños, apenas un arañazo desde el flanco del líder de Ciudadanos, Albert Rivera.

Así que los 120 minutos consumados y consumidos este domingo sirvieron para que la gente comprenda que ninguno de los candidatos está por la labor de dejar de funcionar con piloto automático. 

Esta es una campaña electoral de perfil bajo y el debate hizo honor a esta tendencia, por mucho que la prensa hoy - al menos la que se ha atrevido a dar a conocer encuestas tras el debate- haya dado como ganador a Pablo Iglesias, de Unidos Podemos. La verdad es que ninguno de los candidatos arriesgó más de lo previsible y lo estrictamente necesario. Las pistolas estuvieron enfundadas todo el tiempo.

La estrategia del PSOE va por mal camino si se basa en acusar constantemente a Iglesias de haber coincidido con el PP en el voto negativo a la investidura de Pedro Sánchez durante la pasada y fallida legislatura de solo cuatro meses. La de Unidos Podemos, también, si se empeña en bipolarizar el debate afirmando que solo hay dos salidas posibles: PP y Ciudadanos o ellos y el PSOE, ignorando otras posibilidades.

El argumentario de Iglesias y de otros miembros destacados de Unidos Podemos se ha instalado machaconamente en estos días avisar al líder socialista de que ellos no son su enemigo, que el enemigo es el PP, cuando sediciosamente han estado serruchando el piso de los socialdemócratas en el último año.

El único momento en que Rajoy estuvo contra las cuerdas este domingo fue cuando se entró en el tema de la corrupción, llamado eufemísticamente regeneración democrática por los organizadores del encuentro. Rivera resultó ser el más combativo de los participantes, llevó con brillantez su discurso, en el que desnudó al gobierno del PP de los últimos cuatro años y de paso aprovechó para recordar a Iglesias que su grupo también tiene problemas en este campo.

La fundación CES, de la que Iglesias es fundador y fue miembro, recibió del gobierno de Venezuela siete millones de euros con el objetivo - según un documento publicado aquí- de formar una alianza o un partido en España que defendiera los intereses de la revolución bolivariana. Rivera dijo que puede que esto sea legal, pero es inmoral, porque un partido español no debe financiarse por un gobierno extranjero. Muchos creen que el rápido ascenso en menos de dos años de Podemos viene de esa supuesta financiación.

El encuentro realizado en el Palacio de los Congresos del Recinto Ferial de Madrid discurrió por cuatro temas: economía, empleo, políticas sociales, regeneración democrática y pactos. Iglesias aportó el grupo más nutrido de asesores, entre los que figuran los ocupados en las redes sociales, dedicados a publicitar cuanto paso de su líder.

Iglesias y Pedro Sánchez fueron los únicos candidatos a la presidencia en acercarse a un grupito de empleados de la televisión pública, aparcados a la entrada del Palacio de los Congresos, en protesta por la política gubernamental en el ente. El líder de Unidos Podemos tuvo esta iniciativa -luego secundada por el socialista cuando llegó- haciendo gala de mucho brío y al más puro estilo de los dirigentes occidentales que hacen mucho caso a sus asesores de marketing y sacan rédito de cualquier situación. Lo que Iglesias siempre ha distinguido como "la casta".

El gesto fue tan espontáneo como lo han sido y son los piquetes que en estos días abruman a los viandantes en diversas ciudades de España en las que se acosa a miembros del PSOE y de Ciudadanos en los stands en los que realizan sus campañas locales. Algunos de estos personajes han llevado hasta perros para amedrentar a los rivales políticos de Unidos Podemos, les han gritado fascistas y hasta les han desmontado las mesas.

El debate puede que no haya contribuido a movilizar el voto, pero quizás lo haya afianzado y logrado, a la vez, que una tercera parte de votantes indecisos tomen conciencia de a quien deben dirigir sus preferencias. Desde la Transición, a finales de los 70, no se había dado un índice tan alto.

Los atriles dispuestos para los 4 candidatos sirvieron para evitar los nervios, muy presentes en otro debate similar realizado antes de las elecciones del pasado diciembre (que han debido repetirse). En aquella ocasión, Rivera no sabía qué hacer con sus manos, daba pasitos cortos de un lado a otro y no dejada de alargar la manga de su chaqueta, por solo citar a uno de los participantes, que, por cierto, son los mismos del domingo, excepto Rajoy, que en aquella ocasión envió a pasar el mal trago a la vicepresidenta Soraya Saenz de Santamaría.

Los debates hasta diciembre tenían lugar entre los candidatos del PSOE y el PP y los inauguraron en 1993, respectivamente, Felipe González y José María Aznar. A Rajoy le tocó participar en dos: en 2008, con José Luis Rodríguez Zapatero y, en 2011, con Alfredo Pérez Rubalcaba, lo que le habilita como el más veterano en estas lides.

Su experiencia, sin embargo, nada tuvo que ver en salir airoso de una prueba este domingo en la que debió ser el enemigo a abatir por el resto, que han criticado su políticas de recortes de los últimos 4 años y le han acusado de haber puesto fin al estado de bienestar español y del alto índice de pobreza. Sobre todo porque, aunque ha sido incapaz hasta ahora de entenderlo, no podrá gobernar tenga o no más votos, porque en un sistema parlamentario tiene que tener amigos que le apoyen en la investidura y Rajoy no sabe hacerlos, así que nadie pactará con él.

Todos los candidatos se jugaban mucho en este debate, pero el beneficio neto ha ido a los bolsillos de Rajoy, que ha salido ileso, algo con lo que muy pocos contábamos porque el PP es el partido de la corrupción, está siendo investigado por esto, y ha visto como se ha abierto su piso en Valencia y Madrid.

El presidente del gobierno en funciones sacó un buen rédito en su intervención sobre economía y empleo porque esto le permitió utilizar cifras sobre la buena gestión de su gobierno, un terreno en el que se siente cómodo, llevando al resto a hacer lo mismo, lo que restó emotividad al hecho de que un 93 % de los empleos creados en los últimos años en este país tienen un carácter precario, los sueldos no sobrepasan los 600 euros mensuales, las cotizaciones a la seguridad social son bajas y ponen en peligro el sistema porque los contratos son de media jornada o por horas, y hay 2 millones de personas que rozan los niveles de pobreza.

Si un candidato en una campaña no se expresa en la comunicación no verbal tiene mucho que perder ante sus votantes. Rajoy mantuvo el tipo, con muchos papeles sobre el atril y solo mostró incomodidad tamborileando con los dedos cuando se entró en el terreno de la corrupción y Rivera lo emplazó. Sánchez siguió manteniendo su falta de cercanía y el hábito de sonreír cuando no viene al caso, quizá porque se pone excesivamente nervioso, y aunque reprochó al gobierno sus recortes, se consumió demasiado en echar en cara a Iglesias y a Rajoy que votaran en su contra en la investidura y en recordar a todos los españoles lo que se han perdido por esta razón.

Rivera mantuvo las formas, no se irritó y echó mano de todo elemento que pudo para destacar la mala gestión del PP y de paso le dio una colleja a Iglesias por vender "humo" a los españoles con sus planes de gobernanza para el país. A este último se le vio indignado con el líder de Ciudadanos, en especial, y muy triste cuando el líder socialista parecía olvidar que él no es su enemigo, sino Rajoy. Todo muy estudiado.

Al menos en un par de ocasiones, Sánchez se rió de manera manifiestas ante la suposición de que pudiera pactar una coalición de gobierno con Unidos Podemos, tal vez recordando cuando en la investidura fallida la segunda fuerza era el PSOE e Iglesias voto en contra de Sánchez.


Si las encuestas están en lo cierto, lo que temían los socialistas se dará: Podemos ocupará el espacio del PSOE como segunda fuerza nacional. Esta es la razón de que en estos días se haya dejado entrever por los líderes de la novata formación de que son socialdemócratas, "una socialdemocracia nueva", dicen, e incluso han pretendido que Marx y Engels lo eran, aunque son los autores del Manifiesto Comunista.

Podemos dio un golpe de mano al consolidar una alianza electoral con Izquierda Unida, la verdadera izquierda comunista del país hasta el momento, pero sabe que el votante socialista no entrará por el aro si no se garantiza el mantenimiento de un de centro izquierda democrático, así que quieren que le encasillen ahora en la socialdemocracia. Y es que este grupo político, tan diverso en su interior, que hoy sostiene una cosa y mañana otra, no puede dar a conocer su verdadera cara hasta que no asalte el poder. El portavoz del PSOE, Antonio Hernández, lo definía esta mañana como un lobo con piel de cordero.

Se ha intentado engañar a la gente con la retórica de que estas nuevas elecciones del 26J son una segunda vuelta de las de diciembre y que los candidatos tendrían las manos libres. Los votantes en aquellas fechas tenían claro lo que significaba una coalición, hasta que el PSOE pactó con Ciudadanos para investir a Sánchez, dándole a Podemos la excusa ideal para votar en contra.

No es que el pacto con Ciudadanos resultara intolerable a Podemos como se argumentó en su momento. Es que mucho antes habían decidido no hacerlo por Sánchez, cuando dialogó con Iglesias y su gente con esta posibilidad en mente, pidió que se discutieran políticas no sillones y esto no entraba en los planes de este grupo político, que decidió levantarse de la mesa, sin más, a la espera de que le suplicaran volver. 

En una conferencia de prensa, Iglesias dejó claro que quería ser vicepresidente y tener el control del cni (los espías) y las estadísticas, así como los poderes fácticos implícitos en los ministerios de justicia, interior, defensa, y para nada reclamó los relacionados con las políticas sociales, que tanto defiende. 

Poco después Sánchez firmó un acuerdo de gobernabilidad con Ciudadanos, que encajaba perfectamente con muchas de las tésis de Podemos y dejó claro que era negociable, pero esta formación se agarró de ésto para votar en contra de la investidura del socialista alegando que era una mala copia del PP y lo repitió durante el debate de este domingo, durante el cual no dejó de ningunear a este partido.

Los ciudadanos son conscientes de que en caso de que Unidos Podemos, como dicen las encuestas, se corone como segunda fuerza política nacional, tendrá que contar con PSOE para gobernar y hay que ser muy iluso para suponer que algo así ocurrirá. 

Que Unidos Podemos llegue a ser la segunda formación política de España ha sido posible por la expansión y el desequilibrió que ha traído este grupo de diversas fuerzas al bloque de la izquierda nacional. Iglesias recordó en el debate que su gente gobierna junto al PSOE en varios ayuntamientos y Sanchez respondió que el orden de los factores altera el producto y no es lo mismo hacerlo a nivel local que nacional.

Respecto a los pactos que tendrán que firmar por obligación si alguno quiere gobernar, el asunto no quedó más claro de lo que estaba antes del debate. Unidos Podemos reiteró que su opción de gobierno es con el PSOE, pero habida cuenta que las encuestas lo colocan por delante de éste, en su mente está hacerlo con Iglesias como presidente y repartiendo los sillones a su conveniencia.

Rajoy dijo que si después de las elecciones del 26j "se deja gobernar a la lista mas votada" (que serían ellos) no habrá nuevas elecciones. Tanto como decir que se ve presidente con una amplia alianza en la que no incluye a Unidos Podemos o, sencillamente, votará en contra de cualquier investidura. O él, o nadie.

Ciudadanos, sabedor de que es un partido bisagra, afirma que no será obstáculo para la formación de un gobierno, se entiende que cualquier gobierno. Esto lo ha venido haciendo en ayuntamientos pactando con PSOE o con PP, así que a nadie le asombrara que lo haga también a nivel nacional. 

Sanchez dejó en el limbo lo del pacto, según con quien, aunque no haría ascos a un nuevo acuerdo con Ciudadanos si tenemos la perspicacia de tomar nota de que durante el debate estas formaciones no se echaron paja entre ellas. El PSOE, avance o no Unidos Podemos, es la clave de la gobernabilidad, pero nadie tiene claro ahora mismo si aceptará hacerlo con Iglesias como presidente. Yo apuesto a que no, pero quién puede estar en la mente de un líder. La mayoría actúa a conveniencia inmediata.

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